Hace tres semanas, Flávio Bolsonaro parecía encaminado a convertirse en presidente de Brasil. Había sacado el 47% de los votos contra el 45,2% de Lula da Silva y llegaba al balotaje con una ventaja que, hasta ahora, había sido decisiva: desde 1989, cuando se celebró la primera elección presidencial directa tras la dictadura, nunca el segundo de la primera vuelta había ganado la segunda.
Este domingo ocurrió por primera vez. Con el 100% escrutado, Lula obtuvo el 51,8% de los votos válidos contra el 48,2% de Flávio. Fueron 4,4 millones de votos de diferencia sobre 124 millones emitidos, más del doble de la ventaja con la que había derrotado a Jair Bolsonaro en 2022. Así, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) será presidente por cuarta vez, algo inédito en Brasil.
En América Latina las remontadas son más comunes. Desde 1990, en 22 de 62 balotajes presidenciales de la región ganó quien había quedado segundo en primera vuelta. Ocurrió, entre otros, con Mauricio Macri en 2015 y Javier Milei en 2023, en Argentina; Gabriel Boric en 2021 y José Antonio Kast en 2025, en Chile. Brasil era la excepción. Ya no lo es.
Claves del triunfo de Lula da Silva
¿Qué cambió en apenas tres semanas? La primera pista está en el mapa: casi todo el país se movió en la misma dirección. Si comparamos en cada municipio el porcentaje de los dos finalistas, la diferencia se desplazó hacia Lula en el 97% de los municipios: 5.389 sobre 5.571. Solo 182 se movieron hacia Flávio. Lula mejoró en los 26 estados brasileños y en el Distrito Federal.
El giro alcanzó lugares muy distintos. En Río de Janeiro, la proporción de Lula entre los votos de ambos finalistas creció 4,3 puntos; en São Paulo, 3,8. Minas Gerais cambió directamente de ganador: en la primera vuelta se había impuesto Bolsonaro por casi cinco puntos y en el balotaje Lula obtuvo el 50,4%. No es un estado cualquiera: desde 1989, el candidato más votado en Minas también ganó la elección nacional, en todas las vueltas presidenciales. La racha sigue intacta.
La recuperación también fue bastante pareja entre distintos tipos de municipios. Si los agrupamos por nivel de ingresos, presencia evangélica o proporción de hogares que reciben el Bolsa Família, el corrimiento de la diferencia hacia Lula fue de entre cuatro y seis puntos en casi todos los grupos. Fue algo más moderado en los municipios ricos y pequeños. Y aunque estas comparaciones no permiten saber cómo votó cada persona, muestran que la remontada no se concentró en un territorio o grupo social particular.
La participación, contra Flávio Bolsonaro
Otra pieza decisiva fue la participación. Entre las dos vueltas, pasó del 79,1% al 81% del padrón: casi tres millones de votantes más. A la vez, los votos blancos y nulos bajaron del 4,8% al 3,2% de los sufragios emitidos, unos 1,8 millones menos. En 2022 casi no había cambiado la participación entre vueltas. Esta vez, además de moverse las preferencias, hubo más gente eligiendo a alguno de los dos finalistas.
Los candidatos eliminados habían sumado 9,3 millones de votos. Si a ellos les sumamos los 1,8 millones de blancos y nulos menos y los casi tres millones de votantes adicionales, aparecen unos 14 millones de votos nuevos para los finalistas. Lula se quedó con 10,4 millones y Flávio con 3,7 millones. Cerca de tres de cada cuatro votos nuevos para ambos terminaron en manos de Lula.
Más votos para Lula en Brasil
¿De dónde vinieron? Una estimación realizada a partir de 357.000 mesas electorales aporta una respuesta interesante. Entre quienes habían votado por Augusto Cury, Lula se habría impuesto por 54% a 34%; los de Renan Santos se repartieron casi por mitades y los de Ronaldo Caiado tendieron algo más hacia Flávio. El saldo neto para Lula entre votantes de otros candidatos habría sido de solo 600.000 votos.
El grueso de la diferencia, según esa estimación, se explica por otro lado. Los que habían votado en blanco o nulo y los que no habían participado en primera vuelta se habrían inclinado fuertemente por Lula. Estos grupos aportaron unos 4,3 millones de votos de ventaja. Hay que tomar las cifras con cautela: comparar mesas permite hacer inferencias, pero no seguir a cada votante. Aun así, sugieren que la movilización y el voto antes no expresado fueron más importantes que la transferencia entre candidatos.
Las diferencias regionales también cuentan la historia. En primera vuelta parecía que el Nordeste, bastión histórico del PT, ya no alcanzaba para compensar las derrotas en otras regiones. En el balotaje, la ventaja de Lula allí pasó de 11,1 a 13,7 millones de votos, incluso por encima de los 12,6 millones de 2022. La participación llegó al 83,5%, la más alta del país. Y la desventaja en el Sudeste se redujo a la mitad, de 5,7 a 2,8 millones. El Sur y el Centro-Oeste, en cambio, cambiaron mucho menos.
Hay otra historia detrás del resultado: el Brasil que votó a Lula en 2026 no es exactamente el mismo que en 2022. A nivel nacional mejoró nueve décimas, del 50,9% al 51,8%. Pero ganó en menos municipios: 2.875 contra 3.123 hace cuatro años. Esta aparente paradoja se debe a que el crecimiento de Lula se dio en las grandes ciudades y, en contraste, a que retrocedió en los pueblos chicos. En las ciudades de más de un millón de electores, Lula mejoró 3,1 puntos frente a 2022; en los municipios de menos de 10.000 cayó 2,9. También creció en las localidades con más universitarios y perdió terreno donde el agro tiene mayor peso. De este modo, la geografía de su apoyo es hoy algo más urbana y menos rural.
La espectacular remontada de Lula deja tres lecciones:
- Primero, fue posible porque la economía durante su gobierno fue bastante buena: la economía creció (moderadamente) todos los años, los salarios reales treparon 17% y la pobreza tocó mínimos históricos. Sin eso, los votos tanto en primera como en segunda vuelta hubieran sido más flacos.
- Segundo, Lula tuvo una iniciativa política encomiable después de la primera vuelta, incluyendo la reducción de la jornada laboral como bandera, y obligando a Flávio a cambiar de postura sobre el tema.
- Tercero, la movilización que logró el PT (tanto en las calles como a nivel digital) fue algo impresionante, del cual seguramente muchos progresismos latinoamericanos tendrán tela para cortar en los años que se vienen.