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LA QUINTA PATA

Elecciones en Perú: el modelo que deslumbra a Javier Milei, a prueba

El Presidente, el ministro de Economía y Donald Trump, pendientes. Un regimiento de postulantes que no enamoran. América Latina y la sombra de China.

Más de 27 millones de personas están convocadas para definir este domingo el reparto del poder en Perú por los próximos cinco años en elecciones para presidente y el Congreso que serán seguidas con atención por los gobiernos de Donald Trump y Javier Milei, que buscan sumar un poroto más a la cuenta de la derecha dura en América Latina.

Será la primera vuelta presidencial, pero fijará la composición del parlamento –130 bancas en Diputados y 60 en el Senado–, que después de 23 años volverá a ser bicameral.

En el fondo, conforme se junten más consensos en torno a alguna candidatura o no, y en función del nivel de participación que se registre, será también un referendo sobre el modelo económico que deslumbra a la extrema derecha que rige la Argentina.

El respaldo popular resulta clave para el Perú de hoy, donde el Poder Legislativo se levanta como un factor permanente de inestabilidad política por haber puesto punto final a varias administraciones, protagonizado sonados escándalos y condicionado el proceso de formación de las leyes.

Perú, la niña de los ojos de Toto Caputo

Según surge de las encuestas de intención de voto, la dispersión entre los 35 aspirantes a la presidencia es extrema, lo que garantiza la convocatoria a un ballottage el 7 de junio.

Esa dispersión asegura también un Congreso difícil de controlar para quien acceda a la jefatura del Estado, lo que mantendría latente un estado de zozobra institucional constante que, con todo, no ha afectado la estabilidad macroeconómica. ¿Se prolongará lo que analistas locales describen como un "autoritarismo legislativo", un modo de designar los avatares de esa peculiar democracia sin demócratas, devaluada en los rankings internacionales?

Esa coexistencia entre caos institucional y estabilidad económica fue ponderada en su momento por Toto Caputo.

Otro modo de pensar esa aparente paradoja es preguntarse por qué una economía robusta en sus números grandes puede, paradójicamente, convertirse en una fábrica de descrédito para la política, probablemente por basarse, a nivel productivo, en sectores primarios (minería, hidrocarburos) de escaso derrame y peor distribución de ingresos.

La Argentina de Milei, en la que esos sectores inician un período de auge que es bienvenido, pero que a la vez que amaga con destruir lo que le queda de industria, haría bien en mirarse con cierta preocupación en el modelo peruano debido al riesgo de que, si todo marcha acorde al plan, se convierta en un país económicamente estable, pero políticamente inviable.

Perú: nombres para una democracia sin demócratas

Desde febrero gobierna, en carácter de interino, José María Balcázar, el octavo jefe de Estado en diez años. Este hombre de 83 años no cuenta con el más mínimo consenso y, a pesar de ser un antiguo defensor de causas como el matrimonio desde los 14 años y las relaciones sexuales entre profesores y alumnas, se lo tolera porque entregará el poder tan pronto como el 28 de julio.

Por ahora, la política peruana no encuentra quién la cure. Si de dispersión se trata, basta con mirar las encuestas.

En muchas, quien mejor mide es Keiko Fujimori (Fuerza Popular), la derechista heredera del legado de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), y dueña de un núcleo duro –aunque cada vez más pequeño– que añora el aplastamiento –sin miramientos de derechos humanos– del terrorismo en los años 90 y la derrota de la inflación –asimismo con pocos miramientos sociales–, y que prefiere no recordar la corrupción, el golpismo ni el establecimiento de un Estado policial bajo el mando del tenebroso Vladimiro Montesinos.

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Keiko Fujimori, heredera del clan familiar un dueña de un núcleo electoral limitado, pero compacto. (Foto: cuenta de X de Keiko Fujimori).

Con todo, esa preeminencia no le alcanza a la mujer de 50 años en ninguna medición para superar una intención de voto del 15%, lo que le impide asegurarse el éxito en su cuarto intento.

Llama la atención que, a pocos días de la apertura de las urnas, las opciones que involucraban a los indecisos y a quienes se declaran determinados a no votar por nadie orillaran la mitad del electorado.

En esa disputa entre presidenciables que se presentan sin banca social apreciable, hay que señalar otros nombres.

El espejo de Javier Milei

Uno es el del exalcalde de Lima Rafael López Aliaga (Renovación Popular), de 65 años, un ultraconservador declarado simpatizante de Milei y del chileno José Antonio Kast.

"Yo soy del Opus Dei desde muy chico, desde los 19 años, con celibato incluido, lo cual es una opción mía, personalísima, y me alimenta en base a la eucaristía diaria. Eso es lo que me da fuerza y no lo he dejado", dijo –reiteró– días atrás en televisión.

Otro nombre que se destaca en la previa es el de un outsider: el comediante Carlos Álvarez (País Para Todos), de 62 años, quien ha hecho carrera durante tres décadas imitando y ridiculizando a los políticos en TV.

Más atrás aparece Ricardo Belmont, de 80 años, empresario, periodista y exalcalde de Lima.

Por último, la izquierda que años atrás rodeó al también fallido Pedro Castillo va dividida en tres opciones: Roberto Sánchez, Vladimir Cerrón y Carlos Jaico.

Un modelo para Perú… ¿y para Argentina?

En la foto, el modelo peruano muestra una inflación muy baja, del orden del 2% anual. El crecimiento, proyectado para el año por debajo del 3%, expone una cierta pérdida de dinamismo. En tanto, el desempleo oscila en torno al 7,5%, dato que convive con un nivel de informalidad superior al 70% de la población económicamente activa.

Otra vez se cuela la Argentina en el análisis, dada la tendencia reciente que reemplaza empleo de calidad en el sector privado por puro y duro cuentapropismo.

Ante ese panorama, los programas de los candidatos que, con esfuerzo, se destacaron más arriba resultan elocuentes respecto de las falencias de un ordenamiento que inspira a la extrema derecha argentina.

Esos postulantes prometen apuntalar el equilibrio de las cuentas públicas, la estabilidad y las garantías para la inversión privada. También, la austeridad en el Estado y políticas de desregulación. Sin embargo, no pueden ni soñar con acercarse a la Casa de Pizarro –incluso en un segundo turno, que impone la pistola en la cabeza del "voto útil"– sin ofrecer algo más en torno al tema que ha dominado la campaña.

Así, Fujimori habla de aprovechar el acceso al mercado de deuda –el riesgo Perú es de apenas 130 puntos básicos– para reforzar la inversión en obra pública.

López Aliaga suma las ideas de reactivación productiva y mayor formalización laboral en base a la adopción de políticas activas.

Álvarez plantea la optimización de la inversión pública mediante la eliminación de la corrupción.

Belmont habla del paso a una "economía social de mercado con rostro humano".

Todo es mínimo.

La seguridad es también un tema de importancia, pero subordinado a las condiciones de vida. El orden es un bien reivindicado por los mencionados, pero Fujimori y Álvarez son quienes más lo enfatizan en términos de mano dura.

Entre Donald Trump y China

Perú parece a punto de sumarse al bloque de la derecha regional, a gusto de un Trump que busca alinear al hemisferio a punta de garrotazos.

Sin embargo, esa lectura gruesa debe matizarse en un país en el que, a pesar de la vigencia de un modelo de libre mercado de cuño occidental, China logró consolidarse como una presencia más decisiva que la de Estados Unidos.

Para empezar, el 40% del comercio exterior de Perú se concentra en la potencia asiática, frente a apenas 11% con el país norteamericano.

Asimismo, la inauguración, en noviembre de 2024, del puerto de Chancay –construido por la estatal COSCO Shipping en base a una inversión de 3500 millones de dólares– permite una conexión marítima con Shanghái en apenas 23 días.

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El puerto de Chancay, en Perú, es la gran puerta de entrada de China a Sudamerica por el océano Pacífico.

En tanto, Las Bambas, yacimiento controlado por la estatal china MMG Limited, donde ha invertido 7000 millones de dólares, sigue siendo uno de los emblemas del sector cuprífero, el principal motor de las exportaciones nacionales. En se sector, empresas chinas dan cuenta de alrededor del 35% de las ventas externas.

Por último, China Southern Power Grid controla la totalidad de la distribución eléctrica en Lima, entre otros intereses.

Ante semejante impronta, los candidatos evitan mostrarse antichinos, aunque, cuando se conozca en junio el nombre del futuro presidente, Trump podría imponer demandas mayores.

Más allá de los izquierdistas, Fujimori y Álvarez le hacen guiños a Washington, pero evitan confrontar con Pekín y se muestran pragmáticos en términos de una relación que se inscribe en un modelo que, además de los equilibrios macro, se fundamenta en una apertura multilateral.

López Aliaga es considerado el más proestadounidense, aunque durante su gestión en la Alcaldía de la capital (2023-2025) mantuvo una relación fluida con los intereses chinos.

A diferencia de lo que ocurre en Argentina, en el resto del mundo no hay alineamientos automáticos, sino intereses, pragmatismo y, desde ya, negocios.

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