Maldita inflación: los límites de la motosierra y la licuadora que le corren el arco a Javier Milei
El plan libertario para bajar los precios encontró en torno al dígito mensual un piso duro de perforar. El FMI, a la izquierda. Dogma, relato y aguante social.
El presidente Javier Milei pronunció el discurso de cierre del Foro de Economistas Latinoamericanos. FOTO: NA.
De un modo aún incipiente, Javier Milei enfrenta el peligro de un amesetamiento en el desafío de bajar la inflación y comienza a tantear posibles límites sociales a su hiperajuste. Esto último, producto de una recesión de nada menos que 4,3% interanual –en enero, hoy seguramente más profunda– limita el uso de la principal herramienta que se ha dado para abatir precios que él mismo disparó con la megadevaluación de su debut y la suelta de remarcaciones que propició su dogma desregulador.
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A veces tan lejos y otras cerca de Mauricio Macri, el presidente de ultraderecha se arriesga a que el año de su debut en el poder lo obligue a cantar un cover del gran hit de 2018: "Veníamos bien, pero pasaron cosas".
La mayoría de la sociedad que votó al anarcocapitalista le dio una misión histórica: "pulverizar la inflación", por usar sus propios términos. Ese mandato explica que mucha gente asuma, con la resignación que se enfrenta un fenómeno climático, la lluvia de malas noticias que, con extraño criterio selectivo, anega solamente los barrios de clase media y trabajadora de la Argentina. Si no cumple esa misión, Milei fracasa.
En medio de semejante era de hielo de producción y ventas es una obviedad que el índice de precios al consumidor va a desacelerarse. De lo que se trata es del ritmo para lo que viene y el IPC se está revelando como un hueso más duro de roer que lo que indicaría –vaya sorpresa– la teoría monetarista.
El valor de la definición de Zago, que cae con la dureza de un mármol, es que hace explícito lo que el Gobierno exponía en forma de gestos. Las decisiones de abrir la importación de alimentos –para abaratarlos en el mercado interno–, de diferir los aumentos previstos en transporte y luz, y de negarse a homologar acuerdos salariales que, se ve, marcan la frontera de la libertad, se explican únicamente en que la desinflación –desde el máximo autoinfligido de diciembre– encontró en torno al dígito mensual un piso duro de perforar. El gas, en tanto, sí empezará a subir fuerte el mes que viene porque así lo impone la necesidad de achicar el gasto en subsidios para sostener el equilibrio fiscal.
Bajar el IPC a un dígito, la prueba de éxito que Milei pretende imponer en el sentido común, sería un logro relativo. Es cierto que se llegaría a eso antes que lo esperado por los analistas, pero implicaría una reducción desde la estratósfera propiciada por las políticas del actual gobierno. Además, supondría regresar cerca de donde lo había dejado Sergio Massa. Eso sí, digamos todo, con ingresos populares pulverizados y otros precios relativos desalineados, como los de los alimentos, tal como reconoce el propio ministro de Economía...
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Javier Milei y la polémica menos pensada
Dígito o no dígito, las proyecciones de inflación se muestran resistentes al ritmo de baja que desean Milei y Luis Toto Caputo. Eso es un problema porque las herramientas para lograrlo –la megarrecesión y la destrucción del consumo que provocan el atraso de los salarios y la licuación de las jubilaciones– podrían encontrar en cualquier momento, como se dijo al inicio, límites en la sociedad.
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El director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Rodrigo Valdés, participa del IEFA Latam Forum 2024.
Foto NA.
Uno, dos y tres. Primero fue la vice directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gita Gopinath. Luego, la portavoz el organismo, Julie Kozack. Este martes insistió el director del Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdés, quien dejó mensajes importantes en el IEFA Latam Forum que se celebró en esta ciudad:
"El progreso hasta ahora ha sido impresionante. Hay superávit fiscal en general, esto se registró en enero y en febrero por primera vez en más de una década. Las reservas internacionales están en reconstrucción, la inflación está cayendo más rápidamente de lo que anticipábamos e indicadores como el mercado paralelo y la brecha cambiaria siguen mejorando", concedió. En materia de inflación, confesión de parte, el propio oficialismo encuentra problemas, pero sigamos…
"Es muy importante seguir mejorando la calidad del ajuste fiscal. Calidad, quiero subrayar, no cantidad", demandó.
"Es más, creemos que es muy importante mantener los esfuerzos para apoyar a los sectores más vulnerables de la población para asegurar que la carga más pesada del ajuste no caiga desproporcionadamente sobre las familias de la clase trabajadora", completó Valdés.
El subtitulado dice: "Aplauso, medalla y beso, pero desenchufen de una vez la licuadora, ni se atrevan a levantar el cepo a lo guapo y cuidadito con las reacciones sociales y la gobernabilidad".
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Intrépido, Manuel Adorni salió a refutar al organismo que –algo para reflexionar– ha quedado a la izquierda del Gobierno.
La idea de que el ajuste es fuerte con los débiles es "absolutamente inexacta", refutó el vocero, quien añadió que "los sectores más cuidados y más protegidos son los más pobres". Al parecer Adorni nada aclaró sobre la licuación de los salarios y las jubilaciones, el meloneo extremo de la ayuda alimentaria a los comedores populares y el retaceo de la entrega de medicamentos a personas gravemente enfermas.
Volviendo a lo estrictamente económico, manifestó su "orgullo" por haber liquidado la obra pública y "echado" a 50.000 trabajadores del Estado, a la vez que azuzó los peores fantasmas del sindicalismo al anticipar que a fin de mes caducarán 70.000 contratos de empleados nacionales. Sus allegados salieron de inmediato a enmendarle la plana: serán "solamente" 14.000... al menos por ahora. Igual lo importante es la pieza de fake news que ya había instalado para deleite de la fanaticada.
Entre destrucción de puestos de trabajo y de salarios, es inevitable que el sindicalismo, concentrado en las últimas semanas en la ofensiva para terminar de derribar en el Congreso el DNU 70/2023 –cuyo capítulo laboral, bloqueado por la Justicia, volvería en el proyecto ómnibus–, vuelva a la calle.
La realidad económica serpentea y la tolerancia social será, al final, la prueba de fuego para la estrategia antiinflacionaria en curso. Mientras, la CGT comienza a pergeñar su segunda medida de fuerza para el mes que viene.