La Quinta de Funes, el centro clandestino de detención cuya reconstrucción anunció Maximiliano Pullaro.
En ocasión de los 50 años del último golpe cívico militar, el gobierno de Maximiliano Pullaro anunció la construcción de un espacio de la memoria en la Quinta de Funes, un excentro clandestino de detención hoy venido a menos. Mientras tanto, diputados peronistas de Santa Fe pidieron a Javier Milei que preserve el lugar.
El anuncio de Maximiliano Pullaro
Días antes del aniversario, la Casa Gris anunció que el próximo miércoles realizará un acto en el que abrirá los sobres con las ofertas para convertir a la Quinta de Funes en un espacio de la memoria. Con una inversión de $460 millones y cinco meses de trabajo, el objetivo es “intervenir, refaccionar, jerarquizar y conservar de manera integral este espacio” y “conseguir que se transforme en un sitio para la construcción y transmisión de la memoria colectiva”.
Una de las imágenes del Espacio de Memoria que se construirá en la Quinta de Funes.
El predio, ubicado sobre la vieja Ruta 9 en el centro de la ciudad de Funes -lindera a Rosario-, fue expropiado en 2017, pero durante años se mantuvo abandonado y fue víctima de actos de vandalismo que lo dejaron destruido. Recién en 2024 se constituyó la Mesa Promotora de la Quinta de Funes, con el objetivo de proteger el lugar y motorizar las obras que se incluyeron en la ley de expropiación sancionada en 2016.
En este tema, el gobierno santafesino quedó alineado con el peronismo. Los diputados santafesinos de Unión por la Patria firmaron un proyecto exigiéndole a Milei que reconozca las actividades de construcción de memoria que suele organizar la Mesa Promotora allí y que se encargue de la preservación de la Quinta como sitio de la memoria. El proyecto lo firmaron Germán Martinez, Caren Tepp, Agustín Rossi, Alejandrina Borgatta, Florencia Carignano, Diego Giuliano y el exsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla Corti.
Los enviados de Maximiliano Pullaro
Al frente del tema está el secretario de Derechos Humanos, Emilio Jatón. El exintendente de Santa Fe es el que lleva el vínculo con la mesa promotora y ha visitado más de una vez la Quinta de Funes. Una de las últimas excursiones que hizo fue con la compañía de Lisandro Enrico, ministro de Obras Públicas, para conocer de cerca el estado del excentro clandestino de detención -hoy una casona semiabandonada- y precisar qué trabajos son necesarios.
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Imagen difundida por el gobierno de Santa Fe sobre el proyecto de la Quinta de Funes.
Antes del anuncio del gobierno provincial, la Legislatura había dado un paso clave al sancionar una ley que incluyó a la Quinta de Funes dentro del Sistema de Comisiones de Espacios de la Memoria de Santa Fe, a instancias del diputado socialista Joaquín Blanco. De esta manera, se aseguró el funcionamiento del predio -donde hoy se realizan actividades culturales y visitas escolares- más allá del gobierno provincial de turno.
Qué pasó en la Quinta de Funes
El predio, una típica quinta vacacional, era propiedad de Ana Cura de Fedele, quien se lo alquiló al II Cuerpo de Ejército que tenía asiento en Rosario y abarcaba las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa. En ese entonces, esa unidad estaba bajo el mando de Leopoldo Fortunato Galtieri, quien luego terminó siendo titular de la Junta Militar. Allí, entre septiembre de 1977 y enero de 1978, estuvieron detenidos 16 militantes políticos, de los cuales 15 terminaron desaparecidos.
La Quinta de Funes no fue un centro clandestino clásico, sino que fue escenario de un perverso experimento. Los allí detenidos, según testimonios surgidos en las sucesivas causas judiciales, no eran torturados con los métodos tradicionales, sino que eran forzados a vivir “en normalidad”, habitando lugares de la casa como la cancha de vóley o la pileta. El objetivo era “quebrarlos” y liberarlos, para que funcionen como infiltrados en Montoneros. Dentro de la Quinta había una imprenta donde los militares producían panfletos falsos para atribuirles a las organizaciones.
La operación México
El centro clandestino duró poco porque, justamente, la operación de Galtieri y su banda falló. El dictador negoció en la Quinta con uno de los detenidos, Tulio “Tucho” Valenzuela, quien le prometió que si lo liberaban viajaría a México y entregaría a Mario Firmenich y la cúpula de Montoneros, refugiados allí. Galtieri confió y autorizó el operativo, pero Valenzuela se escapó al llegar a México y le reveló el plan a los jerarcas montoneros. Luego, hizo público lo sucedido en una conferencia de prensa, por lo que un diario mexicano llamó a la Quinta y así los militares decidieron desmantelarlo.
Los detenidos que aún estaban en la Quinta -llamada Casco La Argentina- fueron trasladados primero a la Escuela Magnasco, otro CCD ubicado en Rosario, y luego a La Intermedia, una casa en Timbúes donde fueron fusilados. La que corrió un destino distinto fue Raquel Negro, pareja de Valenzuela, que estaba embarazada de mellizos. Negro fue obligada a parir en el Hospital Militar de Paraná, luego asesinada y su cuerpo trasladado a La Intermedia. Los mellizos fueron apropiados y recién en 2008 se encontró a Sabrina, nieta recuperada N° 96, quien aún hoy busca a su hermano.
Galtieri
La Quinta de Funes fue escenario de un perverso operativo del genocida Leopoldo Fortunato Galtieri.
Una extraña princesa monegasca
La historia fue reconstruida, en su mayoría, gracias al testimonio de Jaime Dri, el único sobreviviente. Dri había sido trasladado a la Quinta desde la ESMA, y volvió allí cuando los militares decidieron desmantelar el CCD ubicado en Funes. Lo que pasó fue conocido en la causa Guerrieri I, donde declaró Dri, y en el histórico libro “Recuerdos de la Muerte”, de Miguel Bonasso. Por su parte, Rafael Bielsa escribió la historia de Valenzuela en el libro “Tucho. La ‘Operación México’ o lo irrevocable de la pasión”, que sirvió como base para la película que se filmó en 2015 en el predio ubicado en Funes.
Tras los años de plomo, la Quinta fue pasando de manos. Antes de la expropiación, había sido noticia por su estado de abandono -un obstáculo para filmar la película- y por la realización de fiestas allí. El episodio más paradójico, sin embargo, lo reveló Bonasso en una columna del diario Página12 en 1999: una extraña mujer que se autodenominaba princesa oriunda de Mónaco, llamada María Isabel Esquivel, fue a visitar a Marcelo Bielsa a un entrenamiento del Espanyol de Barcelona, equipo que dirigía, y le quiso vender el predio. El técnico hasta lo fue a ver, pero desistió de la compra.