Patricia Bullrich sabe que la caída en desgracia de Manuel Adorni cambia el mapa de poder de La Libertad Avanza (LLA) en la Ciudad. Con la cancha liberada, la senadora se mantuvo al margen todo lo que pudo, aunque apeló a la frase “quizás no tiene el cuero tan duro como yo” para referirse al jefe de Gabinete. Así, se paró en una interna en la que pesan la necesidad y la desconfianza.
El escándalo que rodea al vocero presidencial, quien el 29 irá al Congreso a presentar su primer informe de gestión, reactivó una discusión más profunda en el terreno porteño: quién será la figura central del proyecto libertario en la Ciudad de Buenos Aires, uno de los principales objetivos del oficialismo para 2027. En ese escenario, ambos representaron perfiles distintos dentro del mismo espacio.
La exministra aportó capital político propio y experiencia en la gestión del conflicto mientras que Adorni exhibió crecimiento electoral reciente y alta exposición pública, aunque quedó herido de muerte por su patrimonio opaco. La diferencia entre ambas figuras también se expresó en términos de volumen político dentro de la disputa porteña.
Los resultados electorales mostraron esa brecha. En las elecciones nacionales de octubre, Bullrich superó los 837 mil votos en la Ciudad de Buenos Aires, con el 50,29% de los sufragios, y logró triunfos en las 14 comunas, con picos superiores al 60%. Meses antes, en los comicios locales, Adorni había alcanzado el 30,13%, con 487.909 votos.
El capital político de Patricia Bullrich
La definición pública de Bullrich sobre el jefe de Gabinete también remitió a su rol dentro del gobierno de Javier Milei y a un activo concreto: el orden en la calle. La reducción de los piquetes y el control del conflicto social se consolidaron como uno de los principales capitales simbólicos de la gestión libertaria, con la ministra como figura central.
Ese activo también se expresó en su capacidad de articulación dentro del sistema político, un rasgo tan valorado como escaso en sectores de LLA. Su llegada al Senado como jefa del bloque libertario implicó, además de conducción formal, una organización interna en un espacio heterogéneo, apoyada en su conocimiento de las reglas políticas, algo que reconocen hasta en los sectores opositores.
En el oficialismo reconocieron esa experiencia, aunque en algunos sectores generó desconfianza. Su trayectoria operó en doble sentido: aportó orden y resolución, pero también despertó cautela sobre su autonomía.
La Casa Rosada toma nota y no desconoce el riesgo que podría significar la senadora para un Milei en declive, producto de una inflación indomable y los escándalos por el Adornigate, la ANDIS y el caso #Libra. Como contó Gabriela Pepe en Letra P, en las mesas de arena de la política se analiza la posibilidad de una derecha sin Milei.
Las condiciones de Patricia Bullrich para 2027
En el entorno de Bullrich sostienen que su incorporación a LLA respondió a una decisión política consolidada y que está plenamente integrada a las fuerzas libertarias. “Ella está para ayudar, ya hizo todo el recorrido, dio infinidad de muestras y está incorporada al equipo libertario. Pero no vale todo y una condición innegociable es la sinceridad”, afirmó un colaborador cercano de la ministra.
La definición está relacionada con un episodio que generó tensiones dentro del espacio. Según dirigentes cercanos a la senadora, en diciembre pasado, durante una reunión con la conducción libertaria, le propusieron comenzar a recorrer la Ciudad de Buenos Aires con proyección a una eventual candidatura a jefa de Gobierno en 2027, una definición que otros dirigentes violetas dicen que no les consta.
Más que esa propuesta, que no está claro si Bullrich quiere asumir, el malestar se originó cuando en febrero el oficialismo difundió un comunicado que mostraba a Adorni presentando, vía la presidenta de LLA en la Ciudad, Pilar Ramírez, 66 proyectos en la Legislatura porteña, un movimiento interpretado como un desplante a Bullrich. La senadora no quiere que eso vuelva a ocurrir.
Encuestas en CABA: ventaja de Bullrich y escenario abierto
Más allá de la función que pudiera asumir, el equipo de Bullrich mantuvo un monitoreo constante de su imagen. Mediciones previas al escándalo ubicaron a la senadora en el primer lugar en una eventual disputa por la Jefatura de Gobierno, con alrededor del 35% de intención de voto.
Detrás se posicionaron el peronismo, representado por Leandro Santoro (20%), el PRO de Jorge Macri (17%) y Horacio Rodríguez Larreta (13%). En ese mismo escenario, auspiciado por Karina Milei, Adorni proyectó un 26%, con un efecto que tendió a equilibrar la competencia violeta.
En el entorno de la secretaria general de la Presidencia admitieron que la definición de candidaturas permanece abierta y que los tiempos políticos aún no están cerrados. También deslizaron una crítica interna: “Patricia está integrada totalmente al partido y podría ser la candidata. Pero hasta ahora percibimos que, antes que ella, es su entorno el que tiene más ganas de que encabece la lista”.
Una lectura que, con ironía, remite a la lógica del “saltar el cerco”: la idea de llegar al centro del poder sin escalas ni mediaciones.