Debut y despedida papal en la grieta con sermón a larga distancia
Historia para no focalizar la crítica. No se salva ni el asesor vaticano Martín Guzmán. Tampoco Dujovne ni Massa, con quien mantiene diferencias insalvables.
No anduvo con vueltas. Bergoglio atribuyó a la “mala administración y las malas políticas” la situación de crisis económica permanente en su tierra natal. Evitó pegarle a un gobierno en particular y, para hacerlo, partió del contexto que el mismo vivió en Buenos Aires en 1955 cuando terminó la escuela secundaria, hasta la fecha. Su tajante y profunda crítica no excluyó a ninguna gestión. Ni a peronistas, ni a militares, ni a radicales, ni a menemistas, ni a delaruistas, ni a kirchneristas, ni a cristinistas, ni a macristas, ni a albertistas.
Todos entraron en ese marco referencia al que apeló el pontífice y que va desde mediados de la década del 50 hasta la actualidad. Nadie se salva. Entre los más cercanos entran quienes acompañaron a Mauricio Macri: Nicolás Dujovne, Alfonso Pray Gay y Hernán Lacunza. También a los que gestionaron y gestionan en la administración de Alberto Fernández: su protegido y asesor vaticano Martín Guzmán, la fugaz Silvina Batakis y a Sergio Massa, con quien Bergoglio mantiene diferencias insalvables.
Las críticas de Bergoglio a la situación económica volvieron a traer a la memoria los motivos que siempre circularon en los entornos eclesiásticos sobre el por qué de la tensión relacional del papa con Massa, quien ahora aspira a que una buena administración de la crisis lo posicione en la carrera presidencial, a pesar de que pida que no lo suban porque su misión es bajar la inflación.
El círculo rojo bergoglista le atribuye al superministro haber sido partícipe necesario del antiguo plan de conspiración para que el jesuita dejara la arquidiócesis de Buenos Aires en manos de otro obispo del ala más conservadora de la Iglesia o fuera llevado al Vaticano, y hasta de fragotear para que no sea proclamado papa.
En esa movida conspirativa, a Massa se lo vincula con Esteban Caselli, exembajador argentino ante la Santa Sede en épocas de Carlos Menem y a cargo de la Secretaría de Culto durante la gestión de Eduardo Duhalde; y también con Jorge O’Reilly Lanusse, un empresario inmobiliario vinculado al Opus Dei que en los 90 le presentó su amigo Horacio Rodríguez Larreta, y que llegó a ser asesor suyo cuando ocupó la Jefatura de Gabinete con CFK en la Presidencia.
Desde aquella connivencia político-religiosa para sacarlo de la sede arzobispal porteña, de la que el tigrense niega haber sido uno de sus protagonistas, nada fue igual entre el superministro y el residente de la Casa Santa Marta, al punto que Francisco se negó –confirmaron oportunamente fuentes vaticanas– a recibir a Massa en la previa de las elecciones presidenciales de 2015, como sí hizo con otros candidatos.