SEGUNDO SEMESTRE

El mito de los “brotes verdes” en la industria: sigue el parate en las fábricas

Hay rubros estrangulados por la caída del consumo y la crisis brasileña. Cerró una textil emblema. En calzado, cupos para moderar la importación. Vendieron 20 millones de pares menos que en 2015.

Cuando hace unos días, en un encuentro con funcionarios del Gobierno, el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Adrián Kauffman Brea, se puso al frente de expectativas positivas para la producción en 2017, varios lo miraron con desconfianza. Los que conocen el paño aseguran que los hombres de las fábricas manejan hoy un doble estándar: una versión de la realidad contada en público y otra pintura más opaca en reuniones privadas y charlas informales. La primera tiene que ver con sectores que consideran que hay que darle tiempo a Cambiemos y que salir ya al cruce fuerte perjudica más de lo que favorece. Además, el Ejecutivo y los sectores corporativos tienen batallas conjuntas que librar, la última de ellas, la negociación por el monto y la extensión del bono de fin de año.

 

 

En el empresariado, inclusive, ya creen que es menos grave para la actividad el ingreso de importados que la baja en el consumo. Es el caso de la industria del calzado. El presidente de la cámara sectorial, Alberto Sellaro, se vio obligado a sentarse hace unas semanas con el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, para negociar topes a los importados. Es que la fabricación de zapatos y zapatillas está al límite de un rojo preocupante y no quieren dejar librado al azar ningún detalle. Las ventas cayeron 25% en lo que va del año. Es decir que se vendieron 20 millones de pares menos que el año anterior. “Acá no hay ningún brote verde”, advirtió a Letra P el empresario, que logró que el Gobierno se comprometiera a moderar importaciones con un tope de ingreso máximo de 24 millones de pares este año. Aunque parezca mucho, el año pasado entraron poco más de 22 millones, cuando el régimen económico mantenía algunas barreras arancelarias hoy más laxas. El convenio, según Sellaro, regirá también en septiembre.

 

La semana pasada, Teddy Karagozian, uno de los empresarios textiles más grandes del país, debió cerrar una planta de hilados en la localidad chaqueña de Puerto Tirol. “Pensamos que alguna vez iba a ser rentable y sustentable, pero hoy no se puede”, les dijo el empresario a sus hombres de confianza, ante la evidencia de la caída en las ventas. La firma TN Platex confirmó, de todos modos, que acordó con los 166 trabajadores sin empleo el pago de una indemnización del 70% y reincorporar una pequeña cantidad en alguna de las otras fábricas.

 

“Hoy no hay signos reales de recuperación de la industria”, detalló el economista del Frente Renovador Aldo Pignanelli, que a diario trabaja con clientes industriales en asesoramiento. Para el ex presidente del Banco Central, “lo que pase el año que viene en materia de mejora puede tener que ver con algo del campo y la construcción, pero eso solo no alcanza”.

 

Si se miran los datos por rubros, papel y cartón y alimentos subieron, con 1,6% y 0,4% respectivamente. El resto es baja: 23,2% en metales básicos, 17,4% de ddición e impresión y 12,1% en tabaco. También se contrajo fuerte la producción de caucho y plástico (-8,5%), la refinación de petróleo (-7,6%), la industria metalmecánica (-7,3%) y el rubro automotriz (-7,2%). Este último segmento es fuertemente dependiente de Brasil, principal comprador de autos argentinos.

 

La evolución del país vecino es otro enigma: este lunes, desembarcó en Buenos Aires Michel Temer, que heredó la presidencia luego del impeachment a Dilma Rousseff. Y hubo señales confusas en una conferencia conjunta con el anfitrión, Mauricio Macri. Ambos reconocieron la recesión, pero llamaron a trabajar en un Mercosur más abierto, un golpe a las intenciones de comerciar directamente con Brasil. “Nosotros entendemos que en 2017 va a haber crecimiento, un rebote”, se esperanzaron fuentes oficiales ante la consulta de este medio.

 

A diario trabaja en la articulación con estos sectores el secretario de Industria, Martín Echegoyen, un ex UIA que conoce desde hace más de 20 años a todos los que hoy son sectores privados que reclaman mejores condiciones.

 

Puertas adentro de la Unión Industrial, la situación de incertidumbre en las fábricas empezó, incluso, a adelantar plazos de la política empresaria: los popes de la entidad ya hablan de una próxima conducción más política, que se meta en cruces fuertes con el Gobierno, como los que supieron tener Héctor Méndez y el Vasco José Ignacio De Mendiguren en los años de kirchnerismo, donde se limaron en repetidas ocasiones con el ex ministro de Economía Axel Kicillof, un intercambio en el que ambos ganaron.

 

El nombre que más suena para presidir la UIA es el de Miguel Acevedo, el jefe de Aceitera General Deheza. Pero aún hay confusión. No está resuelto el frente brasileño y la entidad hará un foro esta semana para abordar los negocios con México, uno de los países con el que la producción nacional no ha congeniado casi nunca en volúmenes y conveniencia, sobre todo por dos razones: la dependencia mexicana con los Estados Unidos y la lejanía para exportar vehículos a tierra azteca. Es claro que, para los industriales, es tiempo de mirar negocios en forma lateral.

 

“Estimamos que la industria va a caer 2% este año y, si hay rebote, puede haber una mejora muy sutil”, estimó José Urtubey, vocal de la UIA y dirigente de Celulosa Argentina. El hermano del gobernador de Salta advirtió que “las soluciones no son mágicas” y que, “si no hay cambios importantes en la política industrial, no habrá crecimiento”.

 

Los empresarios vislumbran cuellos de botella históricos: falta de incentivos a líneas productivas, rebajas impositivas y mejor control de la administración del comercio.

 

De Mendiguren se fotografió hace unos días en una pizzería del microcentro. Salió al lado del maestro pizzero sosteniendo una bolsa de cebollas importadas de Brasil. Con él a la cabeza, el massismo se transformó en una de las puntas de lanza de la denuncia de importados. Sin ir más lejos, el industrial acompañó recientemente al jefe del Frente Renovador, Sergio Massa, a una visita política a la provincia de Misiones. Y se sorprendieron al ver las colas de dos kilómetros y medio de argentinos que van a comprar carne y leche a Paraguay.

 

Pero no es el único que va en esta línea. Paula Español, secretaria de Comercio Exterior de la presidencia de Cristina Fernández y una de las funcionarias más respetadas por el empresariado, recorre los medios con un detallado trabajo que refleja importaciones extrañas: tal el caso de la zanahoria, que este año tuvo ingresos por 8.600 toneladas desde Brasil, cuando en los últimos diez años la importación del producto había sido cero. Lo mismo ocurre con la batata y la papa, paradojas de un país productor.

 

Otro de los fastidiados con el contexto es Guillermo Moretti, el jefe de los químicos de Santa Fe y referente de la Federación de esa provincia, que mostró datos alarmantes en importaciones con un alza de 22% en julio. Pollos, porcinos y heladeras son lo más ingresado. En el caso de pollos, lo importado de Brasil aumentó 1.332% interanual.

 

@leandrorenou

 

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