En su paso por Córdoba, Emilio Monzó y Diego Bossio, los principales ingenieros del proyecto que promueve a Jorge Brito como próximo ocupante de la Casa Rodada, apuraron un marco de referencia probabilístico, con más de intuición política que de rigor estadístico: el empresario banquero está decidido “en un 70%” a lanzarse como candidato.
En esta provincia, la tarea de construcción ha recaído en manos de un viejo conocido de los ya mencionados, más reconocido por ellos que por los cordobeses ajenos a la dinámica política, el también diputado Nicolás Massot. El cordobesismo, el radicalismo que no está con Javier Milei y outsiders, entre los primeros apuntados.
Por estas semanas simplemente ha acercado sus oficios a la vasta red de vinculaciones acumulada durante años, que aquí y allá anuda funcionarios judiciales, capitostes gremiales, relacionistas públicos, economistas, empresarios e industriales.
A muchos no necesita acercar el CV del expresidente de River. En particular a quienes peregrinan por el Círculo Rojo. A otros les alcanza con la profundidad de la cartera del Banco Macro. Menos protocolo aún requieren sus contactos con dirigentes políticos.
La estrategia de Massot sí distingue según el target de su búsqueda. Pensando en sumar voluntades para engordar una oferta presentada desde el medio, recorre coordenadas de su época de armador en Juntos por el Cambio.
Emilio Monzó en la redacción de Letra P
A pocos pasos aparecen dirigentes del PRO sin lugar en la estructura ofrecida por Martín Llaryora y desencantados con la menguada estructura de un partido esmerilado por las internas.
Luego, radicales que han disputado el renovado dominio de Rodrigo de Loredo. Viejos armadores mestristas abren canales de diálogo con dirigentes que han confluido en Más Radicalismo y rechazan cualquier aproximación al proyecto de Milei. El exintendente de Río Cuarto, Juan Jure, goza de buen concepto de los armadores bonaerenses del banquero. Cabe recordar que el dirigente del sur de Córdoba se alió con Ramón Mestre para pelearle la conducción de la UCR a Rodrigo de Loredo, sin éxito, salvo en el departamento Colón.
Tampoco faltan cafés con cordobesistas, vinculados ya hace años en proyectos definidos como centristas, con la experiencia de Provincias Unidas como antecedente inmediato. Tales movimientos se ajustan a definiciones nacionales que amasa Monzó, sin escapar a la ambigüedad que guía la agenda de Llaryora, quien posterga cualquier encaje nacional a su propia reelección.
Como contó Yanina Passero en Letra P, la cabeza de la lista de senadores aparece como una de las primeras ofertas para tentar a los apalabrados. Otras opciones no se barajan al mismo ritmo.
Las experiencias de Nicolás Massot
En un contexto político diferente, con partidos políticos de identidades diluidas en alianzas, la tarea del economista nacido en Bahía Blanca conserva similitudes con la que realizara a inicios de la pasada década.
Por entonces, también encomendado por el exfuncionario de Daniel Scioli y de Mauricio Macri, Massot realizó un paulatino desembarco. Designado primero como Director de la Casa de Buenos Aires en Córdoba incrementó sus visitas hasta convertirse en el constructor de la campaña que depositara a Héctor Baldassi como diputado nacional por el PRO en 2013.
Meses después, fijaría domicilio en la provincia. Ya en pareja con María Kammerath, hija del exintendente ucedeísta Germán Kammerath. Dedicaría todo 2014 a consolidar el armado mediterráneo de Cambiemos, promoviendo muchos encuentros por fuera del escrutinio público.
En junio de 2015, sorteando cuestionamientos por plazos legales, se ubicaría en el quinto lugar de la lista para Diputados de la alianza que consagraría a Macri como presidente. Su llegada a la Cámara Baja resultaría sorpresiva para los tantos que desconocían su nombre. Quienes lo trataban prefirieron hablar de un reconocimiento a sus dotes para la rosca.
Nuevamente mudado a Buenos Aires, nunca dejaría de frecuentar la tierra que fuera amarilla. Mucho menos a los contactos cosechados durante cuatro años. Sus despachos y oficinas han seguido recibiendo a dirigentes cordobeses de variada extracción, los mismos a los que ahora comparte los atributos de otro precandidato que promete una alternativa del medio.
La mira de Jorge Brito
El scouting también incluye algunos outsider, otra semejanza con la experiencia de la pasada década. Uno de los nombres que ya ha trascendido es el de Juan Manuel Cavagliatto, el presidente de Instituto, el tercer equipo de la ciudad en Primera, hoy atravesando su mejor momento futbolístico en la Liga Profesional.
Edificador del equipo que ganara varios títulos en la Liga Nacional de Básquet, también ha estado en el radar del peronismo durante la fase expansiva del Partido Cordobés.
Juan Manuel Cavagliatto, Martín Llaryora y Chiqui Tapia, en la inauguración del predio de Instituto, en Córdoba.
En rigor, el joven dirigente es el más cercano a Claudio Chiqui Tapia entre todos los presidentes cordobeses. La suma de éxitos deportivos podría ayudar a digerir el rechazo que muchos sienten por el presidente de AFA.
Apuntes de otros trazos invitan a mirar hacia otras instituciones sobre las que no pesa el descrédito que se adjudica exclusivamente a la política. Colegios profesionales y Círculo Rojo como concepto; directivos “exitosos”, jóvenes empresarios e influyentes analistas como ideales más propios de otras latitudes.
Precisamente, las particularidades de la escena política mediterránea es un punto sobre el que muchos advierten a aquellos entusiastas que buscan analogías, cuando no confirmaciones de sesgo, con números que barajan en Buenos Aires.
Se ha dicho ya, en Córdoba la imagen de Milei, aún en baja, sigue siendo más alta que la media nacional. El dato, refrendado por varias encuestas, obliga a matizar cualquier predicción de desplomes hacia 2027. Sobre todo para quienes miren con ansiedad el progreso de aquel marco probabilístico, hoy en 70%.