La marea roja rojita

Por Lisandro Sabanés (*)

El tránsito por la autopista es a paso de hombre o, como dicen acá, esta “trancado”. A los costados se divisan cientos de colectivos de diferentes tamaños en los que arribaron a Caracas simpatizantes chavistas provenientes de todo el país. Hoy el es cierre de campaña y el oficialismo pone toda la carne al asador para tratar de lograr una victoria contundente que aleje los fantasmas que aparecieron en los últimos días en algunas encuestas.

 

El taxi deja a este periodista a la entrada de la avenida principal que como no podía ser de otra manera se llama Simón Bolivar. “Caminando por ahí en dos cuadras comienza el acto”, me dice el conductor, atento al calor me recomienda tomarme un “frapee” (jugo de frutas con mucho hielo picado en vaso de plástico cerrado con sorbete) para amortiguar la caminata.

 

Lo primero que llama la atención son los puestos de venta de “merchaindansing” chavista. Vasos, llaveros, gorros, posters, fotos, brazaletes, banderas, accesorios, etc., todos con la cara del omnipresente Comandante Hugo Chávez y todo se vende. También hay muchos de Nicolás Maduro Moro, el Presidente encargado (una curiosa figura institucional inventada para suplantar la ausencia de Chávez) que según todas las encuestas pasara a ser el primer Presidente post Chávez de Venezuela a partir del próximo domingo.

 

A las dos cuadras, tal la cual la predicción del taxista, arranca la “marea roja rojita”. Miles y miles de chavistas casi todos con distintivos colorados ocupan la avenida Bolivar y las adyacentes (siete avenidas en total) pero no todos avanzan hacia donde está el escenario principal , muchos disfrutan de los espectáculos artísticos que se exponen en pequeños escenarios laterales que se ven a lo largo de la avenida.

 

Allí, se da la paradójica situación (al menos para el ojo argentino) de que las consignas políticas se bailan. Si, los vivas a Chávez y Maduro se entremezclan con letras de canciones de ritmo caribeño que destacan los logros de la Revolución Bolivariana y cuestionan a los “majunches” o “escuálidos” como le dicen aquí a los opositores.

 

El clima es como de un carnaval sin agua. Un recital de rock sin banda principal. Miles de personas apretujadas que avanzan con dificultad y otras miles que se ubican a los costados bailando o charlando entre si con los puestos de venta como mojones en el camino.

 

El componente popular del chavismo es indudable. Los rostros, las ropas, los modos de quienes participan del acto nos remiten sin decirlo directamente a los impactantes caseríos que se ven en los cerros que rodean el centro de Caracas y que fueron el epicentro del “Caracaso” la rebelión popular reprimida a sangre y fuego por el Gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez en 1989 y que fueron el germen de la rebelión del entonces Coronel Chávez en 1992. La prehistoria chavista.

 

También la juventud es actor principal del evento. Chicos y chicas de no más de veinte años y que por lo tanto solo tienen conciencia de los últimos años del gobierno chavista le dan color al acto con sus gritos, canciones y las ruidosas vuvuzuelas que supimos conocer en el mundial de Sudáfrica. Esas voces jóvenes son las que repiten las consignas chavistas: “Chávez te lo juro, mi voto es pa’ Maduro”. “Diez, son diez, son diez millones son diez (de votos)” Chávez vive, la lucha sigue”.

 

La frescura y la irreverencia están presentes en los “colectivos”, los “pajaritos” y los “bigotes” de plástico que ostentan los jóvenes chavistas en identificación con Maduro (que fue chofer de autobús, usa bigotes y dijo que sintió el alma de Chávez en un pájaro que se le poso en el hombro) pero también en los carteles que se burlan de la supuesta condición sexual de Henrique Capriles, principal candidato opositor.

 

Pero no hay banderas grandes, de esas que sabemos ver en Argentina que cruzan de lado a lado la calle ni tampoco carteles con referencias a otros dirigentes chavistas que no sea Maduro y ni siquiera a pertenencias territoriales. La única distinción que se ve es la de los partidos que conforman la alianza oficialista, el PSUV (el socialismo, el principal) el PCV (comunista) Redes, Poder Popular, etc. Hay si banderas de agrupaciones peronistas (peronismo militante) e internacionales como Cuba, País Vasco y Palestina.

 

El apasionamiento, tan latino y tan caribeño, y los ruidos del evento hacen difícil conversar con los asistentes, pero algunos logran explicar su presencia en el lugar. “Mi mama recibió un crédito y pudo poner una panadería”, me explica Fransheska que tiene 21 años y se vino desde Valencia a dos horas de Caracas, para participar del acto.

 

Manuel, tiene 25 y dice que cree en el socialismo bolivariano y que los jóvenes han entendido “que ya no es como antes que lo que importaba era como hacerse de bolívares (la moneda venezolana) y salvarse individualmente sino trabajar para la Patria y ayudarnos entre todos”.

 

Pero hay voces de alarma también entre los chavistas. Zoraida reconoce la gran inflación que hay en Venezuela aunque dice que es “impulsada por el poder económico que apuesta a la derrota de Maduro”. A William “100 x 100 chavista”, me lo cruzo a la salida del acto y dice que no fue porque Maduro no lo convoca como Chávez. De todos modos cree que “si se asesora bien, puede seguir con la obra de la revolución”

 

Finalmente, tras mucho caminar este cronista llega a metros del escenario principal. Un histriónico conductor que me apuntan, conduce aquí un programa de TV estilo “guerra de los sexos”, arenga a la multitud y anuncia la inminente llegada de Maduro, que como la campana es corta hace varios actos por día. Se ven algunos empujones y peleas que no llegan a mayores pero el clima en general sigue siendo festivo.

 

Cerca de las 19 horas llega Maduro subido a la caja de una camioneta y saludando cual estrella a todos los que lo quieren tocar o al menos cruzar una mirada con él. Sube al escenario pero no es el primero en hablar. Antes hay sorpresas para los presentes.

 

La principal, no podía ser de otra manera, es Diego Armando Maradona. Presentado para envidia de Pele y Messi como “el mejor futbolista de la historia” genera gritos y emoción como si estuviera en la Bombonera. Mujeres y jovenes que por supuesto no lo vieron hacer el gol a los ingleses salvo en repeticiones, lo vivan y tapan la voz del locutor que lo anuncio. Diego hace su parte del show. Mira hacia arriba y extiende sus brazos al cielo en clara alusión a Chávez. Después patea pelotas autografiadas hacia la gente.

 

Varios cantantes todos vestidos con la bandera venezolana (moda impuesta por el propio Chávez), amenizan la espera por Maduro e inclusive una pareja de niños, ella ciega, también se suman. El sol empieza a caer en el horizonte.

 

La omnipresencia de Chávez es notable decíamos al comienzo y para Maduro resulta imprescindible. Antes de que comience a hablar, aparece el Comandante en las pantallas que bordean el escenario principal y que se reproducen a lo largo de la avenida, en su ya histórico discurso de despedida donde proclama precisamente a Maduro como su heredero. El chavismo necesita recordarlo una y otra vez porque está claro que Maduro no es Chávez, entre otras cosas porque no tiene su encanto, el carisma que caracterizaba al bolivariano y que sedujo a millones en el mundo.

 

Por ese motivo se destaca la presencia de las hijas de Chávez y por eso mismo el primero en hablar, en tono altamente emotivo es su hermano Adán.

 

Pero ni él ni un histórico de la Revolución como Vicente Rangel, que lo sigue y lo que es mas grave, ni el propio Maduro, cuando por fin toma la palabra, logran evitar que el grueso de los asistentes tomen el camino de regreso. “Esto con Chávez no pasaba”, me cuenta un veterano militante. Algo debe intuir Rangel que pide “organización” porque, dice, “lo emotivo es maravilloso pero no alcanza”.

 

El temor del chavismo es que en un país donde el voto no es obligatorio, su gente, sin el imán de Chávez, no se movilice masivamente a votar y permita sino a una derrota si a un triunfo ajustado que en un país tan dividido como Venezuela, es peligroso.

 

La vuelta es festiva. Con fuego artificiales de fondo, los chavistas, cual descamisados en la Buenos Aires del 45, van gritando sus consignas en el sub te y asoman la cabeza desde los micros para repetirlas en los barrios más acomodados a sabiendas de que incomodan a los antichavistas que por supuesto no se hacen ver. De todos modos es notable como en este apasionado clima de tensión política no se ven carteles rotos y las propagandas pro y contra conviven con cierta armonía.

 

Por la noche y poco antes de la veda electoral, en la TV los programas políticos reproducen la división de la calle y el acto de Maduro tiene versiones diferentes según quien lo cuente. Como esta.

 

(*) Periodista. Profesor universitario. Enviado especial a Venezuela

 

Pymes industriales en caída en la era Javier Milei
atraso cambiario: por que milei niega la realidad y esquiva la discusion

También te puede interesar