14|9|2021

Colorado 23, la bola ya está rodando

14 de septiembre de 2021

14 de septiembre de 2021

El triunfo lanza a Santilli a la pelea por la gobernación, pero tiene tarea: construir territorialidad y entender el interior. Aciertos y errores. Larreta va.

Diego Santilli se recibió de político en la provincia de Buenos Aires. Amoldó su discurso al territorio, se asoció a los intendentes para cubrir su déficit territorial y segmentó una agenda sensible por distritos para capitalizar de la mejor manera posible el descontento ciudadano con el gobierno. El resultado, bajo la atenta fiscalización de su jefe político, Horacio Rodríguez Larreta, quedó expuesto este domingo: obtuvo 20 puntos arriba de Facundo Manes y casi cinco frente al oficialismo con la suma de los votos internos. Aun así, el flamante título bonaerense no le garantiza otra salida laboral más que la banca a la que –se da por descontado–accederá en diciembre. Va en camino, pero “no está para ser gobernador”, dicen algunos de quienes militaron por él cuando todavía era porteño.

 

Intendentes, legisladores y legisladoras del PRO consultados por Letra P coincidieron en que el resultado los tomó por sorpresa. Esperaban una derrota por un margen estrecho que les permitiera comparar con la elección de 2019, en la que el macrismo agonizó ante un Frente de Todos novedoso, amplio y unido. Acaso por eso los más de 600 mil votos de diferencias que logró ante el radicalismo y los cerca de 360 mil votos que le sacó al oficialismo en la suma de la interna pusieron a Santilli en un lugar relevante de la política bonaerense antes de tiempo. 

 

Más allá de los factores económicos, políticos y sociales externos, que exceden a la oposición en este tiempo, el ahora primer candidato a diputado nacional de Juntos tuvo dos garantes para que su campaña fuera exitosa en las primarias. Por un lado, Rodríguez Larreta, el principal interesado en ampliar sus márgenes de influencia en el territorio que concentra el 40% del padrón electoral nacional y, por el otro, los 16 intendentes del PRO que le prestaron el territorio, el conocimiento de sus calles y la fiscalización en cada rincón de la provincia a un dirigente con alta exposición mediática desde la gran vidriera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires pero poco barro del conurbano en sus zapatos.

 

Ese respaldo territorial se vio reflejado en la segmentación del resultado. En Vicente López, Jorge Macri llevó la boleta al 56% de los votos y se convirtió en la gestión más respaldada del gran Buenos Aires. En Tres de Febrero, la lista que confeccionó Diego Valenzuela se impuso cómoda por más de 42% de los sufragios y quedó a diez puntos de diferencia del kirchnerismo. También la influencia irradió a distritos históricamente gobernados por el peronismo, como Ituzaingó, en el que un sin tierra como Gastón di Castelnuovo, con respaldo del senador Walter Lanaro, se impuso en una interna de tres listas y la suma de todas ellas venció a la boleta respaldada por el histórico cacique Alberto Descalzo, 40,5% a 36,2%. 

 

Quienes aún están leyendo los números del domingo con precisión creen que estos distritos de la Primera sección, a los que se suma San Isidro, equilibraron la balanza en favor de Santilli. No esperaban derrotas internas ante Manes en la Quinta y Sexta sección electoral. Pese a ser territorios con una fuerte influencia del histórico partido, en la previa los santillistas creían que las encuestas y mediciones estaban a su favor y que, sobre todo, el aparato de distritos de peso como General Pueyrredón y Bahía Blanca, gobernados por intendentes del PRO (Guillermo Montenegro y Héctor Gay) inclinarían la balanza a su favor. No fue así. 

 

En la Quinta –donde se ponen en juego bancas para el Senado–, Dar el Paso obtuvo el 53,7% de los votos frente al 46,2% de Es Juntos; en la Sexta –allí se elige representantes para la Cámara baja– el radicalismo sacó 53,6 de los sufragios y el larretismo, 46,3%. En la Séptima, otra de las secciones en las que el PRO controla la ciudad cabecera, la UCR también dio el batacazo. Alejandro Cellillo se impuso por 3.200 votos a la de los macristas de Es Juntos, que postuló a Diego Robbiani, un hombre del intendente de Olavarría, Ezequiel Galli. Lo mismo en la Cuarta –donde se ponen en juego escaños de la Cámara alta–, donde Santilli quedó abajo. 

 

La gobernación

Para los jefes comunales del partido amarillo, el mapa general, teñido en buena parte de morado, pero con un triunfo claro de Santilli, pone al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en un lugar de liderazgo, pero no se confían y aclaran que no es el único. “Hacia 2023 va a caminar mucho mejor hacia la presidencial, pero hoy su liderazgo no es indiscutido”, dice un legislador que militó en las filas de Es Juntos. En el caso de Santilli, aclaran que se posicionó en un lugar central, pero que eso no se traduce en una pelea segura para intentar suceder a Axel Kicillof. El Colorado “se recibió de político en la provincia”; son todos aplausos, pero eso no asegura, en lo cotidiano, la capacidad de cambiar la vida de siquiera una familia bonaerense o, en lo partidario, ganar un pase directo a su precandidatura en 2023.

 

Como dio cuenta este medio, hay varios anotados para pelear por el sillón de Dardo Rocha. Uno es Jorge Macri, que declinó parte de esas intenciones al ceder en la pelea de esta elección, pero también los intendentes Julio Garro (La Plata) y Valenzuela. Si bien no lo dicen en público, hay quienes leyeron esas intenciones con sus últimos movimientos en la política de sus distritos. 

 

“Falta la elección de noviembre. Queremos corroborar este resultado y si es posible ampliar el margen porque tenemos que poner los cimientos de este edificio para ser alternativa real en 2023 en la Nación y en la provincia. Y ahí el trabajo de Horacio, los intendentes y Patricia Bullrich, van a ser centrales”, dice un alcalde.