El lado B de la sesión preparatoria del Senado, en la que el peronismo se quedó sin vicepresidencias, tuvo una victoria silenciosa de Victoria Villarruel: la vicepresidenta retuvo los cargos que le garantizan la administración, en sociedad con la UCR, que también conservó sus espacios de poder. El kirchnerismo avaló en silencio.
En la Casa Rosada no pudieron sumar funcionarios ni correr de la presidencia provisional al senador libertario Bartolomé Abdala. Como contó Letra P, el puntano fue reelecto tras resistir embestidas de Patricia Bullrich, quien quería en ese lugar a Agustín Coto o Nadia Márquez. Los principales activos de Abdala son sus buenos vínculos con Villarruel y con la oposición, como la UCR y el peronismo, que mantiene su postura de respetar la línea sucesoria para alguien del oficialismo. Nadie quiere volver a 2001.
Villarruel y la UCR lograron hacer un scrum para retener las autoridades del Senado y seguirán con la sociedad que tienen para administrarlo desde 2023. Los fantasmas de una intervención de la Casa Rosada, que existen desde fines de 2024, quedaron en el olvido porque no hubo emisarios de Milei capaces de negociar un golpe tan abrupto contra la vicepresidenta, que la hubiera dejado solo tocando la campanita.
Los cargos de Victoria Villarruel
En la sesión preparatoria de este martes fueron reelegidas cuatro autoridades del Senado. Como desde hace dos años, las secretarías son ocupadas por gente cercana a Villarruel; y las prosecretarías, por radicales. La prosecretaría de coordinación operativa quedó vacante, pero seguiría en manos de Provincias Unidas. Quien la ocupaba, Manuel Chavarría, fue nombrado en un cargo en Yacyretá.
El secretario legislativo seguirá siendo Agustín Giustinian, un empleado de carrera del Senado con pasado en el bloque PRO. Fue reclutado por Villarruel para escoltar en la organización de las sesiones. El mismo origen tiene el secretario administrativo, que desde noviembre es Alejandro Fitzgerald.
El nombramiento de este último llegó a partir de un acuerdo de urgencia entre Villarruel, la UCR y el kirchnerismo, que buscaban evitar que siguiera vacante cuando Bullrich empezara a mover los hilos en el Senado. En estos meses no fue discutido nuevamente.
Villarruel tuvo muchos problemas para administrar el Senado: antes de Fitzgerald, renunciaron a la secretaría administrativa María Laura Izzo y Emilio Viramonte Olmos. En el PJ mantuvieron siempre la premisa de que el cargo debe ocuparlo una figura de confianza para quien lidere el Senado, sin intervenciones de la Casa Rosada.
Radicales, con poder
El radicalismo logró mantener a sus dos prosecretarios. El administrativo es Lucas Clark, cercano al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo. No es un cargo decorativo: además de asistir al secretario del área, por reglamento tiene a cargo la seguridad de la vicepresidencia.
La prosecretaría legislativa seguirá a cargo de Dolores Martínez, una exdiputada radical cercana a Martín Lousteau. Asumió de urgencia el cargo en 2023, cuando el peronismo se negó a ocuparlo. Su continuidad parecía peligrar hace un mes, pero ni Bullrich ni Villarruel aceleraron las gestiones para impedirla.
La buena relación de Martínez con los senadores y el peso de la UCR en el cuórum influyeron en esa decisión. El kirchnerismo avaló esta votación, aun cuando tampoco respeta las proporciones de las fuerzas. No le molestó, a diferencia de lo que ocurrió con las vicepresidencias, que no tendrán al peronismo oficial.
Ese fue el acuerdo de Bullrich con los aliados para sumar poder en el recinto. Con la administración del Senado, la jefa de LLA y la Casa Rosada no interfirieron. Quedó todo como estaba.