Como si se tratará de una ironía de la vida, se cumplen seis años de la desaparición de Jorge Julio López. O mejor dicho, de su segunda desaparición, la que se produjo la mañana del 18 de septiembre de 2006, cuando salió de su casa del barrio de Los Hornos hacia el Palacio Municipal.
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López había declarado en el juicio al ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense Miguel Etchecolatz, por los delitos de lesa humanidad cometidos por éste durante la última dictadura, y desapareció cuando se dirigía a escuchar los alegatos de los fiscales y de los querellantes ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata.
Aportes de información fallidos, testigos de identidad reservada, búsquedas infructuosas, una causa caratulada como secuestro y una recompensa del estado provincial para aquellas personas que aporten datos que permitan esclarecer el caso, rodean la desaparición del militante y albañil que estuvo detenido-desaparecido en los centros clandestinos de detención “El Destacamento” y “Pozo de Arana”, en las comisarías 5ta. y 8va. y en la Unidad 9 de La Plata, recuperando su libertad en junio de 1979.
Su ausencia es una herida profunda en nuestra vida democrática, por ello, la declaración de ciudadano ilustre por el Concejo Deliberante de la Ciudad de La Plata debe alentarnos a persistir con el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia, para que su nombre no caiga en el olvido.
En cada uno de los afiches que muestran a Jorge Julio López con su gorro inclinado, en el perfil que delinean los murales dibujados, o en aquellas fotografías que aparece retratado frente al micrófono declarando, esta ese militante platense, cuyo valiente e invalorable testimonio fue clave en los juicios contra los genocidas y que nos dice que hasta que no haya justicia, serán 30000 desaparecidos + 1.
(*) Subsecretario de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires.