LETRA PEPE

Mano a mano: Sergio Massa y Axel Kicillof ordenan sus tropas

El exministro ya se muestra en público y se mueve en privado como futuro candidato del peronismo. El gobernador avanza con su armado. El dilema de las PASO.

A un intendente que lo visitó en los últimos días en sus oficinas, Sergio Massa le sugirió, en tono de broma, que no se sacara fotos con ningún candidato presidencial del peronismo. El dirigente salió del edificio con una certeza sobre el mensaje del exministro de Economía: “Que no me comprometa con nadie, porque va a intentar ser él”.

Hace semanas que el exministro de Economía empezó a abandonar el bajísimo perfil que tiene desde que comenzó el gobierno de Javier Milei. El martes a la noche participó de un acto en Rosario, donde el diputado Diego Giuliano, presidente del Frente Renovador, presentó su libro acompañado por todas las tribus del peronismo.

A la salida de la actividad, Massa dejó un mensaje breve en el que reivindicó la unidad del espacio. Dijo que “es lo más importante”. También participó de una charla con jóvenes del Frente Renovador. Cada movimiento es todo parte del paulatino descongelamiento de las apariciones del tigrense, que comenzó en el Mundial, en la Universidad de San Martín, donde vio un partido de la Selección junto a estudiantes. Desde entonces, en el peronismo se instaló la idea de que “Sergio se está moviendo”. Tiene agenda completa en reuniones con dirigentes y empresarios. Los voceros del Círculo Rojo dicen que “se está preparando para la campaña”.

Massa volverá a mostrarse en público el 8 de septiembre. Estará en un homenaje a José Manuel de la Sota que se celebrará en el hotel Savoy, bajo el lema “Tomar la posta”. El evento fue organizado por la periodista Candelaria de la Sota, hija del exgobernador con quien el exministro armó la alianza Una Nueva Alternativa (UNA), en 2015, la tercera vía con la que enfrentaron al kirchnerismo y al extinto Cambiemos. No les fue nada mal. Aunque salieron terceros, Massa obtuvo el 21,39% de los votos en aquella elección presidencial en la que buscó representar al centro, el lugar en el que se siente más cómodo en términos ideológicos.

La interna del peronismo

Massa siempre buscó representar a los moderados, pero sabe que sus chances electorales dependen del apoyo “explícito” de Cristina Fernández de Kirchner si quiere ganarle una interna a Axel Kicillof, que también avanza en su construcción política, aunque todavía no explicita en público su decisión de ser candidato.

Los colaboradores más cercanos de Massa piensan que el exministro necesita de los vínculos que él mismo tejió con gobernadores que representan a fuerzas provinciales, como el salteño Gustavo Sáenz o el misionero Hugo Passalacqua, pero también de la estructura del cristinismo, particularmente en la provincia de Buenos Aires, donde cree que los intendentes le sacarán el apoyo a Kicillof si el gobernador no cumple con sus promesas.

Que Kicillof pueda hacer realidad el pedido de los intendentes de reponer las relecciones indefinidas depende, en gran medida, de Massa. En tiempos de María Eugenia Vidal como gobernadora, el Frente Renovador – que por entonces actuaba como aliado de Cambiemos en las votaciones - fue impulsor en la Legislatura bonaerense de la ley que puso un límite de dos mandatos en los municipios.

Massa ya dijo que no dará marcha atrás con esa postura. Sus legisladores no apoyarán el proyecto que impulsa el gobernador para modificar la ley. En el massismo explican que hacerlo sería una incoherencia que no pueden permitirse. De no conseguir los votos, Kicillof pagará las consecuencias políticas frente a los intendentes.

“La estrategia de Sergio es que el cristinismo y Axel se maten entre ellos y después aparecer él como la solución”, sintetiza, con humor, un dirigente que dialoga con Massa de forma cotidiana desde hace más de dos décadas y le tiene mucho aprecio personal. Dice que es el “más apto” para hacerse cargo del país, pero le advierte cuando “hace una de más”. Lo reprendió cuando se instaló públicamente que había sido el gran hacedor de la caída de las modificaciones a la ley de tierras en el Senado. “No puede con su genio”, dice.

Axel Kicillof avanza

Un grupo de diputados nacionales alineado con el proyecto de Kicillof se reunió esta semana en la sede del sindicato Foetra con la jefa de asesores bonaerense Cristina Álvarez Rodríguez. En medio de la reunión, una diputada preguntó con total honestidad si el proyecto presidencial de Kicillof iba en serio. La funcionaria respondió que sí.

La anécdota refleja que una parte de la dirigencia se hace eco de las dudas que también empezaron a mostrar algunos focus group respecto de Kicillof. Un consultor que trabaja en el interior de la provincia de Buenos Aires cuenta que, durante los estudios, muchos de los participantes que lo valoran positivamente dicen que no están seguros de si logrará ser candidato o plantean dudas respecto de sus posibilidades de independizarse de Cristina y de conducir a todo el peronismo.

Axel Kicillof, junto a Verónica Magario

Axel Kicillof, junto a Verónica Magario

Los enemigos internos alimentan esas versiones de imposibilidad. Desde hace meses trabajan en la instalación de la idea de que “Axel no llega” y remarcan los enojos de la dirigencia con el gobernador por la cerrazón de su entorno.

La semana pasada, el gobernador escuchó la pregunta de boca los empresarios con los que se reunió en el hotel Alvear, en el marco del Council of the Americas, por donde pasó con un bajísimo perfil que contrastó con el de Milei. Kicillof llegó ahí invitado por la anfitriona, Susan Segal, directora ejecutiva de la organización. .

Durante el encuentro, el gobernador trazó un panorama durísimo sobre la economía de Milei, al tiempo que buscó dar señales de tranquilidad con la valoración positiva del orden macroeconómico. Al finalizar, uno de los presentes le preguntó si quería ser presidente. Kicillof no dio un “sí” explícito como respuesta, aunque lo dio a entender.

El mandatario sigue firme en su plan de acción y sostiene que todavía no es tiempo de hablar de candidaturas. En su equipo sostienen que su foco es, desde el principio, la oposición a Milei y que se mantendrá en esa línea. Construyen la idea del antagonista, el contraste simétrico: economista, académico, sobrio, serio, padre de familia, sin escándalos a su alrededor, con un discurso empático y, sobre todo, un mensaje transparente.

Mientras, avanza en su despliegue territorial con visitas personales a diferentes provincias y el envío de algunos emisarios. La semana pasada, por ejemplo, después de acompañar a Kicillof en Chaco, el secretario de Interior de la CGT, Héctor Daer, siguió camino a Formosa para reunirse con Gildo Insfrán. El formoseño prometió ayudar. Esta semana hizo lo mismo con José Luis Gioja, que trabajará en el armado de Kicillof en San Juan.

En paralelo, el vicegobernador de Salta, Antonio Marocco, participó de un evento del PJ bonaerense organizado por el exintendente de Florencio Varela Julio Pereyra junto al intendente platense, Julio Alak. La senadora nacional Carolina Moisés fue desinvitada a último momento. La jujeña está muy cerca de Massa, pero su ausencia obedeció a cuestiones ligadas al PJ de Jujuy. Pereyra explicó a algunos de los expositores que no quería tomar partido por Moisés en la interna partidaria local porque mantiene buenas relaciones con el otro bando en el que está, por ejemplo, el exgobernador Eduardo Fellner.

La orden de Kicillof es no meterse en los problemas locales ni excluir a quienes colaboraron este tiempo con el gobierno de Milei. “No juzgamos. Necesitamos a todos para la reconstrucción del país. Todos serán bienvenidos”, dijo este viernes en una radio jujeña el ministro para el Desarrollo de la Comunidad, Andrés Larroque.

Con o sin PASO

No está claro, todavía, si el Gobierno conseguirá los votos para eliminar las PASO. En la Casa Rosada no se confían de las promesas de los gobernadores. Las negociaciones entraron en un terreno en el que “nadie dice realmente lo que está pensando”. Patricia Bullrich anunció que el debate empezará dentro de dos semanas en el Senado. Dentro del oficialismo admiten que el panorama está complicado.

A mediados de agosto, el peronismo puso en marcha un operativo para sostener las primarias. Los “cabezones” de la mesa política se comprometieron a hablar con los gobernadores para convencerlos de que no apoyen al Gobierno y hasta amenazaron con plantar candidatos en las provincias de los díscolos. La advertencia cayó pésimo.

En las provincias piden definiciones. Quieren saber quién es el jefe de la famosa mesa. Temen entrar en negociaciones con un sector y que, luego, el acuerdo no sea válido para el otro. “¿Y si arreglo con Axel y después viene Cristina a plantarme un candidato?”, preguntan. La cuestión de la conducción es el drama principal del espacio.

“Queremos las PASO porque el peronismo necesita una conducción vertical, con un claro liderazgo y tiene que validarlo en las urnas”, dijo esta semana la diputada Victoria Tolosa Paz, que está de gira por las provincias con reuniones con gobernadores para llevar agua para el molino del peronismo de centro.

En el Gobierno dicen que el peronismo “está desesperado” por sostener el sistema. Ven a Kicillof como el más interesado. El gobernador piensa que ganar la interna lo legitimará como candidato y lo liberará de la sombra de la expresidenta. Pide que se preste atención a quién mide más en las encuestas. Es el mejor posicionado en todas. Massa apuesta a las estructuras, su capacidad de operación, poder de fuego y al apoyo de Cristina.

No deja de ser paradójico que el planteo de los dirigentes que ya juegan en el esquema de Massa apunte a aislar a Kicillof y a restarle chances en la disputa, señalándolo como un candidato que nunca podrá sacarse de encima el estigma kirchnerista – “hasta su apellido empieza con K”–, al mismo tiempo que el exministro pretende ser bendecido por la expresidenta. Será una narrativa compleja para la campaña.

En el peronismo también trabajan con la hipótesis de que no haya PASO. En ese caso, quedarían dos opciones. La primera es la elección de un candidato único para enfrentar a Milei al que se llegaría por consenso. Hoy suena imposible. En el kicillofismo señalan con cierta ironía la estrategia de Massa. “Sergio insiste con que lo único importante es la unidad, no tanto el candidato. De casualidad, siempre termina siendo él”, ironizan.

La otra opción es que el peronismo vaya dividido a la elección y que exista una opción más de centro que pueda robarle votos blandos a Milei. Es el modelo 2003, pero que tiene el riesgo latente de que Milei pueda cosechar 40 puntos y ganar en primera vuelta. El Presidente hoy está lejos de ese número.

Será clave la cuestión del ausentismo, un fenómeno en aumento. El peronismo, siempre dispuesto alentar la participación ciudadana, no puede decirlo públicamente, pero piensa puertas adentro que lo mejor que le puede pasar en 2027 será que los enojados con Milei no vayan a votar. Es un electorado al que, por ahora, le resulta imposible seducir.

Axel Kicillof y Sergio Massa 
Axel Kicillof tendrá su gran acto nacional en Avellaneda

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