28|11|2021

La inflación se aleja del pronóstico de Guzmán y deviene culebrón electoral

13 de mayo de 2021

13 de mayo de 2021

El INDEC anuncia el IPC de abril, que no traerá alivio. Cerca del 4%, pulveriza la meta oficial del 29% para el año. Tensión en Todos con urnas a la vista.

Será más o menos del 4%: he ahí la acotada duda de las consultoras privadas sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dará a conocer en la tarde de este jueves. Como sea, que vaya a rondar la mencionada cifra constituye un hecho económico, político y hasta electoral de relevancia, toda vez que abril era el mes en el que el ministro de Economía, Martín Guzmán, esperaba constatar un descenso marcado que lo ayudara a acercar el índice a su meta anual del 29 al 33%. Todo indica ya que eso no ocurrirá.

 

Según la consultora LCG, sería del 3,9%. De acuerdo con Analytica y con Orlando J. Ferreres & Asociados, del 4%. Para Ecolatina, del 4,4%. Así las cosas, la expectativa de una desaceleración queda pendiente para junio, aunque difícilmente por debajo del 3%.

 

En tanto, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la recopilación mensual de pronósticos privados que realiza el Banco Central, arrojó el mes pasado una expectativa de inflación anual del 47,3%, 1,3 punto porcentual superior a la del informe previo. Si se considera, en cambio, a los analistas más efectivos en predecir esa variable, la proyección se eleva al 47,5%. Todo eso marca un deterioro con respecto a los datos oficiales de marzo.

 

"En abril impactó el último aumento en combustibles de YPF, lo que completó un acumulado del 15%, y otras actualizaciones, como las de prepagas, gas y electricidad", señaló Analytica ante una consulta de Letra P.

 

"En mayo, el gran interrogante con el dólar es hasta qué punto el Gobierno está dispuesto y puede sostener la apreciación real que existió en abril, cuando la depreciación del peso fue de solo del 2%. La evolución del volumen diario de compra de dólares del Central va a servir como parámetro. Si bien no proyectamos que acompañe al aumento de precios, estimamos una tasa de depreciación más alta para este mes", añadió, poniendo en cuestión la continuidad de una política artificialmente antiinflacionaria. Para el mes en curso, esa consultora anticipa un incremento promedio de los precios del 3,5%.

 

Así, el partido de una inflación menor al 36,1% del 2020 de pandemia paralizante ya está perdido para Guzmán porque, en lo sucesivo, necesitaría, para meter la realidad dentro de su plan, que los indicadores se desplomaran al 1% mensual, algo imposible, a no ser que la pandemia obligara a congelar la actividad igual que el año pasado, algo que nadie quiere y que no figura en los cálculos.

 

En medio de una fuerte disputa con el ala cristinista del Frente de Todos, una que lo obligó a desgastarse midiendo fuerzas con un subsecretario rebelde de su órbita por la política tarifaria, el fracaso en la contención de la inflación le abre a Guzmán un nuevo frente de disputa.

 

Mientras aquel sector reclama que él y, sobre todo, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, refuercen los controles sobre los formadores de precios, a cuyo carácter oligopólico atribuyen la tendencia, estos alinean un discurso que considera al fenómeno como multicausal y apuestan más bien a equilibrar gradualmente las expectativas y las variables fiscal, monetaria y cambiaria. Adicionalmente, señalan que la coyuntura de altos precios internacionales de los alimentos que produce el país es, más allá de su efecto benéfico sobre las importaciones, un factor que eleva el costo de la comida fronteras adentro.

 

En medio de la presión del ala izquierda de Todos y de los movimientos sociales en pos de un mayor gasto social, su plan luce, particularmente antes de las elecciones de septiembre-noviembre, como una quimera.

 

Esos actores registran el potencial desestabilizador de una pobreza que trepó al 42% en el segundo semestre del año pasado y el de una inflación que se ceba especialmente con los más desfavorecidos, allí donde el Frente de Todos cuenta con su electorado más fiel.

 

Ese diagnóstico surge del examen del ítem "alimentos y bebidas" del IPC oficial: entre enero y marzo acumuló un 13,8% –contra 13% del índice general– y en los últimos 12 meses un 44,8% –frente a 42,6%–. Encima, los ingresos rebotan por debajo de esos números. Otra vez los pronósticos privados meten el dedo en la llaga: "alimentos y bebidas" habría vuelto a quedar en abril por encima del índice oficial promedio, deteriorando más las condiciones de vida en la base de la pirámide social. Ante eso, el cristinismo reclama controles más estrictos.

 

En la temporada electoral, esa tendencia constituirá un tema de polémica destacado, también con una oposición que parece sabérselas todas, pero que recibió un aplazo en esa materia cuando le tocó gobernar. Sin embargo, la inflación de alimentos acaso vaya cediendo de a poco.

 

"Desde 2019, entre enero y marzo los precios de los alimentos muestran subas por encima del índice general. Al igual que en 2020, también esperamos esa diferencia en abril, pero a partir de mayo debería revertirse. Principalmente, porque las carnes acumulan un aumento del 33% en cuatro meses y en los próximos debería desacelerarse", añadió el equipo de Analytica.

 

Un problema adicional es que la interna furiosa del Frente de Todos, que tiene en la inflación uno de sus puntos de mayor desacuerdo, conspira contra la coherencia del plan económico. De nada sirve que Guzmán empuje en el sendero que considera mejor si el cristinismo le bocha la idea de mantener constantes los subsidios a los servicios públicos, poniendo en jaque las metas fiscal y de emisión monetaria.

 

En esa incoherencia de políticas, hay precios que en el último año han evolucionado bien por encima del promedio, mientras que los regulados y el tipo de cambio están pisados. Eso es pan para hoy y hambre para mañana, promesa de inflación futura –en algún momento, los bienes y servicios rezagados se pondrán al día– y demora asegurada del inicio de un verdadero proceso de desinflación.