La inteligencia artificial abrió una ventana laboral para perfiles humanísticos, pero lejos de la promesa de una masiva contratación de filósofos en Silicon Valley. En Argentina, la oportunidad aparece sobre todo en tareas remotas y freelance de evaluación, entrenamiento y control de modelos, en los que pesan habilidades de análisis, lenguaje y razonamiento.
En Estados Unidos, varias grandes tecnológicas cerraron o redujeron en los últimos años equipos vinculados con diversidad, inclusión y ética, mientras empresas como Microsoft, Meta, X, Alphabet y Amazon recortaron áreas de gobernanza. En paralelo, algunos perfiles humanísticos encontraron espacio en otras áreas, aunque en una proporción muy inferior a la de los profesionales de ciencias de la computación.
Anthropic y Google DeepMind emplean actualmente al menos media docena de filósofos cada una. Sin embargo, la cantidad de búsquedas abiertas para estos perfiles sigue siendo reducida.
En una búsqueda actual, ni OpenAI, ni Anthropic ni Google tienen convocatorias abiertas específicamente para filósofos. En Argentina, en cambio, aparecen búsquedas para entrenadores y evaluadores de IA, conocidos como AI Prompt Evaluator, aunque no para filósofos como tales.
La idea de que las grandes empresas tecnológicas están incorporando filósofos para “enseñarles a pensar” a los modelos de inteligencia artificial parece ser, al menos en parte, un mito.
Más comportamiento que filosofía
Consultada por Letra P, la especialista en innovación y neurociencias Sofía Geyer explicó que en las búsquedas de empresas como Anthropic u OpenAI aparecen con mayor frecuencia perfiles vinculados con comportamiento, psicología y aspectos humanos. También tienen peso la lingüística y la lógica.
Geyer señaló que este tipo de búsquedas y puestos no siempre son públicos y que son relativamente pocos. Además, quienes ocupan esas posiciones suelen estar alcanzados por acuerdos de confidencialidad, por lo que buena parte de la información sobre sus funciones no está disponible públicamente.
Según la especialista, el fenómeno existe, pero es mucho más específico de lo que sugieren algunos titulares y está vinculado principalmente con perfiles de ética aplicada, comportamiento, psicología, lingüística y ciencias sociales.
“Donde más se están manteniendo de manera seria los perfiles de ética es en industrias que ya están reguladas, como banca, fintech y salud”, explica Geyer, a partir de entrevistas que realizó con especialistas de distintas áreas y ciudades.
Preguntas que la inteligencia artificial no puede responder
Tomás Balmaceda, doctor en Filosofía, egresado de la UBA y profesor de la Universidad de San Andrés, dijo a Letra P que hay bastante de mito en esa idea de que las empresas están "desesperadas" por contratar filósofos. “Es cierto que, desde el boom de la IA, la palabra 'ética' empezó a aparecer en todos lados y eso generó una mayor visibilidad de la filosofía, lo que yo en lo personal celebro porque en muchas instituciones y espacios los debates éticos los suelen llevar adelante casi exclusivamente personas del mundo del Derecho. Pero muchas veces esa visibilidad de la filosofía no implica una incorporación real del pensamiento filosófico, sino más bien un uso simbólico”.
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La razón por la cual esta profesión comenzó a estar en los titulares de los diarios relacionada con IA tiene que ver con las preguntas que genera la llegada de la IA.
La inteligencia artificial reabrió preguntas clásicas de la filosofía: qué significa conocer, qué es la inteligencia, cómo entendemos la autonomía, qué hace responsable a una persona, qué lugar ocupa el trabajo humano o cómo se distribuye el poder cuando delegamos decisiones en sistemas automáticos. La IA se convirtió en un nuevo laboratorio para problemas filosóficos muy antiguos.
Exactamente como afirma Balmaceda, uno de los pocos avisos es el de Meridial Marketplace, la plataforma de Invisible Technologies, que tiene una búsqueda abierta para "philosophy specialist-freelance AI trainer project". El aviso se orienta a especialistas en ética, metafísica, epistemología, lógica, filosofía política, filosofía de la mente, filosofía del lenguaje, existencialismo, fenomenología e historia de la filosofía. La tarea es conversar con el modelo y verificar la precisión de las respuestas.
En Indeed, el portal de búsquedas de trabajo estadounidense, aparecen 720 avisos para "philosophy ai”. Al desglosar la búsqueda, solo seis responden a filosofía y son puestos de docencia universitaria.
Esta es la tendencia que se da en Argentina: buscan entrenadores de IA. Outlier, una plataforma respaldada por Scale AI, busca en el país “escritor freelance en español”. En sus requisitos, se valora a los graduados en carreras de humanidades. Las tareas son leer textos en español latinoamericano para clasificar respuestas generadas por un modelo o evaluar textos generados por IA.
La tarifa promedio que se paga en Argentina es de 7,50 dólares la hora, aunque el monto varía según la experiencia, la evaluación de habilidades, la ubicación, las necesidades del proyecto y otros factores. En el sitio aclaran que se pueden ofrecer tarifas más altas a personas con doctorado.
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Imagen retocada con IA
Una búsqueda en LinkedIn durante la última semana arroja avisos remotos en Argentina, pero en inglés. En ese caso, el valor es desde 40 dólares la hora.
Según un informe de la plataforma Deel de Recursos Humanos, la contratación de entrenadores de IA en Argentina creció 724% durante 2025. ¿Qué hacen? Etiquetan y depuran datos para entrenamiento de modelos, evalúan las respuestas y hacen pruebas de software y traducción. Después, dan feedback humano para ajustar el comportamiento de los modelos.
Lavado de cara con la ética: “Ethics washing”
El término ethics washing es una práctica que busca presentar un compromiso con la ética sin que exista un respaldo sustantivo detrás de ese discurso. El concepto fue acuñado por el filósofo alemán Thomas Metzinger en 2019 para describir el uso instrumental de la ética a través de una comunicación engañosa. El término surgió a partir del greenwashing.
Balmaceda afirma que eso es tema de conversación en su grupo de investigación GIFT. “En muchos casos, el filósofo termina funcionando como una especie de certificado de legitimidad. Su presencia permite comunicar que una empresa se preocupa por la ética, aunque las decisiones importantes sobre el diseño del sistema, los objetivos comerciales o la gobernanza ya estén tomadas", explicó.
"Es lo que conocemos como ethics washing: utilizar el lenguaje o incluso profesionales de la ética para transmitir responsabilidad sin modificar las estructuras que producen los problemas", puntualizó.
"En Argentina, esa discusión ni siquiera llega a darse, ya que no hay filósofos funcionando como certificado de legitimidad, porque no hay filósofos contratados para este fin. Sin embargo, hay entrenadores de IA que clasifican respuestas de un modelo por siete dólares y medio la hora pero son invisibilizados por las estadísticas y las políticas de confidencialidad", planteó.