CINCUENTA AÑOS NO ES NADA

Enrique Angelelli, el mártir que el peronismo disputa y la Iglesia se resiste a partidizar

Ricardo Quintela buscó una foto de unidad. Máximo Kirchner, presente. Axel Kicillof, ausente. Gambeta de los obispos para no caer en la trampa de la interna.

El homenaje por los 50 años del asesinato de Enrique Angelelli terminó exhibiendo en La Rioja dos lecturas sobre su legado. Mientras el gobernador Ricardo Quintela intentó convertir la conmemoración en un gesto de unidad del peronismo, la Iglesia riojana y el Episcopado insistieron en preservar el carácter pastoral y martirial del obispo para evitar cualquier apropiación partidaria.

Quintela llevaba semanas preparando el homenaje como algo más que una conmemoración religiosa. El gobernador riojano pretendía aprovechar el peso simbólico de Angelelli para reunir al peronismo en un momento de fragmentación y exhibir una imagen de reencuentro nacional.

Consiguió una convocatoria importante, aunque incompleta.

Máximo Kirchner llegó a La Rioja después de la ofensiva internacional del kirchnerismo para lograr un pronunciamiento del Comité de Derechos Humanos de la ONU sobre la condena e inhabilitación de Cristina Fernández de Kirchner, un movimiento que revitalizó políticamente al sector más cercano a la expresidenta.

Ricardo Quintela, Máximo Kirchner y Wado de Pedro, juntos en La Rioja

Ricardo Quintela, Máximo Kirchner y Wado de Pedro, juntos en La Rioja

Axel Kicillof, en cambio, volvió a tomar distancia. Envió a la jefa de Asesores bonaerense, Cristina Álvarez Rodríguez, pero evitó una fotografía que interpretaba como prematura mientras continúa la disputa por el liderazgo del PJ y el armado de 2027.

La foto de unidad del peronismo, a medias, que el gobernador Ricardo Quintela consiguió en La Rioja.

La foto de unidad del peronismo, a medias, que el gobernador Ricardo Quintela consiguió en La Rioja.

La ausencia volvió a dejar en evidencia una tensión que Quintela intenta moderar desde hace meses. El riojano se presenta como vocero de un peronismo tierra adentro cansado de que la interna bonaerense condicione al resto del partido.

Después de haber intentado disputarle la presidencia del PJ a CKF en 2024, sostiene que la prioridad es reconstruir una conducción común, aunque en privado no oculta que ve en Kicillof al dirigente con mayor proyección nacional.

El homenaje, sin embargo, terminó mostrando los límites de ese objetivo. Hubo dirigentes, legisladores e intendentes. Hubo liturgia política. Pero la unidad volvió a quedar pendiente.

Un obispo incómodo para todos los poderes

La historia de Angelelli resiste cualquier apropiación lineal. Formado en el Concilio Vaticano II y en la renovación pastoral latinoamericana, llegó a La Rioja en 1968 decidido a construir una Iglesia cercana a trabajadores rurales, cooperativas campesinas y comunidades eclesiales de base.

Su conocida definición -"un oído en el pueblo y otro en el Evangelio"- sintetizaba una opción pastoral por la justicia social, no una adhesión partidaria.

Esa autonomía explica por qué enfrentó a la dictadura, a los grandes propietarios riojanos y también al propio peronismo cuando entendió que abandonaba a los sectores populares.

El episodio de Anillaco, en junio de 1973, continúa siendo la mejor prueba. La diócesis respaldaba entonces a una cooperativa que reclamaba tierras improductivas frente a la resistencia de comerciantes, terratenientes y familias influyentes de la zona.

Durante una celebración religiosa, un grupo vinculado a los llamados Cruzados de la Fe irrumpió en el templo, agredió con piedras al obispo y obligó a suspender la ceremonia.

Una respuesta inusual

Angelelli impuso un entredicho canónico contra 13 participantes del ataque -entre ellos, familiares del entonces gobernador Carlos Menem-, prohibiéndoles temporalmente participar de determinados actos litúrgicos y recibir sacramentos hasta que manifestaran arrepentimiento. Paralelamente, suspendió celebraciones religiosas en la zona mientras persistiera el clima de violencia.

El obispo Enrique Angelelli camina junto a un funcionario riojano en 1973

El obispo Enrique Angelelli camina junto a un funcionario riojano en 1973

La Santa Sede envió como visitador apostólico al arzobispo santafesino Vicente Zazpe, quien terminó respaldando plenamente la orientación pastoral del obispo riojano.

Menem, que inicialmente había acompañado el reclamo campesino, terminó retrocediendo frente a las presiones de los sectores dominantes.

Ese antecedente vuelve especialmente incómoda cualquier lectura que pretenda presentar a Angelelli como patrimonio exclusivo del peronismo.

La Iglesia preserva el legado

Mientras la política discutía fotografías, la Iglesia mantuvo otra agenda. La diócesis declaró 2026 Año Jubilar de los Mártires Riojanos y organizó celebraciones durante varios días en Chamical, Punta de los Llanos, El Pastor y la Catedral.

El aniversario excedía ampliamente el acto del sábado.

También coincidía con una particularidad institucional: el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo (Mendoza), fue obispo de La Rioja entre 2013 y 2018, mientras que su sucesor, Dante Braida, conduce actualmente la estratégica Comisión Episcopal de Pastoral Social.

Ambos representan lo que dentro del Episcopado muchos identifican como el "eje riojano": una sensibilidad social heredera de Angelelli que reivindica la justicia social, el trabajo digno y la opción por los pobres, pero evita confundirse con una identidad partidaria.

Los obispos Dante Braida y Marcelo Colombo en el Vaticano

Los obispos Dante Braida y Marcelo Colombo en el Vaticano

Durante las celebraciones, Braida insistió en la necesidad de fortalecer la "caridad política" y reconstruir consensos frente al deterioro social. Colombo sostiene una línea similar desde la conducción episcopal, junto a obispos como Ángel Rossi (Córdoba), Gustavo Carrara (La Plata), Carlos Tissera (Quilmes), Eduardo García (San Justo), Jorge Torres Carbonell (Gregorio de Laferrere), Maxi Margni (Avellaneda-Lanús), Jorge García Cuerva (Buenos Aires) y Oscar Ojea (emérito de San Isidro).

Ese lenguaje muchas veces dialoga con tradiciones del peronismo y comparte una misma postura crítica del modelo libertario de Javier Milei, aunque su fundamento no es político, sino la Doctrina Social de la Iglesia. La diferencia puede parecer sutil, pero resulta decisiva.

Una memoria que sigue incomodando

La historia terminó reforzando esa autonomía. Durante décadas, el asesinato de Angelelli fue presentado oficialmente como un accidente automovilístico.

Recién en 2014 la Justicia condenó a los responsables como autores de un crimen de la última dictadura, proceso en el que resultó decisiva la apertura de documentación reservada del Vaticano y del Episcopado argentino impulsada por el papa Francisco.

Cinco años después, la Iglesia beatificó a Angelelli junto con Carlos Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera al reconocer que habían sido asesinados por odio a la fe y constituirse en los primeros mártires religiosos de la última dictadura militar.

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Cincuenta años después de aquel crimen, su figura sigue generando una paradoja.

El peronismo continúa encontrando en Angelelli una referencia insoslayable para hablar de justicia social y organización popular. La Iglesia reivindica esos mismos valores, pero procura impedir que el mártir quede absorbido por la disputa entre facciones.

Quintela consiguió una foto importante, aunque no la que imaginaba. Máximo Kirchner volvió a ocupar el centro de la escena. Kicillof preservó su autonomía en medio de una interna reactivada por la ofensiva internacional en favor de CFK.

Angelelli, en cambio, volvió a escapar de todos.

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