18|6|2022

A todo o nada, la bala de plata de un superministro sin margen de error

18 de abril de 2022

18 de abril de 2022

Con un recetario K a medias tintas, Guzmán diseñó a solas un paquete de medidas para contrarrestar la crisis. No hubo interconsultas con sus pares del gabinete.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, utilizó el fin de semana en la residencia presidencial de Chapadmalal para diseñar un plan de autoría propia para intentar salir de la encerrona económica que provocó la inflación del primer trimestre del año, y que puso en jaque el diseño del programa que acordó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de Kristalina Georgieva. Las libertades que asumió para utilizar herramientas anticíclicas en medio de los coletazos de la pandemia y el impacto de la guerra en el comercio mundial le dieron el poder de un superministro y, a la vez, se convirtieron en su bala de plata, con parte del recetario K pero a mitad de camino, para resistir los embates de la crisis política dentro de la coalición del Gobierno. Es a todo o nada.

 

Según pudo saber Letra P, Guzmán evitó las interconsultas para planificar el nuevo bono, reclamado por el kirchnerismo más duro, como así tampoco pidió permiso para diseñar el nuevo impuesto a la "renta inesperada" generada por la guerra de Rusia con Ucrania. Pero los funcionarios que responden sin medias tintas a las órdenes del presidente Alberto Fernández destacaron que "varias de las medidas están basadas en los pedidos que surgen desde los ministerios para afrontar las demandas sociales", en constante aumento a la par de las remarcaciones en los alimentos de primera necesidad. "Es una decisión bien económica", destacó una fuente ministerial.

 

Hay un dato que no pasó inadvertido: Guzmán expuso las medidas en público y se subió al avión rumbo a Washington para las reuniones de primavera del FMI, a pocas horas del inicio de la primera revisión técnica del organismo multilateral de crédito en torno a los cumplimientos del acuerdo de refinanciación de la deuda por los 45.000 millones de dólares.

 

Los números disparados del déficit fiscal durante los primeros tres meses del año no auguran un gesto positivo de parte de los emisarios del Fondo, pero está descontado que el ministro de Economía consiguió un guiño de parte de Georgieva para contar con los fondos suficientes para poner más plata en los bolsillos de la clase baja. Así evita profundizar la crisis económica y, además, tomar aire ante las críticas de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

 

En Desarrollo Social, conducido por Juan Zabaleta, admitieron a Letra P que la decisión de Economía no fue en consenso con el área pero confiaron en que la decisión tuvo en cuenta los pedidos que salieron desde la ministerio para aumentar la respuesta ante las demandas en la calle. El exintendente de Hurlingham mantiene un vínculo aceitado con Guzmán y la foto antes del anuncio apuntaló el respaldo. En el auditorio también estaba sentado otro ministro albertista, como el titular de Trabajo, Claudio Moroni.

 

Guzmán trabajó durante el fin de semana pascual con una vela a cada santo. Como parte de un paquete de medidas que busca compensar la caída del poder adquisitivo de los sectores más vulnerables, apuntó a trabajadores monotributistas, informales y jubilados a través de un shock distributivo. Sin embargo, fue reactivo a las demandas del kirchnerismo sobre la necesidad de imponer un bono entre los privados, que fuera más allá del adelantamiento de las paritarias que habían acordado en la mesa de diálogo tripartito con el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja, otro de los presentes en el anuncio en Casa Rosada. 

 

Desde el entorno de CFK y del diputado y jefe de La Cámpora, Máximo Kirchner, habían criticado con fuerza haber quedado a medias con el bono a los trabajadores. Además, le pedían un IFE de emergencia para aquellos que están sin trabajo o en la informalidad. "Si algunos funcionarios de nuestro gobierno piensan que van a solucionar el problema salarial con los consejos de Funes de Rioja, bueno, a mal puerto vamos con ese barco", había reprochado el senador Oscar Parrilli, en una crítica abierta a Guzmán.

 

"Está nervioso", confirmó a Letra P una fuente gubernamental sobre el estado de ánimo de Guzmán. De hecho, desde el entorno del titular de Economía admitieron que el trajinar del fin de semana "desacomodó" el esquema de orden que suele haber en el Palacio de Hacienda. De algún modo, el diseño del paquete de medidas puso al funcionario por encima de sus pares ministeriales. De hecho, no se activó el gabinete económico, un centro de poder que suele mostrar una foto de interacción entre las distintas áreas ante una crisis, como se evidenció durante la pandemia.

 

Guzmán convirtió a Chapadmalal en una zona de resolución de conflictos bélicos, más que en un ámbito de retiro espiritual. Estuvo con su equipo más cercano, integrado por su jefa de Gabinete, Melina Mallamace; el secretario de Hacienda, Raúl Rigo; el secretario de Política Tributaria, Roberto Arias; el secretario de Política Económica, Fernando Morra; el secretario de Energía, Darío Martínez; el subsecretario de Programación Regional, Agustín Lodola; el director de YPF Demian Panigo, y el subsecretario de Planeamiento Energético, Santiago López Osornio, entre otros.

 

"Guzmán se juega mucho con estas medidas, porque además de buscar ponerle tope a la inflación con los bonos, intenta hacer equilibrio con el Fondo. Pero es verdad que ya lo critican desde todos lados, amigos y enemigos", admitió a Letra P otra fuente ministerial. El mar de fondo por las desavenencias políticas dentro del Frente de Todos es, quizás, lo más inestable para sus decisiones, porque sabe que un paso en falso derrumbará la resurrección que logró protagonizar el fin de semana de Pascuas.