07|5|2021

Alberto y Horacio, enemigos con beneficios

16 de abril de 2021

Sacaron rédito de su sociedad de socorros mutuos. El combate mano a mano, con segundos afuera, los fortaleció en la pelea por el liderazgo de sus coaliciones.

Sin concesiones ni conferencias conjuntas, con munición gruesa y posiciones irreductibles. El aumento exponencial de los contagios en la segunda ola de coronavirus encontró al presidente Alberto Fernández y al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, recostados en su línea más dura y ocupando el centro del ring en el comienzo del año electoral. En la disputa, recobraron un protagonismo que en los últimos tiempos les había sido arrebatado por otros referentes de sus espacios.

 

El Presidente pegó primero. El miércoles, para sorpresa de Larreta pero también de su propio gabinete, jugó la primera ficha al anunciar la suspensión de las clases presenciales en el área metropolitana de Buenos Aires, apurado por el ascenso alarmante de la curva de casos de Covid-19. El mensaje provocó algunas críticas dentro del Gabinete, protestas frente a la Quinta de Olivos y el inicio de una batalla judicial con la Ciudad y con organizaciones de la sociedad civil. “Estas medidas no las consensué, las tomé yo, y me hago cargo”, reforzó el Presidente horas más tarde. Intendentes y gobernadores del Frente de Todos, el Partido Justicialista y, este viernes, el presidente del bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner, salieron a respaldarlo.

 

Fernández redobló la apuesta. “Rodríguez Larreta fue muy injusto, ingrato y se equivocó. Estaba muy exaltado hablándole a su público. Lo que dijo es mentira”, apuntó este viernes desde Olivos, minutos después de recibir al alcalde porteño. Y agregó: “Vamos a seguir adelante con el decreto".

 

En la Casa Rosada se celebró como un acierto. “Los liderazgos se construyen así, no podés hacer política si te dejás apurar. Tenés que pagar costos”, le dijo un funcionario que forma parte de la mesa chica del Presidente a Letra P sobre la defensa de una medida antipática para la sociedad por parte de Fernández. “Volvió a tener centralidad y argumentos políticos”, apuntaron en otro despacho de Balcarce 50.

 

En el Gobierno entienden que la medida no fue bien recibida en una porción del electorado, pero insisten en que Fernández la tomó “con convicción” y “sin hacer especulaciones” sobre el impacto que podría tener a futuro en las urnas. “Es obvio que en términos electorales no conviene, pero hay que parar la circulación del virus. Eso es lo único que estamos pensando”, agregó un funcionario de línea directa con Fernández.

 

La relación con Larreta quedó impactada, lejos de las varias reuniones de coordinación que se celebraron en 2020. El Presidente se enfureció hace dos semanas, cuando mientras en la Casa Rosada el jefe de Gabinete de la Ciudad, Felipe Miguel, coordinaba restricciones con Cafiero y su par bonaerense, Carlos Bianco, Larreta firmaba un comunicado de rechazo a eventuales medidas junto a la plana mayor de Juntos por el Cambio.

 

“El comunicado fue una declaración de guerra y es evidente que Rodríguez Larreta no tiene el temple para lidiar con los duros de su partido ni con los medios de comunicación, que le imponen su línea”, analizaron este viernes en la Casa Rosada. Como para no dejar ninguna duda sobre su posición, luego de su reunión con el alcalde, el Presidente recibió en la Casa Rosada a Kicillof, con quien empezó a diseñar el esquema para lo que sucederá luego del 30 de abril, cuando terminan las restricciones que empezaron a regir este viernes.

 

Lo posible

Como si fuera un futbolista que promete mejorar después de un partido perdido, Larreta repitió este viernes que "hará todo lo posible" para que el próximo lunes sigan las clases presenciales en la Ciudad. La expresión de deseos forma parte de la puesta en escena que armó la administración porteña para rechazar el DNU presidencial, pero en el edificio de la calle Uspallata admiten que la novela terminó y se preparan para acatar el alcance de las medidas.

 

La última esperanza está puesta en el recurso que presentaron ante la Corte Suprema para que deje sin efecto el decreto, pero el máximo tribunal le pidió que se expida a la Procuración General, conducida en forma interina por Eduardo Casal. El letrado es uno de los magistrados más repudiados por el oficialismo y deberá expedirse sobre esa papa caliente, pero no tiene plazos para hacerlo. Un pronto despacho dependerá de la muñeca que tenga el alcalde porteño, pero en su propia administración cuestionan la necesidad de cabildear en la Corte sobre una medida que durará dos semanas, cuando están inmersos en otro conflicto mucho más importante para revertir la quita de coparticipación que les aumentó Mauricio Macri en 2016.

 

Más allá del derrotero judicial, Larreta cierra dos jornadas agitadas en las que contó con el respaldo y auspicio del expresidente y de la titular del PRO, Patricia Bullrich. La disputa le devolvió la centralidad que venía perdiendo dentro de Juntos por el Cambio, pero también implicó que el alcalde vuelva a ser permeable a los planteos del ala dura de su partido. Según pudo saber este portal, el alcalde no tomó la decisión de antagonizar con Fernández en soledad. Lo hizo con parte de su gabinete pero en comunicación con Macri y Bullrich, en un giro que sorprendió dentro del armado larretista.

 

La posibilidad de suspender la presencialidad por dos semanas ya estaba en el radar porteño desde mediados de febrero cuando comenzaron las clases en el distrito. Por esa misma razón algunos funcionarios porteños se preguntan para qué tensar tanto la relación con la Casa Rosada por una medida transitoria que estaba en el menú de opciones desde hace tiempo. Lo mencionó el vicejefe de Gobierno Diego Santilli, en una entrevista radial que Fernández retuiteó para exhibir el contraste, pero se trata de una alternativa que también barajaba el ministro de Salud porteño Fernán Quirós. Según deslizan en la administración comunal, es uno de los funcionarios de primera línea que no se muestra muy entusiasmado con el impulso belicoso de su jefe inmediato. "Es un pragmático y esto lo saca del foco de conducir la emergencia en medio de la segunda ola por una medida que durará dos semanas", reflejó un integrante del elenco porteño.  

 

"El Presidente coincidió en que las escuelas no son un lugar de contagio pero me transmitió su preocupación de que la llegada a la escuela sea un lugar de contagio, pero también ahí tenemos evidencia de que no es así", aseguró Larreta este viernes. De ahora en adelante será parte del libreto discursivo que el alcalde repetirá en los próximos días para mantener la controversia pública con la Casa Rosada. Uno de sus motores será no perder el contacto con el núcleo más duro de sus votantes que se identifican con una resistencia cerrada a nuevas restricciones. Lo hará mientras acata las medidas a regañadientes, a la espera de una respuesta positiva de la Corte o una jugada judicial sobre la hora, algo que aparece muy remoto en las esperanzas porteñas.