El post kirchnerismo

Unidad peronista en juego: intendentes quieren darle el Presupuesto a Vidal

Buscan sostener el preacuerdo con el oficialismo, que les habilita obras y recursos, y limita el endeudamiento. Acreditan número legislativo, pero evalúan el menor daño interno de cara a 2017.

Está la fecha y están los números legislativos. Lo que no está es el acuerdo interno para evitar la ruptura. En las últimas horas, más de 30 intendentes del peronismo se reunieron en la porteña calle Esmeralda, bunker que dio nombre a uno de esos grupos, para ordenar la situación en torno a la discusión del Presupuesto 2017 de la provincia de Buenos Aires.

 

En sintonía con el gobierno bonaerense, se apuntó una nueva fecha de sesión, programada para el próximo miércoles 21. Y se incluyó, entre los temas a tratar, la designación del nuevo Defensor del Pueblo, que quedaría en manos del Grupo Esmeralda, a través de la figura de Guido Lorenzino.

 

El encuentro de los jefes comunales estuvo cruzado por la figura de Florencio Randazzo y su decisión de confrontar con el gobierno provincial.

 

Esta semana, el ex ministro del Interior irrumpió en la escena bonaerense y, tras comandar una cumbre con todos los sectores internos del PJ y el FpV, ordenó ir por la vicepresidencia de la Cámara baja.

 

La jugada del ex funcionario era por demás arriesgada, ya que comprendía de forma obligada la unidad del peronismo y el kirchnerismo.

 

Como anticipo, Randazzo había activado la paz con el camporismo, sector al que tiempo atrás había denostado, enojado por su exclusión electoral en la contienda presidencial de 2015.

 

Pero esta situación, que buscaba proyectar un frente electoral unificado, con la figura de Randazzo como conductor, chocó contra los intereses y las urgencias de la mayoría de los jefes comunales.

 

Sucede que los intendentes, particularmente del Grupo Esmeralda, conformado por Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Gabriel Katopodis (San Martín), Eduardo Bucca (Bolívar), Juan Pablo De Jesús (La Costa) y Martín Cascallares (Almirante Brown), entre otros, apostaban al pre acuerdo que habían ordenado con la administración que conduce la gobernadora María Eugenia Vidal.

 

La distribución de obras públicas, la expansión de recursos y la posibilidad de bajar el endeudamiento eran parte de lo pautado.

 

La idea de romper este esquema no parecía el mejor plan para los alcaldes opositores, que miran con preocupación el desarrollo del panorama económico y político de 2017.

 

A esto se sumaba el viejo enojo y la fricción constante que sostenían con los dirigentes y legisladores del camporismo. En sintonía con ellos, los representantes del Movimiento Evita, que suman barrios en el conurbano y bancas en la Cámara baja, también avalaban la idea de sintonizar con el Ejecutivo.

 

Pero el problema de fondo, que toca a los intendentes, al kirchnerismo y a Randazzo, es cómo lograr resolver esta situación sin deteriorar el futuro armado de 2017.

 

Es decir, cómo aprobar el Presupuesto sin que genere la ruptura del PJ y el FpV. 

 

La arriesgada jugada de Randazzo podría entonces caer por su peso frente a las “necesidades” de gestión y electorales de los jefes comunales.

 

Los intendentes saben que cuentan con los números legislativos para darle a Vidal las herramientas que pide. Pero no suman el total de bancas de los tres bloques políticos en los que se divide el FpV y el peronismo respectivamente en ambas cámaras.

 

Fuentes del Ejecutivo confiaron a Letra P su convencimiento de que el próximo 21 el Presupuesto, con endeudamiento incluido, será aprobado gracias al acuerdo que gestaron con los jefes comunales y el Evita.

 

Un acuerdo que se esperaba concretar esta semana, pero que fue alterado por la audaz maniobra de Randazzo.

 

Victoria Villarruel y Javier Milei.
Claudio Vidal, gobernador de Santa Cruz. 

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