Sin embargo, basta con mirar los números para reparar en que es demasiado temprano para cantar victoria y que ciertas acechanzas aún aguardan al costado de un camino que es económico, claro, pero que a esta altura, con el proyecto "Milei 2027" esperando simplemente la finalización del Mundial, es eminentemente político y electoral.
Corazón y pases cortos
Debería mandar la cautela.
Por un lado, hay que recordar que si se festeja tanto el 1,9%, este no es de nuevo "dos y pico" solamente debido a la malhadada decisión oficial de intervenir el IPC, esto es la renuncia a actualizar la canasta de consumo que el INDEC tenía previsto utilizar y que arroja, mes a mes, una subestimación del índice, marginal, pero relevante en el acumulado y, esta vez, fundamental en lo simbólico.
Tan sensible es esta cuestión que el nuevo vocero, Adrián Ravier, dijo ayer en conferencia de prensa que el Gobierno evalúa blindar por ley la autonomía del organismo. Lo bien que haría, sobre todo ejerciendo la autocrítica necesaria por la intervención light a la que decidió someterlo.
El diputado paleolibertario Santiago "Santurio hizo la propuesta para evitar la manipulación y Presidente lo celebró", precisó el portavoz, aunque aclaró que esa es por el momento sólo "una idea" a considerar.
Por otro lado, el dato sigue siendo elevado y representa, en un solo mes, poco menos que lo que los países que la Argentina pretende imitar en ese sano aspecto acumulan en un semestre o más.
Asimismo, el objetivo del "cero coma" que los mencionados manuales le venían anticipando al mandatario anarcocapitalista permanece como un horizonte lejano. Estos procesos llevan tiempo, pero fue Milei, con sus dogmas y su incontinencia, quien convirtió un hecho previsible en una promesa incumplida.
Finalmente, unas cuantas cuestiones del escenario local –ciertas cuentas pendientes financieras, algunas tensiones derivadas de un ajuste difícilmente sostenible en sus términos conocidos– y otras del tablero internacional –el rebrote de la guerra entre Estados Unidos e Irán– llaman a la calma e impiden descartar que el dos sea un número en torno al cual el IPC siga caracoleando en los meses venideros.
¿Qué pretende usted de mí?
Milei podría quejarse, acaso con parte de razón, en que los análisis críticos de su gestión nunca lo dejan respirar y le corren el arco permanentemente. Si la inflación quebró por fin el piso duro del 2%, ¿qué se le exige ahora?
Ocurre que lo que le corre el arco no es el periodismo, la opinión o, ni siquiera, la oposición política; es la mera realidad. La vida no espera a los gobernantes.
El segundo semestre, carente de la savia de los sojadólares y, más todavía, el 2027 electoral le ponen pimienta a la divisa y a sus posibles impactos inflacionarios.
Después de un junio en el que el billete verde recuperó 5%, julio arrancó con señales mixtas.
Cuestiones puntuales de mercado –ayer, por ejemplo, hubo liquidación de deuda tomada por provincias– y ruedas de fuerte intervención del Banco Central en el mercado de futuros y mediante la venta de bonos acompañaron una tendencia otra vez bajista de la moneda norteamericana. Eso le hace lugar a la autoridad monetaria a seguir acopiando reservas.
El BCRA concretó ayer la compra de nada menos que 532 millones de dólares, la mayor monto de la era Milei.
Excelente, pero aun así la paridad bajó y ya está más de 15 puntos por debajo de la inflación acumulada.
Con eso, acumula adquisiciones por 1102 millones de dólares en el mes y 12.267 millones en el año. De ese modo, las reservas brutas quedaron en 48.687 millones y las netas –las verdaderamente disponibles para estabilizar el mercado en momentos de turbulencia– superan ya los 10.000 millones de dólares, un dato muy positivo en un país que coqueteó demasiado tiempo con niveles negativos que sólo el acostumbramiento y ciertas discreciones impidieron que derivaran en corridas bancarias.
El Central no se refuerza solamente para cumplir con el FMI; también lo hace porque sabe que lo que viene será desafiante y necesitará poder de fuego para enfrentarlo.
Más allá de momentos, el futuro cercano –y algo más allá, cuando el gran tema sea la inevitable incertidumbre electoral – estará hecho de mayor demanda y presión. Que la divisa estadounidense sea vista como persistentemente barata constituye otro aliciente para eso.
Trump enloquece al mundo...
En otro orden, las idas y vueltas de Donald Trump hacen mucho por desquiciar al mundo –y a la Argentina–, y lo que el lunes era la aplicación de una tarifa del 20% del valor de las cargas de todos los buques petroleros que cruzaran el estrecho de Ormuz ayer quedó en la nada.
Ese ida y vuelta, verdaderamente insólito, revela que la interpretación sobre lo que ocurre en el sistema de toma de decisiones en Washington ya no puede eludir aspectos psicológicos delicados, tema que ya es parte importante de la campaña para las cruciales midterms de noviembre.
Además, expone un estado de cosas subyacente que hace del alivio una ficción. No por nada el petróleo volvió a cerrar ayer en alza después del empinamiento del lunes de nada menos que el 9,5%. Está lejos todavía de un nivel crítico, pero la tendencia y el contexto aconsejan la vigilancia.
La marcha atrás mejora la situación para casi todos los países que comercian crudo por esa vía crucial, menos para uno: Irán.
La República Islámica está sujeta otra vez a un bloqueo petrolero que puede constituir la base de tensiones por venir, las que de derivar en fuego más fuerte que el de las últimas madrugadas podrían generar un nuevo cierre del estrecho por el que circula el 20% del crudo consumido en el mundo.
... y complica a la Argentina
Como se sabe, si los precios internacionales de la energía volvieran a dispararse, Argentina se beneficiaría como nuevo exportador en su saldo comercial, pero volvería a experimentar tensiones en el nivel de precios
¿Retornaría, si las cosas se fueran de madre, el congelamiento de las naftas liderado por YPF ya en dos momentos de la primera etapa de la guerra en el Golfo?
Más difícil de atajar sería, en la peor eventualidad, un envión adicional del dólar.
¿Llegará? Seguramente. La cuestión es cuándo y cuánta munición habrá acopiado Santiago Bausili para ese momento, en el que los pronósticos electorales harían buena parte de la diferencia.
Para lo que viene, la pregunta fundamental es qué capacidad tendrá el Gobierno de generar, en base al ordenamiento financiero descripto, condiciones para un verdadero despegue de la actividad doméstica con impacto en el ánimo social.
Si le tocara correr de atrás al dólar para evitar que la inflación se le escape de nuevo, ese margen se estrecharía.
Se sabe que, entre las muchas anclas de las que se vanagloria, el plan oficial tiene una, excluyente: los ingresos populares pisados y su consecuencia, una demanda crónicamente lánguida.
El drama, rentable para no pocos jugadores, del hiperendeudamiento de las familias es la contracara explosiva de esa decisión conceptual.
¿Se animará Milei a llegar a las elecciones en las que se jugará la continuidad y, acaso, una era de irresistible hegemonía, con semejante lastre político?
Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.