Ballotage porteño

El PRO no pudo hacer el festejo con el que soñaba desde hace un año

Larreta sólo ganó en 6 de 15 comunas. Hubo globos y la música ritual del PRO, pero Macri tuvo que animar a su alicaída tropa. Optó por nacionalizar una elección que sorprendió y preocupó a muchos.

Este domingo 19 de julio, desde las 16, en el Gobierno porteño se ilusionaron con un holgado triunfo que, hasta los más pesimistas, calculaban por encima de los 52 puntos y arriesgaban una diferencia de diez puntos para con su competidor. El sueño se mantenía con vida.

 

La tendencia se mantuvo durante bastantes horas. A pesar de que en ECO vaticinaban que la diferencia era mínima, en el búnker del PRO sonreían y la algarabía copaba el coqueto salón de la costanera porteña.

 

A pocos minutos de las 19, el jefe de campaña de Larreta, el ex legislador Fernando De Andreis, y el secretario de Gobierno porteño, Marcos Peña, ingresaron al búnker amarillo a los gritos para felicitar a los militantes y voluntarios. Entre aplausos, abrazos y saltos, informaron que el macrismo ganaba por diez puntos y desplegaron felicidad a la Juventud PRO, que se agrupaba al costado del escenario. Todo fue parte de un festejo íntimo y alocado que luego desapareció hasta que Macri subió al estrado para motivar a sus alicaídos militantes.

 

Mientras el café, las medialunas y los alfajores de maicena corrían por el amplio hall de Costa Salguero, el oficialismo porteño seguía seguro de una victoria rotunda y tenía listo su cronograma. Primero hablarían, cerca de las 19.30, Peña y De Andreis para informar sobre el fin de los comicios. A las 20 subiría al escenario Larreta y luego invitaría a Macri y a María Eugenia Vidal.

 

No obstante, los números que reflejó el escrutinio provisorio obligaron al PRO a modificar todo el guión y las apariciones públicas, siempre en el escenario central, de los dirigentes del partido se retrasaron.

 

Cuando en Costa Salguero se anoticiaron de que la diferencia era exigua, los semblantes de los presentes mutaron de una felicidad medida a una alegría amarga y desabrida. “Este Lousteau está equivocado. Si va a votar a Macri después”, confesó enojado y en tono de reproche un colaborador de Larreta. Otro asesor del jefe de ministros, más calmo y con el ímpeto de que la campaña nacional no salga golpeada luego del domingo, confiaba en que “los votos de Lousteau son en parte nuestros porque muchos votarán a Macri”.

 

A medida que la paridad se mantenía y el escrutinio provisorio avanzaba, en el PRO se lamentaban no por los votos que perdieron con respecto a otros años, sino porque la idea de catapultar la candidatura presidencial del líder del espacio con un rotundo triunfo en el terruño propio fenecía minuto a minuto. “Esto pega en lo nacional”, repetían, cabizbajos, en el búnker amarillo.

 

Los “planners” del Gobierno porteño trataron de recomponer el guión de la jornada y lograron que Rodríguez Larreta salga al escenario tan sólo cinco minutos después de lo estipulado. A las 20.05, el flamante jefe de Gobierno apareció en escena, globos y papelitos mediante, para agradecer a los porteños y al propio Martín Lousteau, que se comunicó para trasmitirle su felicitación por la victoria. “Hizo una excelente elección”, reconoció el funcionario porteño.

 

Larreta prometió mejorar el servicio de Salud, de tratamiento de residuos y la educación pública, pero, rápidamente, llevó la discusión al ámbito nacional y destacó a su líder político. “Mauricio mostró que se puede cambiar esta realidad”, dijo Larreta en consonancia con su compañero de fórmula, Diego Santilli. El actual senador recordó que “en 2003 Mauricio nos convocó a un sueño”. “Se puede cambiar, animémonos”, sostuvo para impulsar la postulación de Macri.

 

Al cabo de diez minutos de discurso, Larreta explicó que se enfrentará a “un nuevo desafío” y a una “responsabilidad de profundizar y continuar con estos cambios”. “Estoy orgulloso y emocionado de que luego de ocho años los porteños nos siguen eligiendo”, evaluó y reconoció que “sabemos que falta mucho”. Por último, cerró con otro comentario para engrosar la figura de Mauricio Macri. “Vamos a llevar nuestro mensaje de cambio a toda la Argentina”, concluyó el nuevo titular del Ejecutivo porteño.

 

Durante la pausa temporal en la que se esperaban las palabras de Macri, en el PRO enumeraban las causas de la mala elección. Se resaltó la poca asistencia de los porteños a las urnas, la cantidad de votantes que decidieron viajar por las vacaciones de invierno, los votos del kirchnerismo y parte de izquierda, y el poco “timing” del espacio amarillo para anticiparse a la crecida de un candidato que pudo haber sido parte del partido cuando las negociaciones avanzaban en 2014.

 

Luego de una serie de vídeos en los que se destacó la gestión de Macri y su propia figura, María Eugenia Vidal dedicó unos escasos segundos para subrayar el trabajo de Larreta.

 

Finalmente, a las 20.46- diez minutos después de lo previsto desde la tarde- el candidato a presidente del PRO emitió su mensaje. Ingresó al escenario junto a Michetti y luego invitó a su candidata a gobernadora, a Larreta y a Santilli.

 

Como se esperaba, Macri elogió a Larreta mínimamente y luego enfocó su alocución a la pelea por la Nación. “Creo en una política distinta que busque despertar a cada argentino, no adormecerlo”, manifestó en tren de polarizar con el Frente para la Victoria.

 

El jefe de Gobierno en ejercicio dejó varios títulos y se encargó de aclarar que su proyecto de “cambio” no cortará con los beneficios que impulsó la administración nacional pero sí los manejará de otro modo. “La AUH es un derecho, no es un regalo que alguien nos dio y otro nos puede sacar”, indicó.

 

“Aerolíneas Argentinas seguirá siendo estatal, pero bien administrada”, aclaró Macri a los gritos. También, reservó un tiempo para hablar de YPF y aseguró que en un eventual gobierno del PRO “seguirá manejada por el Estado”. A su vez, destacó el rol de la ANSES pero dijo que “no será utilizado como herramienta política”.

 

Entre otras cosas, el líder del PRO sostuvo, en clara alusión a la Presidenta, que “los dirigentes estamos para servir, no para concentrar poder e ir por todo”. En febrero de 2012, en el marco de la conmemoración del primer izamiento de la bandera nacional por Manuel Belgrano, Cristina Fernández de Kirchner lanzó una frase que luego fue tomada como emblema por el kirchnerismo: “Vamos por todo, por todo”.

 

Como lo hizo durante la campaña porteña, Macri pidió el voto a los argentinos para culminar su discurso de quince minutos. “Denme la mano y vayamos juntos para construir la Argentina que soñamos para nosotros y nuestros hijos”, soltó sacado desatando el festejo de los militantes y voluntarios del PRO.

 

Apenas terminó la última palabra, los musicalizadores de Costa Salguero engancharon “Ciudad Mágica” de Tan Biónica y Macri, Larreta, Santilli y Vidal bajaron del escenario para bailar con el público.

 

Como en cada elección, hubo globos, papelitos y la música “fetiche” del PRO. No obstante, el festejo fue seco. Se esperaba otro resultado y se soñaba con otro panorama desde mediados del año pasado. Larreta gobernará la Ciudad por cuatro años, pero Macri no pudo colgarse de un triunfo holgado para engrosar su candidatura presidencial y disputar el ballotage nacional con el candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli.

 

El PRO imaginaba la noche perfecta. Calculaban un triunfo amplio para catapultar definitivamente la candidatura presidencial de Mauricio Macri desde mediados de 2014, cuando aún no estaba definido el calendario electoral. Por esos días, en el interior del Gobierno porteño recrudecían las tensiones porque no había acuerdo acerca de qué hacer con las elecciones porteñas del 2015: mantener el esquema desdoblado u optar por unificar con los comicios nacionales.

 

En tiempos en que todo el partido amarillo tiraba por Horacio Rodríguez Larreta y lo señalaba como el candidato exclusivo para suceder a Macri, se pensaba que plegar las elecciones era el camino correcto. En la otra vereda, el sector de Gabriela Michetti proponía mantener el esquema desdoblado para ganar con tranquilidad, y con la senadora como candidata, y luego trasladar esa energía positiva a la disputa nacional.

 

El razonamiento era lineal. Si Rodríguez Larreta era el candidato, estar pegado a la boleta de Macri le sería más conveniente para asegurar el triunfo. La otra postura indicaba que si Michetti era la candidata, su holgado triunfo podría ser capitalizado por el líder del PRO.

 

Finalmente, en el mes de diciembre de 2014, Macri informó por medio un escueto comunicado de prensa que las elecciones porteñas irían separadas de las nacionales. Tiempo antes, se había oficializado  que habría PASO por primera vez en el distrito. Los días corrieron y hubo internas entre Larreta y Michetti en abril y hasta se utilizó el sistema de boleta única electrónica en las elecciones generales del 5 de julio. El PRO mantenía la ilusión de festejar a rabiar en el búnker de Costa Salguero y llevar esa estela triunfal a las PASO nacionales del 9 de agosto.

 

En el medio, se topó en el camino del macrismo el candidato de ECO, Martín Lousteau, que forzó un nuevo ballotage y terminó quedando a escasos tres puntos de Horacio Rodríguez Larreta este domingo. Aliado nacional y rival local, el economista frustró el festejo que el PRO venía soñando desde 2014.

 

El 10 de diciembre comenzará la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, delfín directo de Macri y hombre predilecto del ingeniero dentro del Gabinete porteño. Cuenta con el aval de la mayoría de los ministros y dirigentes de peso del PRO, conoce y es estudioso de la gestión de la Ciudad. Al mismo tiempo, no disimula sus ambiciones. Son varios los que repiten que manifiesta en público y sin titubear su deseo de, en algún momento, llegar a la Casa Rosada. Por ahora, por cuatro años gobernará el distrito emblema del PRO con el que Macri siempre soñó como eje central para posicionarse para entrar por la puerta grande a Balcarce 50; Larreta también piensa en ese recorrido, aunque en silencio y sin apuros.

 

Ariel Lijo, candidato a juez de la Corte Suprema. 
Victoria Villarruel. 

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