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SEMANA SANTA FE

La construcción de Maximiliano Pullaro en el reverso del cordobesismo

El radical juega a dos bandas: tiene la chance de la reelección, pero quiere ser actor nacional. Contraste con Javier Milei para evitar la experiencia Córdoba.

A Maximiliano Pullaro y su equipo lo inquieta una variable de su juego. El gobernador de Santa Fe quiere evitar el aislamiento que percibe en el cordobesismo y tiene decidido, aún sin convertirse en presidenciable, en ser un actor de la política nacional. Pragmático, el radical elige los temas para rivalizar con Javier Milei y escapa del alambre en la Bota.

“El cordobesismo se convirtió en un proyecto meramente provincial y nosotros queremos ser otra cosa”, postula una de las figuras más cercanas a Pullaro. El mandatario viene tomando de modo sostenido una participación más fuerte en la discusión nacional, aunque aclare y reitere que su plan no es ser candidato a presidente en 2027.

El juego nacional de Maximiliano Pullaro

A Pullaro le salió mal la experiencia de Provincias Unidas, pero está dispuesto a trabajar en una aventura nacional para enfrentar a La Libertad Avanza y el peronismo en 2027. Acompañaría con todo gusto, por ejemplo, al expresidente Mauricio Macri en su intento de colocar una figura que tercie y emule de alguna manera al extinto Juntos por el Cambio.

Aparejado a ese enfoque, el gobernador que tiene chance de reelección no pierde de vista su plan individual, su proyecto de futuro. Como contó Letra P, se siente solo en la cancha de la política santafesina, sin rivales, pero pretende jugar en la escena nacional cuando lo considere. No de modo arrebatado, a los empujones, sino cuando la actualidad lo requiera. Por temáticas, como suele describir su entorno.

“Maxi forma parte de un partido nacional y creemos que algunos debates nacionales nos incumben”, remarca uno de los ministros santafesinos de primera línea. Si bien en el primer anillo del mandatario radical descartan que sea parte de un plan, es verdad que Pullaro comenzó un camino de diferenciación nítida con Milei.

El contraste con Javier Milei

Desde que ambos iniciaron sus mandatos, el gobernador santafesino le reprochó en público al Presidente su decisión inquebrantable de no hacer obra pública y beneficiar, mediante su plan económico, a la timba financiera. Le reconoció, a la par, el orden macroeconómico, el intento por bajar impuestos y su vocación por el ajuste fiscal.

Con todo, en las últimas semanas, a esa postura robótica que tiene Pullaro le agregó una cuota de sensibilidad. Hay una orden que bajó a todo el gabinete ampliado de Unidos: hay que contrastar con el gobierno de Milei. En ese terreno, gana la preocupación social. “A la gente le cuesta llegar a fin de mes, hace rato lo venimos marcando”, pondera un alfil del pullarismo. La encuesta de la consultora Innova, que publicó Letra P, reflejó que los sueldos son la principal preocupación en el país por estos tiempos.

Las diferencias políticas entre Santa Fe y Córdoba

De ahí la comparativa con el cordobesismo, una experiencia que el pullarismo observa con atención para no repetir. La experiencia política exitosa que engendraron Juan Manuel de la Sota y Juan Schiaretti logró congraciarse con un electorado antiperonista al identificar como enemigo al kirchnerismo. Esa narrativa de “nos arreglamos con lo nuestro, no necesitamos de la Nación”, que acuñó el peronismo cordobés, es adonde no quiere llegar Pullaro.

El gobernador Martín Llaryora arrancó su mandato con el mítico “pituquitos de Recoleta”, pero hoy, a casi tres años de esa frase, la actualidad del mandatario es muy distinta, replegado en la pelea provincial para que La Libertad Avanza y sus aliados no le arrebaten el terruño.

Embed - Los pituquitos de Recoleta - LLaryora

Pullaro, en su primer mandato, fue arquitecto de Provincias Unidas, influyó de manera decisiva para ungir como presidente de la UCR a Leonel Chiarella y está dispuesto a armar un proyecto presidencial para 2027. No será él, porque su red es la reelección provincial. No cometirá porque, repite hasta el hartazgo, que no le gusta la política concebida desde Buenos Aires. Sin embargo, no alambrará Santa Fe; dividirá su relato entre lo meramente provincial y se meterá en la discusión grande todas las veces que lo crea necesario.

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