05|9|2022

26 de julio de 2022

26 de julio de 2022

Es la legisladora más joven de Latinoamérica, autora de 194 proyectos y coautora de 1.073. Las batallas de una todista de CFK y de Grabois. Balance y futuro.

Con solo 19 años, Ofelia Fernández llegó a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en diciembre de 2019 y se convirtió en la legisladora más joven de Latinoamérica. En más de dos años y medio, presentó 194 proyectos y participó en la elaboración de otras 1.073 iniciativas como coautora, lo que la convirtió en una de las integrantes más activas de un parlamento que sesiona un par de veces por mes.  Con su actitud crítica, incomoda a las tropas propias y a las extrañas. Por ahora, evitar hablar de candidaturas y cree que "no es momento de acelerar tiempos ni decisiones".

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Entre sus propuestas más relevantes, que chocan una y otra vez con la mayoría que tiene la bancada que responde a Horacio Rodríguez Larreta, se destaca la obligatoriedad de la capacitación en género e igualdad para todos los poderes de la Ciudad de Buenos Aires. Las críticas, en especial por redes sociales, aparecieron de inmediato, ya que esa normativa fue sancionada en 2018. Sin embargo, el Frente de Todos (FdT) -espacio al que pertenece Fernández- aclaró que el Ejecutivo local no la había reglamentado.

 

Acredita varios años de militancia. En 2015, cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner llegaba a su fin, asumió la presidencia del centro de estudiantes de la escuela Carlos Pellegrini y entabló un vínculo con el dirigente social Juan Grabois, quien se convirtió en artífice de su candidatura. "Nunca imaginé que iba a ser legisladora, no es que fui tomando decisiones y construyendo acciones en función de un espacio, todo fue muy abrupto. La realidad estuvo por encima de mi imaginación", relata en diálogo con Letra P.

 

Desde entonces, no dejó de presentar y militar iniciativas para que la Educación Sexual Integral (ESI) sea efectiva en cada colegio. “Es literalmente una cuestión de voluntad. No es que las instituciones educativas pusieron en marcha un plan de implementación y había resistencia de los docentes o los contenidos no estaban claros. No existe esa voluntad. Es una ley que se sancionó hace 15 años y, desde hace por lo menos diez, que el movimiento estudiantil tiene entre sus principales reivindicaciones la implementación de la ESI”, explicó en una entrevista a la Revista 5/02.

 

El camino parlamentario de la joven dirigente, que ocupa un lugar en las comisiones de Educación, Ciencia y Tecnología; Mujeres, Géneros y Diversidades, y Niñez, Adolescencia y Juventud (con el rol de vicepresidenta) y Vivienda, contó además con dos propuestas que tomaron estado mediático. Una apuntaba a mejorar la calidad de los alimentos que se reparten en escuelas públicas dado que, según su punto de vista, la comida que recibe el alumnado "intoxica y es de pésima calidad". 

 

La otra iniciativa estuvo relacionada con el uso del protector solar. La legisladora propuso la creación del programa "Sol BA" para que ese producto sea considerado como un medicamento y entre en la cobertura -total o parcial- de las prepagas y obras sociales. El objetivo del proyecto era "reducir la incidencia y mortalidad del cáncer de piel así como las tasas de quemaduras solares".

 

Su propuesta no tuvo el visto bueno de la Casa Rosada y contó con una respuesta categórica de la ministra de Salud, Carla Vizzotti: “Subsidios y gratuidad en el sistema de salud, con la fragmentación que tiene, es bien complicado. No hay una estrategia que solucione el acceso a todos los subsectores. Es bastante más complejo que eso. Por lo tanto, hay que pensar una política de producción pública y después de acceso también”.

 

Fernández analiza su desempeño en la Legislatura y sabe que sus propuestas chocan, una y otra vez, con la mayoría oficialista del larretismo. Sin embargo, no se resigna y promete "seguir peleando" para que sus proyectos avancen. "Sería bueno que el debate que muestra la oposición en el Parlamento se tenga en cuenta", reflexiona.

 

Por otro lado, asegura que su llegada a Perú 160 no la obligó a cambiar: "En ningún momento sentí que me tenía que adaptar a otras formas o lenguajes para expresarme. Cuando hablo en el recinto, hablo como quiero, como se me ocurre y es valioso. Eso a veces genera impacto, otras veces no, y nadie me planteó algún matiz".

 

En cuanto a sus aspiraciones políticas, la legisladora porteña no esquiva el tema, aunque sostiene que es "imposible" pensar en el futuro porque sus ganas están puestas en lo que está haciendo ahora. En este sentido, aclara que una eventual candidatura dependerá del "balance" de su labor parlamentaria.

 

Al analizar la interna todista, Fernández considera que "faltaron mecanismos para contener las diferencias" entre las tribus de la coalición gobernante, pero remarca que "lo importante es encontrar la manera de aportar" ideas para resolver la crisis económica del país. "Es difícil a veces bancar un tema con convicción cuando los grandes problemas, como la inflación, la pandemia y la deuda, son contundentes", analiza.

 

Paralelamente, mientras su caudal de proyectos sumaba volumen, al ritmo de sus participaciones en las sesiones y sus recorridas por distintas comunas, en reiteradas ocasiones sufrió violencia política y en línea. Frente a estos episodios, cerró sus cuentas en redes sociales por un tiempo y eligió el silencio en la virtualidad. Sin embargo, en ese momento y a raíz de un reclamo por Twitter que hizo ante un caso de violencia de género, recibió cientos de mensajes violentos y decidió hacerlos públicos. “Quieren que a las mujeres si no les puede tocar el sometimiento les toque morir de miedo. Ellos son muchos pero nosotras somos más. Demostrémoslo, hartémonos y terminemos con la impunidad de esta violencia. Cambiemos la historia para siempre”, tuiteó.

 

La situación no pasó desapercibida para la Legislatura, que sacó un comunicado con celeridad condenando las expresiones misóginas, ni para todos los diputados y las diputadas, que se solidarizaron con la dirigente del FdT. Fue la primera vez que el Parlamento tomó nota de una situación que, según Amnistía Internacional, sufren una de cada tres mujeres.