Jorge O'Reilly, el negacionista que conspiró contra Jorge Bergoglio
Su tuit con el Falcón verde memoró viejas maniobras. Reuniones reservadas. Presiones cruzadas. Diplomacia paralela. El rol de Sergio Massa en el plan fallido.
El nombre de Jorge O'Reilly Lanusse volvió al centro de la escena tras un tuit polémico, pero en los pasillos del poder resurgió su papel en una operación que, según pudo reconstruir Letra P con fuentes políticas y eclesiásticas, buscó desplazar a Jorge Bergoglio con avales cruzados que también alcanzaron a Sergio Massa.
La publicación con su imagen apoyado en un Ford Falcón verde, difundida el 24 de marzo, no fue un hecho aislado. Funcionó como disparador de una memoria incómoda. En ámbitos políticos, eclesiásticos y diplomáticos reapareció una trama subterránea: el intento de correr a Bergoglio del Arzobispado de Buenos Aires antes de su llegada al papado.
Detrás de esa historia aparece una figura persistente y controvertida: O'Reilly, abogado, desarrollador inmobiliario y vinculado a la familia militar y al Opus Dei. Su sombra circuló durante años asociado a operaciones que cruzaron negocios, religión y política en plena tensión entre el kirchnerismo y la Iglesia.
Un operador entre la fe y los negocios
Formado en el Colegio Cardenal Newman y graduado en la Universidad Católica Argentina (UCA), O’Reilly construyó poder desde el mundo empresarial. Fue uno de los fundadores de Eidico, desarrolladora clave en la expansión de barrios cerrados en el norte del conurbano bonaerense.
Su influencia trascendió el sector inmobiliario: cultivó vínculos con sectores conservadores de la Iglesia, desde el Opus Dei hasta espacios cercanos al lefebvrismo, y tejió relaciones políticas de alto nivel. Entre ellas, con Massa, quien lo incorporó como asesor ad honorem durante el paso por la Jefatura de Gabinete del tigrense. Actualmente, según fuentes consultadas por Letra P, el vínculo entre ambos es distante.
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Jorge O'Reilly y Victoria Villarruel
En ese rol, de acuerdo con reconstrucciones coincidentes de fuentes políticas y eclesiásticas, comenzó a incidir en un terreno sensible: la relación entre el Gobierno argentino y el Vaticano, en plena crisis tras el rechazo del plácet a Alberto Iribarne como embajador.
“Hay que dejarse de pelear con todo el mundo y el primero en la lista es la Iglesia”, planteó O’Reilly en una reunión de gabinete ampliado, según el libro En el nombre del Papa, de Mariano de Vedia.
Cronología de una operación fallida
El primer movimiento se ubicó entre fines de 2008 y principios de 2009. Enviado por Massa, O'Reilly pidió una reunión con el entonces canciller Jorge Taiana. El encuentro se realizó en el Ministerio de Relaciones Exteriores, con la presencia del secretario de Culto, Guillermo Oliveri.
Allí expuso una propuesta que sorprendió a los funcionarios: decía tener una salida para el conflicto del Obispado Castrense, abierto tras la expulsión de Antonio Baseotto. Pero el trasfondo generó mayor inquietud. Según se escuchó oportunamente en las oficinas de Esmeralda 1212, en el barrio porteño de Retiro, implicaba rediseñar el vínculo con la Iglesia y desplazar a Bergoglio como interlocutor central.
La iniciativa no prosperó. Pero el episodio no terminó allí.
Hacia fines de 2009, el entonces nuncio apostólico Adriano Bernardini dejó trascender una mirada crítica sobre el cardenal. “Ese hombre está enfermo de poder”, dijo en una conversación con un funcionario, según reconstrucciones políticas. En la misma charla, se quejó de que Bergoglio promovía a obispos a sacerdotes de "su partido político" (sic).
Ese mismo intercambio incluyó un dato clave: una reunión reservada en la Casa Rosada, convocada por Massa, con la participación de O'Reilly, el obispo Oscar Sarlinga, Bernardini y el canciller vaticano Dominique Mamberti, de visita oficial en el país.
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Sergio Massa lejos de Jorge Bergoglio
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El encuentro fue inusual: nocturno y con ingreso por una puerta lateral y no por la protocolar Balcarce 50. Allí se habría retomado el plan de trasladar a Bergoglio a Roma, bajo la órbita de Benedicto XVI, y ubicar a Sarlinga al frente de la sede eclesiástica porteña y primada.
El resultado fue adverso. Según fuentes vaticanas, Mamberti se retiró molesto. La maniobra empezaba a mostrar fisuras.
El eje Massa-O'Reilly y la resistencia interna
La hipótesis de una operación coordinada entre sectores del Gobierno y alas conservadoras, tanto locales como vaticanas, ganó fuerza con el tiempo. El objetivo: recomponer la relación bilateral y, a la vez, neutralizar a un actor incómodo como Bergoglio, a quien Néstor Kirchner llegó a definir como “el líder de la oposición”.
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CFK, Jorge Bergoglio y Néstor Kirchner en la catedral porteña
Sarlinga admitió años después que existió un intento de ese tipo, aunque negó haber participado activamente. “Fue una maniobra entre el Gobierno y sectores conservadores del Vaticano”, sostuvo.
Desde Cancillería, la reacción fue inmediata. Taiana confirmó que la jugada existió y que fue desactivada. “Jugamos en contra y abortamos algo que podía avanzar”, afirmó.
El episodio también dejó al descubierto tensiones dentro del oficialismo. Sectores más cercanos al progresismo resistieron una operación que, según entendían, respondía a un armado paralelo impulsado por Massa y su entorno.
Jorge Bergoglio, la memoria y las consecuencias
En el entorno de Bergoglio, la historia dejó huella. Aunque entonces reaccionó con ironía -“ni loco me sacan de acá”, dijo a un colaborador-, quienes lo conocían señalan que no olvidaba.
“Esas cosas se perdonan, pero no se olvidan”, resumió una fuente eclesiástica.
Con el tiempo, la relación entre Francisco y Massa quedó atravesada por esa desconfianza. Durante años, el Vaticano mantuvo distancia con el dirigente del Frente Renovador, incluso en momentos clave como la campaña presidencial de 2015.
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Jorge Bergoglio en la catedral de Buenos Aires
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En paralelo, O'Reilly siguió orbitando en los márgenes del poder. Su nombre reapareció en distintas ocasiones como posible embajador ante la Santa Sede, un objetivo que persigue desde entonces.
Incluso logró recomponer el vínculo con Francisco mediante intermediarios eclesiásticos. Pero el antecedente nunca desapareció.
El reciente tuit del empresario reactivó esa memoria. No sólo por su contenido, sino por lo que evoca: la persistencia de una figura que se movió en uno de los terrenos más sensibles del poder argentino.
En esa intersección entre religión y política, en la que las operaciones rara vez dejan huellas documentales, la historia de O'Reilly funciona como caso testigo: la disputa por la influencia en la Iglesia también se juega -y se jugó- en clave de poder.