03|12|2021

09 de marzo de 2021

09 de marzo de 2021

El manejo errático de la salida de Losardo pegó fuerte en el gabinete. Una película que lleva cinco días sin final a la vista con la agenda judicial en llamas.

Cinco días después de que la información se filtrara desde la Casa Rosada, la agónica salida de Marcela Losardo del Ministerio de Justicia todavía desconcierta al Frente de Todos y al círculo cercano a Alberto Fernández, que considera que hubo un “destrato” hacia la ministra en el manejo de su renuncia.

 

No fue la salida de Losardo lo que sorprendió al gabinete. El tiempo que viene, entienden en el Gobierno, requiere de “un perfil más político y más duro” en el relacionamiento con el Poder Judicial. Y Losardo no daba con el tono. “Marcela nunca iba a ser operadora judicial. No es su perfil”, apunta un dirigente de la mesa chica presidencial.

 

La ministra le había hecho saber al Presidente a fines del año pasado que quería dar un paso al costado, incómoda con el tono más confrontativo que le pedía la coalición de gobierno, en particular el sector que lidera la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, siempre atenta a las cuestiones judiciales. Ya en diciembre, en Balcarce 50 habían empezado a buscar posibles nombres para el reemplazo.

 

Aunque Fernández siempre fue crítico del funcionamiento del Poder Judicial, e incluso anunció y encaró reformas apenas asumió, las relaciones se complicaron entre fines de 2020 y principios de este año, a partir de una acumulación de fallos en contra del oficialismo, como la confirmación de las condenas de Milagro Sala y Amado Boudou, la decisión de la Cámara de Casación para que la causa que investiga el espionaje ilegal realizado durante el gobierno de Cambiemos se tramitara en los tribunales federales, y las supuestas maniobras de Comodoro Py para paralizar la investigación de la llamada mesa judicial de Mauricio Macri. Todo se terminó de quebrar cuando la Cámara de Casación le fijó a Cristina la audiencia de defensa para el 1 de marzo, día de la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso.

 

El Gobierno sintió el cachetazo final y Losardo quedó en la mira, aunque en el seno del albertismo la desligan de culpa y cargo y apuntan que, si la ministra no fue efectiva en sus gestiones, tampoco lo fueron los delegados de Cristina, el viceministro de Justicia, Juan Martín Mena y el hombre del Gobierno en el Consejo de la Magistratura, Gerónimo Ustarroz.

 

Entre facturas que se cruzan, sin embargo, una parte del Gabinete, más ligado al Presidente, se sintió este lunes “decepcionado” cuando Fernández anunció la salida de Losardo en una entrevista con C5N. En privado, los funcionarios hablaron de un sorpresivo “destrato” a la ministra de Justicia, amiga de Fernández desde hace 40 años y hasta se preguntaron por su propia suerte si en algún momento alguien pidiera sus cabezas. Muchos esperaban, incluso, que tras las marchas y contramarchas del fin de semana, el Presidente aprovechara la entrevista para ratificarla en el cargo, al menos hasta que bajara la espuma. “La tiró a la parrilla”, resumió un dirigente albertista en diálogo con Letra P cuando el Presidente dijo que la ministra se sentía “agobiada”.

 

En el cristinismo también hubo sorpresa por el “desgaste” en cámara lenta a la ministra. “¿Cómo hace 48 horas que se está hablando de esta situación?”, se preguntaba el fin de semana un referente del Instituto Patria. Otro integrante del Gobierno que conoce a Fernández desde hace décadas dijo que el lunes el Presidente apuntó “a desinflar” la novedad con la entrevista. “Marcela es como su hermana, lo hizo para bajarle presión”, agregó.  

 

En un ejercicio poco usual, Fernández aprovechó la entrevista para contar la cocina interna del reemplazo ministerial. “Los conozco a los dos. Son prestigiosos, pero todavía no tomé una decisión”, dijo el Presidente sobre los nombres que ya habían trascendido para un posible reemplazo, Martín Soria y Ramiro Gutiérrez. En la Rosada afirman que el nombre de Gutiérrez salió desde la oficina de Sergio Massa quien, a río revuelto ganancia de pescadores, aprovechó las críticas del cristinismo a la albertista Losardo para ver si podía colar un ministro propio.

 

La candidatura de Soria tiene un recorrido más largo. Su nombre empezó a circular en el seno del Gobierno en diciembre, ya cuando Losardo tenía boleto de salida. El rionegrino tiene algunas ventajas: está alineado con la mirada que Cristina tiene del Poder Judicial pero no es un cristinista de pura cepa. El Presidente se encargó de remarcarlo este lunes cuando recordó que su hermana, la intendenta de General Roca María Emilia Soria, votó a favor del desafuero de Julio de Vido cuando era diputada. En el albertismo entienden que el Presidente hizo esa mención para “despegar” a Soria del kirchnerismo.

 

El rionegrino forjó la relación con Cristina una vez que desembarcó en la Cámara de Diputados, tras varios desencuentros durante la campaña por la gobernación de su provincia. En 2019, Soria compitió con el sello del Frente para la Victoria y perdió por 18 puntos frente a Arabela Carreras. Su relación con el kirchnerismo terminó mal, con acusaciones cruzadas por supuestas deslealtades.

 

Ya como diputado, a partir de diciembre de ese año, Soria levantó el perfil con las denuncias judiciales contra el macrismo. Cristina le abrió el juego y habilitó su participación en algunas causas de peso, como la denuncia por el funcionamiento de la mesa judicial del gobierno de Cambiemos. Para la vicepresidenta, la participación de Soria le agrega fortaleza en el ámbito judicial porque el rionegrino tiene lazos con Comodoro Py - por antecedentes familiares y por su propio pasado laboral– y porque no viene del cristinismo ni pertenece a La Cámpora.

 

Pese a esas aclaraciones, en Casa Rosada creen que el eventual desembarco de Soria será leído como un espacio más que el kirchnerismo gana en desmedro del albertismo y piensan si Fernández podrá imponer un nombre más identificado con su núcleo interno, que mantenga el equilibrio interno del Frente de Todos. El candidato ideal para el puesto sería, a todas luces, el jefe de asesores, Juan Manuel Olmos, hombre ligado a la Justicia y amigo personal del Presidente. El problema es que Olmos se niega a abandonar el bajo perfil.

 

A última hora del martes, mientras el Presidente no resolvía aún quién será el sucesor de Losardo, se conocía que su exsocia presentará su renuncia al cargo en las próximas horas y asumirá como embajadora argentina ante la Unesco.