El batacazo del brasileño pateó el tablero de la vida pública nacional. Cruje la alianza gobernante, el Círculo Rojo frunce la nariz y la calle pide cordura.
Caras de póker. Lula da Silva y Javier Miler en la útima cumbre del Mercosur celebrada en Buenos Aires.
La relevancia de Brasil en la región y la de Luiz Inácio Lula da Silva como figura mítica hacen inevitable que la política, la opinión pública y hasta el Círculo Rojo de los grandes intereses empresariales de la Argentina orbiten a su alrededor: el "efecto Lula" impacta de lleno en la vida pública nacional.
Registrate para continuar leyendo y disfrutando de más contenidos de LETRA P.
Como si estuviéramos en 2023 y no en 2026, el gobierno de Javier Milei aparece en un rincón, aislado del resto del sistema político. El auxilio que le prestó, por encomienda de Donald Trump, al multisospechado Flávio Bolsonaro en su fuga sin gloria y narrada por un guion golpista lo expone como una expresión minoritaria que diluye las bondades que el grueso del empresariado y del mercado financiero encuentra en su modelo económico.
Flávio Bolsonaro.
El "combo Milei" incorpora, además de mercado irrestricto, dosis ingentes de "batalla cultural", diplomacia disparatada y dudas sobre su carácter representativo del interés nacional.
El resto de la Argentina va por otro lado y así lo demuestra el "efecto Lula".
Cimbronazo para una interna dormida
Los posicionamientos en torno a lo acontecido en Brasil desde el domingo de balotaje resultan elocuentes.
El Presidente calla y no reconoce ni desconoce el resultado, pero se presta a un juego peligroso que, al ayudar a huir de la Justicia de su país al candidato derrotado, desmerece el sistema institucional del país vecino y confiesa su falta de pruritos sobre el propio.
Sin embargo, incluso dentro del mileísmo parece haber matices.
Resulta sugestivo en ese sentido que, como informó La Nación, el karinista Sebastián Pareja, presidente de la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos de Inteligencia, haya dado curso a un pedido de informes de los miembros peronistas de ese espacio para determinar si la SIDE participó del operativo de fuga del hijo de Jair Bolsonaro y, en todo caso, qué rol le cupo en ello a alguien con poder, pero sin firma, como Santiago Caputo y qué recursos materiales pudo haber comprometido el Gobierno.
¿Se desborda otra vez la interna, esta vez por el "efecto Lula"?
El ala santicaputista del Gobierno está muy motivada, al punto de que su trolera, que venía de capa caída, parece hallar en la narrativa de que Brasil sería la nueva Venezuela una razón para reactivarse.
El asesor juega al misterio para rodear de aura su rol en la huida del extremista de derecha brasileño.
Su lugarteniente Gordo Dan —alias "Daniel Parisini"— se sube, sin conseguir incidencia, a la fake news del "fraude", una que no compran ni siquiera los aliados brasileños recientes de un bolsonarismo en cuarto menguante.
Por otro lado, este y otro referente de la trolera, Agustín Romo, apuntan al frente interno, entendido como el centroderecha sin el que el mileísmo no conseguiría sobrevivir e, incluso, contra un ala del propio Gobierno.
Así, Dan ataca a quienes "se arrodillan" frente a Lula.
Romo, por su parte, se queja de los "tibios" que no entienden que el oficialismo no es un fenómeno liberal, sino simplemente de derecha extrema. En eso tiene razón.
Detrás de la nueva rebeldía de Patricia Bullrich
Hoy no se sabe cuáles son las fronteras del mileísmo. Por caso, Patricia Bullrich, que parece en condiciones demoscópicas de disputar la candidatura presidencial del espacio y que no oculta su deseo de hacerlo, ¿dónde se ubica?
Patricia Bullrich.
Por lo pronto, lo concreto es que la senadora se desmarcó del "no sabe/no contesta" de su presunto jefe político sobre el resultado de los comicios brasileños.
Para ella, "la gente decide en las urnas y su voluntad se respeta. Ese es el principio fundamental de toda democracia".
Sin eludir las "profundas diferencias políticas" con lo que reconoció como "el nuevo gobierno de Brasil", enfatizó que la relación bilateral debe basarse en intereses y no quedar rota, como lo está ahora, por consideraciones menores. Decir esa verdad y desautorizar a Milei son la misma cosa.
Como ella misma todavía no define cuán adentro y cuán afuera está, introdujo un matiz. Sobre el caso de Bolsonaro señaló en el mismo posteo que "es importante que la democracia no sea binaria: el que gana gobierna y el que pierde va a la cárcel". Tiene razón de nuevo, pero sería ideal que se animara a sacar las debidas conclusiones de su pensamiento en clave nacional.
Bullrich se despega de las imbecilidades de la "batalla cultural" en torno al proceso brasileño por convicción, pero también porque expresa lo que siente una amplia mayoría de la base de votantes que quiere preservar.
"Según una encuesta de QSocial (…), el 72% de quienes votaron a la actual senadora en 2023 considera que el jefe de Estado debería reconocer la victoria del mandatario brasileño, pese a sus diferencias ideológicas", escribió Susana Maidana en Letra P.
La exministra de Seguridad también pretende interpretar a los sectores del Círculo Rojo que la ven como un vehículo mejorado para sus intereses y no como mero muleto de un Milei que podría quedarse sin nafta antes de la meta.
Así, el "efecto Lula" hace nido en la opinión pública y en los intereses de la comunidad de negocios.
Saudades de un tiempo civilizado
Otros flecos de la política nacional, satélites del mileísmo en busca de rumbo propio, también responden a esos mandatos de la sociedad y del Círculo Rojo.
Por ejemplo, cómo no, Mauricio Macri, quien extendió su saludo y felicitación al vencedor del domingo.
Rápido de reflejos, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) aprovechó para devolver gentilezas y expresar sus saudades sobre el tiempo no lejano en que la relación bilateral no era el mamarracho que hoy impone Milei.
Otro sector que perdió el rumbo hace demasiado tiempo, la Unión Cívica Radical (UCR) también dio señales de actividad cerebral al saludar a Lula, todavía con mayor calidez.
Sin embargo, la desorientación suele expresarse en palabras torpes. Maximiliano Pullaro dijo que "Bolsonaro es el presidente legítimo del país vecino", pero casi que podría jurarse que quiso decir "Lula".
El peronismo y el dedo en la llaga de Milei
Para el peronismo, coincidir en política exterior es más fácil que en la interna.
Ecuménico, Lula respondió con afecto las felicitaciones tanto de Cristina Fernández de Kirchner como de Axel Kicillof.
Ya lanzado, el gobernador bonaerense la siguió y le contó las costillas a Milei, a quien le reprochó su silencio sobre los comicios, su culpa en la ruptura de la relación diplomática y una "irresponsabilidad (que) pone en juego el destino de empresas y trabajadores que dependen del comercio con Brasil".
Ese es el dedo en la llaga. La "batalla cultural" de la extrema derecha gobernante no se lleva bien con la prédica pronegocios del Gobierno y conlleva un "costo Milei".
¿Tendrá idea Toto Caputo de la forma en la que se balea los pies al adular a Milei como "un faro en el mundo" tanto por su tarea económica como por una "batalla cultural" que lo puede torturar en la campaña?