El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, empezará a jugar su propio Mundial en el inicio del segundo semestre, el último disponible para alcanzar los 60 puntos de valoración positiva de su gestión. Este número mágico sería suficiente para calzar su reelección en 2027, según indica el ábaco cordobesista.
¿La próxima elección puede reducirse a un cálculo matemático? ¿Subestima el Panal, como se conoce a la casa de gobierno cordobesa, el desgaste de un proyecto político que está por redondear su tercera década en el poder?
Los adláteres del mandatario provincial aseguran que la suerte de esta etapa del cordobesismo no estará signada por la fortaleza o debilidad de Javier Milei, como leen en algunos selectos grupos del Círculo Rojo provincial. Tampoco por la forma que adopte la oposición que tiene tres candidatos en carrera: el libertario Gabriel Bornoroni, el radical Rodrigo de Loredo y el juecista Luis Juez.
Los seis puntos que quiere Martín Llaryora para clasificar
Llaryora estaría -dicen las mismas fuentes del Panal, en el orden de los 54 puntos de aprobación de la ciudadanía por lo hecho. Subir un punto por mes, desde julio a diciembre, no parecería un objetivo disparatado, según calculan. Insisten en que la factibilidad del plan que no dependería de asuntos externos. ¿No fue Córdoba siempre una isla?
"Habrá más gestión que política”, repiten desde la dirección técnica. Quienes conocen las estrategias del gobernador bien pondrán afirmar que la rosca se hará en los vestuarios.
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Martín Llaryora reforzará la gestión en la ciudad de Córdoba
Las reuniones con el ¿jefe de Gabinete? de Milei, Diego Santilli, seguirán siendo secretas, lo mismo que con otros actores de la política local y nacional. Los diputados cordobesistas seguirán jugando a dos puntas. Mucho pico, pocas colas en la banca para hacer sentir el rigor del Congreso al gobierno nacional, como ocurrió con el Adornigate.
Es que por más autonomía que demuestre Llaryora en su juego, la suerte de la reelección está atada -sin dudar- al verbo hacer, pero también a un factor que pesó en cada proceso electoral ejecutivo: el acuerdo con el presidente de turno.
La esperanza de acordar con Javier Milei es lo último que se pierde
Llaryora cree que Milei no ganará en primera vuelta. “Si no gana en esa instancia, va a perder. Está muy consolidado ese 50-55% antimileísta estructural en el país”, refuerza el veredicto un funcionario de máxima confianza del mandatario provincial.
¿Le anota un punto a Axel Kicillof en el Prode? Llaryora tampoco cree que el gobernador de Buenos Aires quede segundo. El candidato peronista no kirchnerista sigue siendo la apuesta secreta del cordobesismo, aunque patea esa definición para marzo.
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Martín Llaryora y Eduardo Accastello de gira en Villa María
El diagnóstico anticipado es una pretensión de instalar que a Milei no le sobra nada para andar jugando en los turnos electorales ajenos. El desembarco de la cúpula del Banco Nación para entregar créditos a intendentes de la provincia dejó claro que el Presidente busca repetir, pero los guiños a Bornoroni como armador de la movida, como el gestor del canal de fondos frescos para las autoridades municipales, no pasó desapercibido en el Panal. Tampoco en la oposición.
Bornoroni tiene el apoyo de un sector del Círculo Rojo que cree que están dadas las condiciones para el cambio de signo político local. Para el peronismo, el ignoto estacionero sería un desafío por lo imprevisible, aunque insistan en que le ganan a cualquiera, en cualquier escenario.
La forma de la oposición en Córdoba
La unidad opositora siempre será el verdadero temor, pero la foto de hoy muestra al libertario jugando solo, con De Loredo y Juez, también. El café que tomaron los socios del '23 fue solo eso, un café de aproximación.
El exdiputado boinablanca no se mueve de su plan. Formalizó su aspiración provincial en el Foro de Intendentes de la UCR. Constituyó la mesa promotora con las autoridades municipales de Bell Ville, Jovita y Etruria a la cabeza de la estrategia.
El paso era necesario para mostrar vitalidad y sentido de pertenencia en momentos de pesca.
El presidente del partido centenario, Marcos Ferrer, tratará de prorrogar los mandatos para evitar que la interna impacte en las listas. El problema es que cada figura de la UCR siente el llamado a hacer su aporte.
Mario Negri rompió su silencio de más de dos años. Pidió dejar de lado los egos y confesó que le hubiese gustado ganarle a Llaryora en 2023. ¿Asoma un nuevo actor en las agitadas aguas opositoras? ¿Buscará su oportunidad en 2027? ¿Mira el juego nacional? Un tiempista como el exvicegobernador cordobés responderá por tandas calculadas. Su presencia y sus definiciones políticas buscan incomodar.
En el Panal, siempre le pondrán fichas a la inagotable interna radical que sostiene, a diferencia de Llaryora, que la clave de la disputa provincial está en la oposición.
Negri anima al electorado cordobés a cambiar. Dice que no se trata de viejos o jóvenes a la cabeza, de frentes o identidades partidarias.
Pese al peso clave de la oferta retadora al cordobesismo, Llaryora tiene que levantar un punto por mes. Recorrerá en este semestre las 140 localidades que no visitó y reforzará el trabajo en la capital maldita, jaqueda por los coletazos del caso Agostina.
“Si la gestión no es bien valorada, no hay futuro para nosotros”, dice un alto funcionario llaryorista. A veces, la política es más simple de lo que parece.