25|6|2021

Hace más de un año estábamos empezando a transitar esta pandemia, con las cuarentenas de quince días al ASPO, el DISPO y la posibilidad -en pos de resguardar la salud de todos y todas- de un cierre parcial de algunos sectores. Pasaron muchas cosas desde aquel momento y creo oportuno reflexionar sobre ello.

 

Sabemos que hace algunas semanas atravesamos una situación crítica, para la cual debemos realizar nuevos esfuerzos con el objetivo de superar esta segunda ola, que, como dijo el gobernador Kicillof, bien podría calificarse como un “tsunami”.

 

Debemos recordar que las medidas que el presidente de la Nación, Alberto Fernández, dispuso junto a todo su Gabinete lograron evitar que en 2020 colapsara el sistema de salud, decidiendo, por ejemplo, que en varias ciudades se construyeran en lapsos extraordinarios hospitales modulares.

 

Hoy hemos aprendido muchas cosas, porque el barbijo debió haberse llamado más “tapanariz” que “tapaboca” para comprender cómo usarlo o porque no debería haber sido tan difícil quedarse en casa en vez de ir a una reunión social. No importa la falta, ante un enemigo como el covid-19, relajarnos es bajar la guardia y permitir que avance, incluso atacando a quienes más queremos.

 

Aun así, todos sabemos que el agobio, la ansiedad y la frustración son sensaciones lógicas. No podemos ignorar el sufrimiento de alguien que perdió su trabajo, aquellos que lamentan la distancia con sus seres queridos, los que se enteran en este instante que un familiar contrajo el virus, alguna persona que está esperando ser atendida en la guardia de un hospital o también quien siente el dolor de una pérdida irreparable.

 

Hace un año que estamos hablando de lo mismo, en este tiempo en la Argentina se registraron casi tres millones de contagios y más de sesenta y un mil fallecimientos. Y detrás de cada uno de esos números hay familiares, amigos, docentes, personal de salud o seguridad y miles de compatriotas.

 

A pesar del doloroso proceso vivido hasta ahora, los argentinos lo pudimos transitar con el acompañamiento de un Estado que se ha esforzado por dar respuestas a las necesidades de los sectores más vulnerables, como por ejemplo el Ingreso Familiar de Emergencia durante el 2020 o el refuerzo de $15.000 para casi un millón de familias que vieron restringida su circulación por el incremento de contagios de covid-19 a través de la ANSES.

 

Asimismo, debemos destacar que el Congreso de la Nación aprobó la modificación al Impuesto a las Ganancias promovida por el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, por la que más de 1.267.000 millones de trabajadores y jubilados dejarán de pagar este gravamen, generando un significativo alivio fiscal para las familias de clase media. Por su parte ya se acordado la postergación de las elecciones, un gesto de madurez política que en este contexto era absolutamente necesario.

 

Hoy sabemos que los esfuerzos que debemos hacer sólo tendrán el efecto deseado si somos capaces de revitalizarnos individual y colectivamente para seguir adelante. Veamos también el vaso lleno, pues ya existen más de 9.000.000 dosis aplicadas de la vacuna en todo el país y ya se han distribuido alrededor de 11.500.000

 

Aun así, todavía son muchos quienes no tienen inmunidad frente el virus. Ante esta situación, el Gobierno ha trabajado y continúa trabajando, en un contexto mundial muy difícil, para asegurar que cada habitante de la Argentina reciba lo más pronto posible sus dosis.

 

Con este año transitado no necesitamos recordar una y otra vez los riesgos y consecuencias que provoca este virus, cómo se contagia y cómo debemos actuar para evitar que se propague. El momento nos exige a todos y todas a sostenernos y protegernos mutuamente, pero además quienes detentamos responsabilidades públicas tenemos el deber trabajar con sentido común y sin egoísmos para lograr el objetivo común debe cuidar la vida de cada compatriota.