ELECCIONES 2023

Autoconvocados en Córdoba, el nudo gordiano que deberá cortar el futuro gobernador

Alfiles de Schiaretti buscan reencauzar las negociaciones con los gremios, pero el movimiento díscolo resiste. Movió Llaryora en Salud. Juez le da soporte al agite.

Los movimientos de Hacemos por Córdoba (HxC) fueron rápidos. Cada uno de ellos dejó la estela de ansiedad que supone la resolución de conflictos en medio de una campaña electoral. El peronismo se juega el poder después de dos décadas de ejercerlo con el eficaz sistema de postas que inauguró el fundador de la coalición, José Manuel de la Sota; continuó su socio, el gobernador, Juan Schiaretti; y así alternadamente.

Lo lograron con la potencia de los intendentes justicialistas del interior; con la previsibilidad artesanalmente construida con el sector productivo provincial; con la relación siempre equilibrada entre el Estado y sus sindicatos más poderosos. Por supuesto, hubo capítulos dramáticos como el de la reforma jubilatoria, en el marco de las pujas que comenzaban con el kirchnerismo por los fondos para la Caja de Jubilaciones y perfilaron lo que se conoció después como el “cordobesismo”.

El candidato a gobernador del PJ, Martín Llaryora, trató de despejar estas variables antes de aplicar a la campaña las ventajas con las que corre todo exponente de un oficialismo. Reunió a intendentes, le habló de continuidad e innovación al Círculo Rojo, hablará de gobierno de coalición este lunes en Río Cuarto con la presentación de la alianza y se involucró en la negociación con los autoconvocados del sector salud, en el marco de una de las pujas salariales más ásperas de la provincia con sus sindicatos, entre ellos, el del personal público y docente.

Sin embargo, no será fácil con el agrupamiento sanitario de toda la provincia. Así lo reconocieron a Letra P avezados expertos sindicales y altos funcionarios del Panal. La figura de los autoconvocados -coordinadoras de trabajadores y trabajadoras que negocian derechos laborales por afuera de las estructuras formales de representación- es definida hoy como la gran preocupación del gobierno.

En el Panal apelan a factores multicausales para explicar el surgimiento de esta figura, a fines del año pasado, en los hospitales públicos; y sus posteriores réplicas en la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC) y el Sindicato de Empleados Públicos (SEP). Naturalmente, refieren al impacto que genera la inflación en los bolsillos y al descontento de las bases con sus conducciones que, como si fuera poco, atraviesan procesos de renovación sindical.

Monserrat y Pihen son históricos y pata fundamental de la construcción del cordobesismo. Hoy, como Schiaretti, planean su salida con el desafío de no atravesar el síndrome del pato rengo. En estos sindicatos acuerdan que el surgimiento de autoconvocados responde a un proceso general de descontento social generalizado, pero niegan un impacto en sus estructuras, como sí ocurre en el sector de la salud. Ponen ejemplos para dar cuenta de esto: UEPC y SEP aseguran que la oposición a las conducciones está contenida en el proceso formal eleccionario que vivirán en lo inmediato. “Los autoconvocados son antisindicalistas, quieren aprovechar un cambio de época, pero no pueden formar una lista”, es la opinión dominante en esos agrupamientos.

Pese a la relativización que hace el sindicalismo de estas expresiones en su frente interno, el surgimiento de autoconvocados no deja de ser un problema para Schiaretti, al punto que tiene a sus mejores hombres y mujeres tratando directamente con las coordinadoras de salud, el frente abierto que queda... y que quedará.

La herencia de Schiaretti

En el funcionariado y en el sindicalismo coinciden en la necesidad de reencauzar las negociaciones bajo el paraguas gremial. Será una etapa larga que requerirá modificaciones estructurales -como la unificación de las dos leyes que rigen sobre los agrupamientos del sector de la salud- y una nueva etapa de entendimiento político con las próximas camadas de la dirigencia sindical.

Pihen y Monserrat saben que la única forma de cortar el nudo gordiano que son hoy los autoconvocados para el gobierno es, otra vez, por medio del sistema sindical.

La etapa de diálogo que sigue no estará exenta de pases de facturas. Le adjudican a Schiaretti la responsabilidad directa de “darle oxígeno” a las coordinadoras de salud el año pasado, cuando Pihen, también líder cegetista, sufría los embates internos de otras ramas de la central obrera a nivel nacional y local; coincidiendo con el proceso de retiro del gremio que comanda desde 1992. Cabe recordar que la provincia otorgó aumentos salariales por fuera de la pauta oficial con los tres sindicatos que negocian por el personal sanitario. Hoy el piso de negociación quedó bien, pero no alcanza para los negociadores outsiders.

El carácter excepcional de aquella medida configuró una bola de nieve que sigue rodando en la campaña donde el peronismo se juega todo. El acuerdo no está garantizado y el oficialismo, hoy, apuesta al desgaste.

El problema, en manos de Llaryora o Juez

Llaryora prometió resolver los problemas que Schiaretti no pudo. Su presencia con las coordinadoras del sector salud se explica como la movida inicial de este diálogo que recién comienza.

Pese a ser hijo de un sindicalista, Llaryora registra fuertes encontronazos con los gremios en su paso por la Municipalidad de San Francisco. También en Córdoba con el caudillo de la planta municipal por más de tres décadas, Rubén Daniele, a quien le permitió regresar a la conducción gremial, pero avanzó con el recorte salarial más importante de los últimos tiempos. El radical Ramón Mestre había decretado su estado jubilatorio y Daniele no pudo presentarse en las elecciones internas de 2017. La Justicia le permitió al "intendente alterno", como se lo conoce en la ciudad, volver a presentarse y el Ejecutivo capitalino no apeló.

Llaryora priorizó al interlocutor histórico del gremio municipal en un reconocimiento tácito de la importancia de la cohesión sindical, pero aplicó tijera sin ruborizarse.

Este ejemplo reciente pesa en el análisis preelectoral de los cabecillas gremiales. Comparan al delfín con Schiaretti, en oposición a De la Sota, a quien sí le adjudican un buen entendimiento con los sindicatos.

Por su parte, el candidato de Juntos por el Cambio, Luis Juez, sigue muy de cerca la evolución de este conflicto. Responde con apoyo y pone al servicio su escudería de difusión para hacerse eco de los movimientos de autoconvocados.

Los gestos de los dos hombres que se disputarán el poder provincial no hacen más que confirmar el calibre del problema con el que corona su último período el gobernador Schiaretti.

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