El flamante concejal de Rosario Federico Lifschitz se convirtió en la apuesta local del gobernador Maximiliano Pullaro. El edil socialista sigue a sol y sombra al mandatario radical en cada actividad de espesor que se realice en la ciudad. Con el espaldarazo, el hijo del exgobernador le moja las orejas al intendente Pablo Javkin y a sus rivales internos dentro del Partido Socialista. En su entorno se entusiasman: “Lidera un equipo que se está preparando para la gestión”.
Lifschitz fue la sorpresa en las legislativas rosarinas. En su primera postulación, terminó segundo en la interna de Unidos detrás de la presidenta María Eugenia Schmuck y se convirtió en un actor relevante del frente oficialista. Al respect que merece su apellido, le agrega el tutelado que Pullaro practica sobre él.
“Hay un equipo preparado alrededor de la figura de Federico”, se sincera una de las personas que sigue de cerca los pasos del concejal. Lifschitz pretende ejercer un liderazgo dentro de Unidos, siempre de la mano de Pullaro. Para él, no hay un socialismo y un radicalismo. Ambos integran la misma línea interna.
Lifschitz tiene las puertas abiertas del gobierno provincial para lo que quiera. Pullaro lo colocó a su lado en la visita reciente de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Incluso, el equipo del radical distribuyó una foto que lo coloca por detrás del dúo al intendente Javkin.
Lifschitz preside la comisión de Seguridad en el Concejo y, desde ese rol, trabaja agenda en la temática más caliente de la ciudad. Por caso, el fin de semana participó de requisas sorpresivas en la cárcel de Piñero tras un encuentro que mantuvo a solas con el ministro Pablo Cococcioni. Camina pasillos de Casa de Gobierno sin custodia el concejal.
En el pullarismo tienen alta consideración por el socialista. “Es un dirigente muy cercano a Maxi, es de los dirigentes que creyó en el proyecto 'Maxi gobernador' desde el inicio y jamás puso condiciones para apoyar. Eso nosotros lo valoramos mucho, porque comparte nuestras convicciones”, sintetiza una de las personas de máxima confianza del mandatario.
Oreja derecha
Además de ser tutelado especialmente por el gobernador, lo que implica un ruido en la relación entre el gobernador y el intendente Javkin, el concejal es bien crítico –cuando la situación lo requiere– de la gestión local. De esa manera, hace un doble juego: banca a fuego la gestión de Pullaro y pega en lo local.
No obstante, a toda la exitación que emana el entorno de Lifschitz y su posibilidad de ser candidato a intendente de Pullaro en 2027, el entorno del gobernador le pone un freno. “Esas discusiones nos parecen muy lejanas, a Fede yo lo veo centrado en la gestión”, se sincera la vocería del pullarismo.
En CREO, el partido de Javkin, hay un apoyo firme al Pullaro de los primeros días. A través de un comunicado reciente, el espacio remarcó que ve en el radical “la decisión tomada de llevar adelante las acciones que se necesitan para lograr las transformaciones que Santa Fe merece y confiamos en que así se hará”.
Oreja izquierda
Lifschitz es una suerte de referente nuevo en la escena pública del PS. Militante barrial, coordinador de mesas partidarias, puso la cara a mediados de este año para encabezar una lista sin padrinos ni madrinas socialistas. El concejal no comulga en la línea que conduce la presidenta de la Cámara de Diputados Clara García, ni tampoco en la que lidera el exgobernador Antonio Bonfatti. Lo suyo va por otro lado. Si finalmente su hándicap se eleva, inevitablemente se abrirá un marco de tensiones en el PS. Pullaro estará, seguramente, para bancarlo.
Bloque socialista
Lifschitz es, a la vez, presidente del bloque socialista de cuatro integrantes en el Concejo. Lo acompañan su ladero Manuel Sciutto, Verónica Irizar (que responde a García) y Alicia Pino (seguidora de la ministra de Cultura Susana Rueda). Con tantas diferencias internas, no es menor la creación de un único bloque partidario. Hubo charlas con la radical pullarista Anahí Schibelbein para conformar un equipo más amplio, más en línea con la política del gobernador, pero las negociaciones no llegaron a buen puerto.