Del “antes andaban en remera dentro de las casas” que dijo el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, el 18 de mayo, al "si en invierno estás en remera y en patas, es que estás consumiendo energía de más" del presidente Mauricio Macri, el lunes pasado, solo hubo una variable que se mantuvo constante: la ecuación tarifaria para el gas del modelo M no difiere mucho del modelo K.
Es verdad que el crudo y tempranero invierno con temperaturas promedio de entre 4 y 6 grados más bajas no ayudaron a gastar menos. Al contrario, aceleraron el consumo hogareño de sistemas de calefacción. El gas es el insumo más utilizado y, después de la resolución que establece un tope de 400% a las subas, se definen nítidamente tres sectores entre ganadores y perdedores: para los más acomodados, como residencias de barrios pudientes de la Ciudad de Buenos Aires, que pagaban facturas bimestrales de $50, el “tarifazo” las llevará a módicos $200. En cambio, para un usuario de clase media del interior del país que tiene una casa sin lujos para una familia tipo y usa calefón o termotanque y dos o tres estufas, el problema es serio.
Este último grupo abarca a vastas zonas del país que ya venían pagando boletas que sufrieron, en la medición del bimestre julio-septiembre de 2015, subas del 700% en la tarifa (el metro cúbico pasó de costar 22 centavos a $1,60). Este sector ya hizo frente el año pasado –tal como adelantó Letra P- facturas cercanas a los $2.000. Si consumieran lo mismo, hoy tendrían que pagar $10.000, que surgen de la suba del 400% más los $2.000 que gaste, según confirmaron a este medio fuentes de una de las empresas prestatarias del servicio.
Y los premios por consumir menos parecen, hasta ahora, una encerrona para los usuarios, porque se ven obligados a hacerlo año tras año para supuestamente ser premiados, cosa que en la práctica no pasa y, además, no se aplica a la hora de facturar.
Un usuario de la zona del Gran La Plata que redujo su consumo casi un 50% en 2016 contra igual período de 2015 (de 321 m3 a 211 m3) pagó $250 el año pasado. Este año ya tuvo que desembolsar $996,56 en la zona en que el servicio lo brinda Camuzzi Gas Pampeana.
En cambio, un usuario del barrio porteño de Liniers pagó el último bimestre una factura de $50 pesos para un departamento de tres ambientes con calefón, tres estufas y un consumo no muy diferente al de GBA o el interior. Este tipo de usuarios privilegiados –algunos de las zonas más pudientes, como Recoleta o barrio Parque- pagarán un “tarifazo” de $200.
Para los más postergados hay mejoras. Casi un tercio de los hogares que tienen acceso a la red de gas tendrán tarifa social, que reemplaza a un esquema más injusto de subsidios discrecionales que se aplicaba hasta ahora. Incluso se agregó geográficamente a zonas vulnerables, es decir, barrios enteros que pagarán tarifa social más allá de lo que se les facture. También ingresarán aquí personas o grupos familiares con ingresos inferiores a dos salarios mínimos, jubilados, discapacitados y pensionados.
El sistema de ahorro es el más difuso de todo lo anunciado. “El esquema dispuesto por el Gobierno exige un ahorro del 15% o más para tener un descuento en las boletas. La bonificación se aplicará sólo sobre el valor del metro cúbico y no sobre el cargo fijo y los renglones de transporte y distribución, y será del 20% para los que utilizan más de 1.800 metros cúbicos anuales, del 30% para los que usan entre 1.001 y 1.800 y del 50% para los que gastan hasta 1.000 metros cúbicos anuales”, dice la reglamentación. Por el momento, no se cumplió.