Para Patricia Bullrich, el piso es la Ciudad de Buenos Aires. Es el distrito donde la senadora conserva su capital electoral más reciente y contundente, aunque también es el territorio que en la actualidad aparece más como una base de apoyo que como el destino que ordena su estrategia.
Cada vez que La Libertad Avanza (LLA) mira el tablero porteño y no encuentra una candidatura indiscutida, el apellido Bullrich vuelve a aparecer.
Resultados electorales, gestos políticos e incluso propuestas formales después incumplidas fueron alimentando, durante el último año y medio, la idea de que el paso siguiente de la exministra de Seguridad podía ser pelear por el fuerte del PRO representando al equipo violeta. Sin embargo, cerca de Bullrich enfrían esa posibilidad: aseguran que no tiene pensado meterse en la pelea por Uspallata, aunque aclaran que todavía falta mucho para las definiciones.
Esa tensión ordena su lugar en el tablero porteño. Aparece como una de las alternativas más competitivas que podría tener el oficialismo nacional, aunque no necesariamente como una dirigente interesada en cerrar su carrera política en el distrito porteño. Otra vez: es el piso, pero nunca el techo, para la dirigente que en junio cumplió 70 años.
Los votos de Patricia Bullrich
El principal activo de Bullrich en la Ciudad es evidente: los votos. En la elección de octubre de 2025, con ella como cabeza de lista de postulantes al Senado, La Libertad Avanza superó el 50% y ganó en todas las comunas.
El resultado la dejó como la figura libertaria con mayor volumen electoral probado en el distrito y como una referencia imposible de ignorar para cualquier discusión sobre 2027.
Ese capital se volvió todavía más importante después de la caída en desgracia del ex periodista Manuel Adorni. El ex vocero presidencial aparecía como una de las apuestas naturales de los hermanos Milei para disputar la sucesión de Jorge Macri. Es más, el oficialismo encontraba en la figura de Adorni un instrumento para disciplinar o contener las expectativas de Bullrich.
El escándalo por presunto enriquecimiento ilícito se llevó puesto al funcionario y también alteró el mapa interno al dejar a La Libertad Avanza sin una candidatura propia indiscutida.
En ese vacío, el apellido Bullrich vuelve siempre a la conversación. No tanto por motu proprio, sino porque tiene algo que otros nombres libertarios todavía no lograron mostrar en la Ciudad: votos propios, conocimiento del sistema y capacidad de moverse sin pedir permiso.
El coqueteo porteño
Aunque en su entorno aseguran que las chances de ser candidata porteña son escasas, Bullrich hizo gestos suficientes como para que la política porteña la mire.
Durante los últimos meses se mostró en distintas recorridas por la Ciudad, compartió actividades con la dirigente Pilar Ramírez, elegida por Karina Milei para ordenar el armado libertario en la Ciudad y con la que, aseguran, mantiene una relación fluida. Ese vínculo le garantiza a Bullrich una conexión abierta con el corazón del dispositivo karinista en el distrito.
También tiene una terminal propia en la Legislatura porteña: el legislador porteño Juan Pablo Arenaza, uno de sus dirigentes de confianza, integra el bloque libertario y funciona como referencia bullrichista dentro de la estructura legislativa de La Libertad Avanza.
Arenaza fue propuesto por Ramírez como vicepresidente tercero de la cámara porteña, lo que significó que por primera vez una figura libertaria —además, bullrichista— ocupara un lugar en el estrado legislativo.
Las gestualidades hacia la política de la Ciudad no se limitaron a las recorridas. En su viaje a Chile de mayo pasado, Bullrich también habló como si mirara la Ciudad. Después de reunirse con el alcalde de Santiago de Chile, planteó que el futuro del crecimiento se define también en el funcionamiento de las ciudades y dejó críticas sobre la limpieza del espacio público, el transporte, el tránsito y la presión impositiva en el distrito gobernado por Jorge Macri.
La señal fue más amplia que una opinión de gestión. Bullrich se metió en una agenda urbana que el PRO consideró durante años parte de su patrimonio político y la conectó con el discurso libertario sobre el cambio nacional. Si alguna vez decide jugar por Uspallata, el punto de partida ya está ensayado: votos propios, recorridas por las comunas, trabajo en tándem con Ramírez, terminal legislativa en Arenaza y una crítica de gestión sobre la Ciudad.
La candidatura que no termina de prender
El problema es que Bullrich no parece entusiasmada con ese destino. En su entorno calculan que hay cerca del 90% de chances de que no sea candidata a jefa de Gobierno. La Ciudad aparece como una posibilidad, pero no como el objetivo que ordena su estrategia política.
La explicación es simple: Bullrich tiene un capital que excede a la Ciudad. Es una figura nacional, conserva autonomía, construyó una identidad propia dentro y fuera del PRO y entró a La Libertad Avanza sin perder volumen personal. Puede competir en la Ciudad, pero no necesita reducir su futuro político a esa pelea.
Por eso, la vía porteña aparece como una opción difusa. Para el mileísmo, Bullrich puede ser una solución electoral. Para ella, en cambio, puede ser un destino demasiado acotado para una dirigente que pesa en un tablero nacional.
El problema de la autonomía
La misma razón que la vuelve competitiva la convierte en una figura incómoda para La Libertad Avanza.
Bullrich tiene votos, experiencia, equipo propio, terminal legislativa y capacidad para intervenir en la discusión pública sin esperar autorización. Esa autonomía resulta atractiva en una Ciudad donde La Libertad Avanza todavía no encontró una candidatura fuerte, aunque también alimenta la desconfianza del karinismo frente a los dirigentes que no controla completamente.
La distancia no se explica sólo por una eventual pelea por la candidatura porteña. También se alimentó de gestos públicos que marcaron la autonomía de la ex ministra frente a la conducción libertaria. Fue la primera figura del oficialismo en pedirle a Adorni que presentara públicamente su declaración jurada, cuando el escándalo por su patrimonio ya había perforado la interna violeta.
También se distanció de la decisión del presidente Javier Milei de retirar el pliego judicial de la jueza María Verónica Michelli, a quien el oficialismo había impulsado y luego buscó retirar tras conocer su vínculo familiar con el periodista Hugo Alconada Mon.
Ninguno de esos episodios alcanza por sí solo para explicar la relación con Karina Milei, pero todos ayudan a entender el mismo problema: Bullrich puede ser una solución electoral para La Libertad Avanza en la Ciudad, aunque no necesariamente una candidata fácil de ordenar.
El piso electoral
En la Ciudad, Bullrich tiene una ventaja que no abunda en la tropa libertaria: votos propios y comprobados. También tiene buena convivencia con el armado de Karina Milei, presencia legislativa, recorridas territoriales y una agenda de gestión que ya empezó a ensayar.
Pero esa fortaleza no alcanza para convertirla en candidata. Al contrario, cerca suyo insisten en que está más cerca de un no que de un sí.
Esa es la paradoja que la mantiene dentro del radar porteño. Bullrich puede no querer ser candidata, pero su nombre vuelve cada vez que La Libertad Avanza mira el tablero de 2027 y encuentra más dudas que certezas. En una fuerza que desconfía de los liderazgos autónomos, la dirigente con más votos propios en la Ciudad es, al mismo tiempo, una ventaja y un problema.