Crisis y oportunidad: un estudio revela cuánto dinero esconden los paraísos fiscales

Por Lisandro Sabanés (*)

Un reciente estudio de la ONG británica, especializada en temas impositivos, la TJN (Red de Justicia Fiscal) se refirió al volumen de riqueza que se maneja en los llamados “paraísos fiscales” que dan cuenta de la paradoja que marca a nuestro mundo en un momento, tal vez inigualable de su desarrollo tecnológico y económico global.

 

Los avances en esos campos no se condicen con uno siquiera cercano en el desarrollo humano. Siglos de pensamiento racional originado en Europa y exportado con mayor y menor fuerza a todo el planeta, no han logrado equiparar avances tecnológicos con avances siquiera similares o cercanos en cuanto a la organización del mundo y la distribución de sus recursos. No es novedoso, el positivismo y sus variantes hace rato que perdieron vigencia intelectual pero nunca está de más revisar nueva información al respecto y apostar, al estilo Marshall Berman, a un futuro diferente, desde lo racional (1).

 

Veamos: el estudio de TJN indica que los paraísos fiscales albergaban hasta el año 2010 al menos 21 billones de dólares que podrían alcanzar los 32 billones de dólares ya que no incluyen propiedades, yates y otros bienes no financieros que pertenecen a los supermillonarios a nivel global a través de las estructuras bancarias estudiadas. Para darse una idea de que estamos hablando, esos U$21 billones equivalen aproximadamente a la suma de los PBI de EE.UU y Japón juntos.

 

Esto no es todo. Los países de donde más dinero se ha enviado a paraísos fiscales son China (u$s 1,189 billones), Rusia ( u$s 798.000 M), Corea del Sur (u$s 779.000 M) y Brasil. En Latinoamérica, el ranking lo encabezan Brasil (U$520M), México (U$417M), Venezuela (U$406M)  y la Argentina (U$399M).  El economista James Henry (ex economista jefe de la consultora internacional McKinsey) destaca que las conclusiones de su trabajo muestran que “muchos de los países considerados deudores son en realidad países ricos, pero el problema es que esa riqueza está off shore, en manos de sus elites y sus banqueros privados”. Por su parte John Christensen, director de TJN, dijo que las elites latinoamericanas han sido alentadas por los bancos, principalmente estadounidenses, para enviar sus recursos al exterior, “en especial en los años 70, durante las dictaduras”.

 

Hay más datos simbólicos. Todo ese dinero está en manos de poco menos de 10 millones de personas y  de estas, menos de 100.000 poseen US$9.8 billones en paraísos fiscales. Además, lejos de la imagen popular o hollywoodesca sobre flujos ilegales financieros de la mafia o el narcotráfico, la mayoría de esta fuga de capitales está a cargo de agentes económicos legítimos: multimillonarios, multinacionales, entidades financieras. Los tres bancos privados que manejan la mayoría de estos fondos off shore son UBS, Credit Suisse y Goldman Sachs. Para la ONG Global Financial Integrity (GFI) los primeros cinco lugares en cuanto a cantidad de depósitos “off shore” son el estado de Delaware en Estados Unidos, Luxemburgo, Suiza y la City de Londres, acompañados de un paraíso fiscal caribeño: las Islas Caimán.

 

Desde la crisis del 2008, varias voces se han alzado a favor del control impositivo de los llamados paraísos fiscales. El ex Presidente francés Nicolás Sarcozy y nuestra Presidenta, Cristina Fernández hicieron, en el marco del grupo de países del G20, públicos reclamos en ese sentido que derivaron en tibias políticas de control y cerca de 600 acuerdos bilaterales en ese sentido.

 

Sin embargo, los resultados han sido escasos y los observadores confían más en las revelaciones que ha prometido WikiLeaks sobre la lista que les pasó el ex banquero Rudolf Elmer (http://www.elpais.com/articulo/economia/Rudolf/Elmer/banquero/cambio/bando/elpepuint/20110117elpepueco_15/Tes ) que ya está produciendo pánico en un sector bancario que durante décadas protegió a sus clientes bajo un manto de silencio y opacidad.

 

Porque según el estudio que se hizo cruzando datos del FMI, la ONU, el BM y diversos bancos centrales, si esta cifra que arroja el informe de entre 21 y 32 billones de dólares  -con una modesta tasa de interés del 3%- pagara un impuesto de solo el 30%, generaría entre 190  y 280 billones de dólares, casi el doble de lo que invierten los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la asistencia para el desarrollo.

 

¿De qué estamos hablando entonces? De un mundo que por primera vez en su historia tiene recursos de sobra para solucionar los problemas más acuciantes que lo aquejan como es el hambre, la falta de vivienda y la desocupación entre otros y sus consecuencias, la violencia, la inseguridad y las enfermedades y que no los resuelve porque no hay fuerza y/o voluntad política para lograrlo.

 

No es noticia que las riquezas del mundo estén distribuidas injustamente ni es novedoso el hambre y la violencia, pero si es nuevo un mundo hiperdesarrollado tecnológicamente y con tanta riqueza acumulada.

 

Durante siglos, los que promovían un mundo más igualitario no solo debían enfrentar el egoísmo de los poderosos sino también justos argumentos acerca de que los recursos del mundo eran escasos y que había que aumentarlos. Ahora, como señaló acertada y optimistamente el autor del estudio, James Henry: “El mundo ha localizado una enorme suma de riqueza financiera a la que se puede recurrir para contribuir a la solución de nuestros problemas globales más urgentes”. ¿Lo harán?

 

(1)  Marshall Berman es un filósofo y escritor estadounidense autor, entre otras obras, del libro “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, donde plantea recuperar el espíritu crítico de la Modernidad de Carlos Marx y Federico Nietzche en contraposición a la postura posmodernista del fracaso del relato moderno.

 

(*) Periodista

 

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