La Fundación Pensar presentó una nueva edición de su informe Pensar Argentina, en el que advierte que la estabilización económica conseguida por el gobierno de Javier Milei ya no resulta suficiente y que el principal desafío de la próxima etapa será conseguir que el crecimiento llegue a una mayoría de la población.
El documento sostiene, además, que las familias nunca estuvieron tan endeudadas y que el peso de sus obligaciones financieras alcanzó el máximo de las últimas dos décadas. El trabajo, titulado Atrápame si puedes – Parte II, traslada el análisis del modelo económico a la vida cotidiana de distintos sectores sociales. La tesis central es que, aunque algunas variables macroeconómicas muestran una mejora, esa recuperación todavía no se traduce de manera homogénea en los ingresos, el consumo y las condiciones materiales de los hogares.
“La paradoja del momento es que los números mejoran más rápido que la vida cotidiana”, señala el informe, que plantea que el Gobierno ingresa en una segunda etapa: convertir el orden macroeconómico en un bienestar social reconocible. La pregunta, según el documento, ya no es únicamente si baja la inflación, sino cuántos sectores pueden afirmar que el modelo también funciona para ellos.
La sociedad partida que ve la Fundación Pensar
La Fundación Pensar divide el escenario social en cuatro experiencias. En primer lugar aparecen los “ganadores tempranos”: personas con activos, dólares, ahorros, propiedades, capital o vínculos con los sectores más dinámicos de la economía, que cuentan con mayores herramientas para aprovechar la estabilización.
En un segundo grupo están los “esperadores”, integrado por sectores que todavía no mejoraron, pero mantienen la expectativa de hacerlo. Allí se ubican buena parte de la clase media formal privada, trabajadores registrados, jóvenes que conservan esperanza en el futuro y habitantes del interior productivo.
El tercer segmento es el de los “ajustados”, especialmente la clase media baja, que no necesariamente cayó bajo la línea de pobreza, pero perdió capacidad de consumo y estándar de vida. Finalmente, entre los “perdedores directos”, el informe menciona a jubilados que cobran la mínima, trabajadores informales, empleados públicos, hogares pobres con niños y familias sin capacidad de ahorro.
Para Mora Jozami, responsable del balance social incluido en el documento, la economía presenta ganadores más claros que hace un año, pero la Argentina continúa socialmente partida. “El Gobierno logró construir una narrativa de orden. Ahora necesita construir una experiencia de mejora”, afirmó.
El récord de endeudamiento de los hogares
Uno de los datos centrales del trabajo es el crecimiento de la deuda familiar. Según Pensar, el peso de las obligaciones de los hogares alcanzó el máximo de la serie del Banco Central, iniciada hace 20 años.
El aumento se concentra principalmente en tarjetas de crédito y préstamos personales, mientras que los créditos hipotecarios y prendarios continúan siendo marginales. De esta manera, no se trata mayoritariamente de financiamiento destinado a comprar una vivienda, un automóvil o construir patrimonio, sino de deuda de corto plazo para sostener el consumo, pagar gastos cotidianos y llegar a fin de mes.
“La tarjeta y los préstamos personales funcionan cada vez más como un complemento del salario”, sostiene el informe. Por esa razón, advierte que el regreso del crédito no debe ser interpretado automáticamente como una señal de prosperidad, ya que también puede expresar la falta de margen en los presupuestos familiares.
Los números que tensionan el relato del orden
El documento incluye una columna del exministro de Economía Hernán Lacunza, quien analiza cómo se distribuyeron los costos del ajuste. Según sus cálculos, entre fines de 2023 y la primera mitad de 2026 los perceptores de la Asignación Universal por Hijo duplicaron su beneficio, pero los jubilados que cobran el bono complementario perdieron un 15% de sus haberes reales.
En el mismo período, los empleados públicos registraron una caída del 17% en el salario real y los profesores universitarios, del 26%. La obra pública, en tanto, se redujo un 80% y quedó en mínimos históricos.
El economista Fernando Moiguer describe el proceso como una transformación “veloz, feroz y múltiple” y advierte que la clase media baja y los sectores populares son los más pesimistas: el 60% evalúa negativamente la situación del país, su realidad personal y su capacidad de compra.
El relevamiento también muestra diferencias generacionales. El 49% de los jóvenes asegura que el sueldo no le alcanza; el 46% de los adultos activos teme perder el empleo y el 44% resignó consumos que realizaba anteriormente. Entre los mayores de 60 años, seis de cada diez anticipan que en 2027 votarán por un cambio de gestión.
En materia laboral, la informalidad alcanzó al 44,2% de las personas ocupadas durante el primer trimestre de 2026, 2,2 puntos más que un año antes. La desocupación se ubicó en el 7,8%, la subocupación llegó al 11,1% y los ocupados que demandaban otro empleo representaron el 15,8%.
El diagnóstico de Pensar concluye que la estabilización puede darle tiempo al Gobierno, pero no garantiza por sí sola la construcción de una mayoría social. La próxima prueba para Milei será conseguir que la baja de la inflación, el orden fiscal y el crecimiento de determinados sectores comiencen a sentirse también en el salario, el empleo y la vida cotidiana.