Orgullo se escribe con mayúscula

Por Germán Krüger (*)

Cuarenta y tres años después. La reivindicación de los derechos, que dejan de ser de unos o de otros, distinguidos como si tuvieran que llevar un nombre. Son humanos, porque pertenecen, son y están destinados a la especie que a veces reacciona en contra de algo tan simple como son el respeto, la tolerancia y la igualdad.

 

Cuarenta y tres años después y el Orgullo se escribe con mayúscula. Hubo avances, leyes nacionales e internacionales, matrimonios para todos y todas. Un término que cada vez hace y tiene más peso, incorporándose al lenguaje cotidiano: identidad. La tuya, la mía, la nuestra, la de todos en conjunto e individual. Porque somos hombre y mujeres, iguales ante la ley, la sociedad y los dioses griegos.

 

La ruptura, la desestigmatización, empezó como reacción a la represión, por ser condenados para amar. Por elegir y aceptar una construcción sexual que no difiere de lo natural, que no debería ser interpretada siquiera bajo el término “natural”.

 

Esa lucha, el agite de banderas multicolores, sigue en pie, por más derechos y causas justas que achiquen la brecha desigual, que todavía impide a quien mantiene relaciones con una persona del mismo sexo donar sangre.

 

Los cambios están, la mirada es otra y se ganaron ciertas batallas. Pero falta. Es democrático tener una opinión sobre la sexualidad, diferir en elecciones, pero también es democrático actuar sobre el propio cuerpo, las emociones, la cabeza, el corazón. Y respetar decisiones.

 

En el Día Internacional del Orgullo LGBT, no queda más que decir que se empieza por la aceptación propia para abrazar la pluralidad existente. No se trata de etiquetas. Se trata de ser, estar y compartir.

 

(*) Licenciado en Comunicación Social – Periodista Letra P

 

Tw: @germankruger

 

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