“¿Quién te dijo que digas eso?”

Por Juan Cruz Sanz (*)

El kirchnerismo sufre con un gran problema: busca la forma de poder maniobrar el asunto que más le preocupa pero no puede. No es la economía, ni el manejo del mercado cambiario, ni la inseguridad. El Frente para la Victoria debe definir qué quiere hacer con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. Con el 2015 en la cabeza, Scioli es esa ecuación que dentro de la Casa Rosada nadie sabe resolver. En La Plata, el problema se replica con la misma vehemencia: ¿Qué hacer con el kirchnerismo?

 

Despejar la x puede resultar un problema de compleja resolución, partiendo de una premisa fundamental: ¿Es Scioli parte del kirchnerismo o es una isla dentro del armado? El sinceramiento de sus aspiraciones presidenciales lo colocaron en ese lugar incómodo para unos y otros.

 

En plena campaña de 2011, Scioli aceptó que, una vez más, el kirchnerismo le marcara la cancha: le eligió a su compañero de fórmula. Gabriel Mariotto recibió su premio por ser uno de los escuderos de la nueva Ley de Medios y saltó a la arena política de primer nivel. Desde el inicio del cronograma político del 2012, Mariotto aceleró y cumplió al pie de la letra lo que se le ordenó desde Balcarce 50. Traccionó pedidos de informes al Ejecutivo bonaerense y recorrió la provincia demostrando ser, al menos en lo discursivo, el “hombre de Cristina”, llevando anuncios, dinero de obra pública y promesas.

 

El escándalo de la sesión en la que se aprobó el revalúo fiscal desnudó las internas dentro del kirchnerismo duro. Lo que parecía un bloque homogéneo, con un rival identificado, mostró fisuras. Los mensajes de texto entre los chicos de La Cámpora pusieron en jaque la estrategia y colocó a Mariotto en una encrucijada. El vicegobernador no defendió a los amigos de Máximo Kirchner. Ahí estuvo el primer mensaje. El primero en sentirlo fue el golpeado vicepresidente de la Cámara de Diputados bonaerense, José Ottavis.

 

Intentando transformar sus problemas en un ataque al sciolismo, Ottavis trató de pegar a Scioli en las sospechas de un eventual pago de sobornos a los legisladores de la oposición. “Llama la atención el silencio de Scioli y de su jefe de Gabinete, Alberto Pérez, sobre las sospechas de soborno que Clarín le está imputando a la ley que ellos enviaron a la Legislatura”, disparó acorralado el diputado. Nadie lo acompañó. “El diputado Ottavis debería saber que el Gobernador y el Jefe de Gabinete no están obligados a comentar actos de estupidez ajenos”, fue la piedra del senador provincial sciolista, Alberto De Fazio, integrante de La Juan Domingo, el think tank peronista que armó Scioli para diagramar su aparato militante.

 

La última vez que Mariotto había intentado subir la apuesta en la pelea con su gobernador fue cuando sugirió el envío de “valijas” a la legislatura. Después de eso, el vicegobernador recibió un llamado de la Casa Rosada: “¿Quién te dijo que digas eso?”, fue la pregunta que le hizo la Presidenta, bastante enojada. Mariotto no supo responder el cuestionamiento. Desde ese momento, su embestida contra el gobernador puso freno de mano y se convirtió, sin eufemismos, en la cara visible de la ecuación sin resolver. “No saben que hacer con Scioli y Mariotto quedó en offside. Ya está cansado de ser quien pone la cara”, explican desde los pasillos del bloque del Frente para la Victoria en La Plata. Por ahora, al silencio de Mariotto se le suma otro problema: su relación con La Cámpora.

 

Los muchachos de Máximo no entienden de límites, ni investiduras y eso es algo que Mariotto lo está aprendiendo a la fuerza. Ya elevó sus quejas por un posible acuerdo con empresarios del juego en un negocio de más 2.000 millones de pesos que lo dejó afuera del entramado. “No respetan ministros, funcionarios, diputados, dirigentes históricos. Nada. ¿Por qué lo van a respetar a él?”, aclaran desde la Rosada. Lo concreto es que el kirchnerismo deberá definir si le tira a matar a Scioli o si deja que tome aire. El escudo del gobernador es la provincia misma: el territorio bonaerense puede ser su mejor protección, una caja de resonancia que nadie quiere que explote. Por lo pronto, el kirchnerismo ya eligió un rival: Mauricio Macri, al que consideran el mal menor, y ejecuta un plan que ante las dudas puede ser efectivo. “No hablar de Scioli”, es la última premisa. No se lo destaca, no se lo levanta, no se le da prensa, no se lo victimiza. Esas son las directivas de la mesa chica de la Quinta de Olivos. ¿El resto? Quedará en suspenso hasta que alguien sepa como despejar la x. Esa x que ya tiene nombre, apellido y fecha de vencimiento.

 

(*) Periodista de la sección «El País» del diario Clarín. Escribió durante cinco años en la sección «Política» del diario Perfil, donde fue corresponsal acreditado en Casa Rosada. Conductor de “Día de Cierre”, programa de entrevistas emitido por Canal Metro.

 

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