La inseguridad de los inseguros

La asunción del ex intendente de Ezeiza Alejandro Granados como ministro de Seguridad y las declaraciones del intendente de Lomas de Zamora y candidato a primer diputado nacional Martín Insaurralde, volvieron a poner en el centro de la escena la discusión sobre el endurecimiento de las políticas estatales, precisamente en materia de Seguridad.

El anuncio del lomense acerca de la baja de la edad de imputabilidad en los menores sorprendió a propios y extraños, con una declaración que pareció salir prácticamente de la nada, cuando el periodista de C5N le preguntó qué opinaba acerca del proyecto que Francisco de Narváez. Insaurralde respondió que “es uno de los temas que estamos tratando con un equipo de candidatos y abogados”, y que “seguramente estaremos terminando nuestro proyecto para poderlo presentar en la Cámara”.

 

Lo que pareció ser una respuesta del manual del buen peronista en campaña contestando acerca de un tema polémico que posibilite aportar más votos, su “lo estamos estudiando” no quedo ahí. Es que el candidato fue por más y continuó, a pesar del rechazo desde distintos espacios internos del kirchnerismo.

 

Por otra parte, la designación de Granados como titular de Seguridad por parte del gobernador Daniel Scioli, se sale del libreto, desplazando a Ricardo Casal (el ministro que todo lo soportó en cuanto a hechos de inseguridad y embates del kirchnerismo duro, y que hasta se lo tomó como representante de la mano dura, siendo cuestionado por el vicegobernador Gabriel Mariotto, el sabbatellismo y los senadores ultrakirchneristas).

 

El ex motonauta tomó la medida luego del resultado de las PASO, algo que no fue recomendado por sus colaboradores más cercanos porque interpretaban que podía ser leído como el reconocimiento de un fracaso. Lo cierto es que el Gobernador desoyó esos consejos y llevó adelante su decisión para intentar recuperar el centro de la escena.

 

Indudablemente estos posicionamientos -hijos de un resultado adverso-, vuelven a conectar con sectores de la política argentina que estaban agazapados en los partidos “democráticos y modernos” que nos hacen recordar, por ejemplo, a viejas declaraciones de Carlos Ruckauf: “hay que meter bala a los delincuentes”. El ex gobernador apostó a un discurso de “mano dura” contra la candidata de la Alianza, a quien se la asociaba por ese entonces a políticas más “blandas”.

 

Pero a los InsaurraldeGranadosCurtoScioli y demás dirigentes ¿Les preocupa realmente la inseguridad? ¿Les preocupa revertir los problemas que aquejan a la sociedad, víctima de delitos? ¿Les preocupa contener a los jóvenes y darles oportunidades de futuro para que el delito no sea opción?

 

En los últimos tiempos, y con la irrupción de kirchnerismo, los discursos represivos y de aplicación de mano dura ya no estaban en la agenda de los líderes del peronismo del conurbano bonaerense.

 

Parecía ser que esos discursos -después de los trágicos acontecimientos de 2001- habían quedado totalmente erradicados y que la comprensión de las políticas sociales inclusivas en materia de educación eran la herramienta apropiada para poder prevenir la profundización del delito.

 

Otro de los debates que estuvieron presentes en estos años fue la revisión de la política carcelaria, en la cual el sistema represivo y de hacinamiento era otra de las cuentas pendientes de nuestra democracia; ya que tanto los centros de reclusión del sistema federal como del servicio penitenciario bonaerense, las malas condiciones de vida de los reclusos y hasta denuncia de violaciones a los derechos humanos de los mismos, generan condiciones de reproducción del sistema delictivo, muy por el contrario de constituirse en un lugar de re-inclusión social.

 

Queda claro que lo único que les preocupa es la inseguridad propia, la generada por una derrota, esa derrota surgida de la negación de que -por más que se haya avanzado en estos años en los cuales el pero-kirchnerismo gobernó-, la negación de las problemáticas que aquejan a los ciudadanos no son la herramienta para cubrir con un manto de silencio los verdaderos problemas que en general se abordan de manera coyuntural y banal.

 

Ministros nacionales, gobernadores, diputados e intendentes hablan de los carteles de droga, de las cocinas de paco, de las mafias, como quien relata un partido del fútbol húngaro, sin ni siquiera tener el pudor de considerar que eso que narran sucede en el lugar donde tienen la responsabilidad política de combatir.

 

Hablan de bajar la edad de imputabilidad de menores sin reflexionar que esos menores que analizan castigar son los mismos que viven en hogares azotados por la inflación, las desigualdades, la falta de oportunidades, la falta de obras de infraestructura que les permita vivir en condiciones dignas; sin sentirse abandonados a la buena de Dios o a su falta de dinero para que se realicen las obras que esos mismos gobernantes hacen en los barrios céntricos o adinerados de la ciudad en la que viven.

 

Pero ¿de dónde sale este espíritu de hablar de mano dura, de penalizar y de castigar? ¿Dónde quedó el discurso de la inclusión de la contención y de la ampliación de los derechos?

 

Insaurralde y Granados, dos intendentes de la Tercera sección electoral, tienen un discurso similar, donde hay que ser machos, estar armados, ser guapos; porque a los guapos los delincuentes “no se le animan”. Lamentablemente estos son los dirigentes que han gobernado una de las zonas más castigadas de la provincia de Buenos Aires que, con esta concepción filosófica de la vida, muestran que la única solución que proponen es la de tener el poder y después “vemos que hacemos”.

 

“Yo vengo de una familia donde los valores, el respeto, mis viejos, son docentes laburantes que siempre me decían que meterme en política tenía más para perder que para ganar. Y fue esa gran pelea mía de decirles que de clase media nunca me había faltado nada, y yo les decía, yo quiero hacer política porque quiero la verdad, quiero que las cosas cambien. Pero como se los dije a mis hijos el día que asumí, quiero vivir en el mismo lugar, ir al mismo lugar a comer, ir al mismo restorán, vivir en la misma manzana, ir al mismo club. Porque el día que no pueda hacer eso no hago más política. Quiere decir que algo hice mal.” (*)

 

Lamentablemente los valores de Insaurralde son muy distintos a los de quienes queremos vivir en una sociedad con respeto e inclusión. Los laburantes no quieren mano dura, quieren un Estado presente, que contenga y que compense las desigualdades, no un candidato que cuando le va mal pega un golpe de timón en busca de un efecto.

 

(*) Esta es la transcripción textual de su spot de tv. Las frases incompletas son parte del discurso, puede ser que suenen inconexas, pero es la versión textual.

 

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