Lástima

En pleno conflicto por la 125, les prestó a las patronales agrarias el balcón de la casa de gobierno santafesina. El año pasado, afirmó que, de haber sido venezolano, habría votado a Capriles en contra de Chávez. Ahora, apelando a una primera persona que habrá incomodado a más de uno, manifestó (sic): “Creemos todavía en la mano invisible del mercado porque es la que en definitiva sigue la historia, siguen las décadas y sigue siempre presente que hay una forma donde se van evolucionando y arreglando las cuestiones”.

Ni siquiera sus amigos socialdemócratas europeos, que vienen destruyendo el Estado de Bienestar a pico y pala, creen en las tonteras de las que habla el presidenciable Hermes Binner. Como buenos gerentes, aquellos no esperan señales de ninguna mano invisible, sino órdenes estrictas de la troika que controla Ángela Merkel para continuar llevando al Viejo Continente hacia el precipicio.

 

Su reverencia a Adam Smith y el laissez faire atrasa cuanto menos dos siglos para los cánones del socialismo, que no nació precisamente para defender la libertad de mercado sino para combatir la libre explotación de los obreros por los capitalistas que se apropiaban de la plusvalía, el trabajo no remunerado. Y no fue la mano invisible sino la acción de los sindicatos y los partidos socialistas —e incluso de las corrientes keynesianas— lo que condujo a la expansión de los derechos obreros, la seguridad social, la escuela y la salud públicas en varios países europeos y de nuestra región, bajo el denostado populismo latinoamericano.

 

Es improbable que Binner haya estudiado a Marx, pero alguien debería comentarle que, más acá en el tiempo y el espacio, dos notables socialistas argentinos ajustaron cuentas con los precursores del neoliberalismo contemporáneo, Friedrich Hayek y Ludwig von Mises,inspiradores a su vez de Alsogaray, de Martínez de Hoz, de Thatcher y de Reagan.

 

En Socialismo, libertad y dirección, publicado en 1946, el notable economista Rómulo Bogliolo—que no se caracterizaba por su extremismo—, ya había desmontado meticulosamente todas y cada una de las premisas sostenidas por Hayek en su Camino de servidumbre, dedicado a demonizar toda intervención del Estado en la economía.

 

Trece años después, en 1959, y en ocasión de la visita de von Mises a la Argentina, el fundador de la legislación laboral argentina, Alfredo L. Palacios, pronunció una célebre conferencia, editada luego bajo el nombre Socialismo y liberalismo económico, en la que afirmaba: “Los que hemos tenido que luchar a brazo partido contra los representantes del capitalismo, en el Parlamento y en la Universidad, sonreímos desdeñosamente, con lástima, al leer los argumentos de von Mises, los mismos que hace medio siglo invocaban los detractores del nuevo derecho”.

 

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