23|9|2021

"Sin una inyección de dinero, Chile puede enfrentar una revuelta"

31 de marzo de 2021

31 de marzo de 2021

El presidenciable chileno analiza el clima social y las elecciones ante la segunda ola de covid. Nueva Constitución, lazo con Fernández y futuro regional.

A dos años del estallido social, Chile vive un momento bisagra ante las elecciones de constituyentes para redactar una nueva Carta Magna y las presidenciales del próximo 21 de noviembre. Completan el cuadro la nueva ola de covid-19 que obliga a postergar el calendario electoral y un empeoramiento de las condiciones de vida que amenaza con revivir las protestas. En una videollamada con Letra P, el excandidato a presidente y líder del Partido Progresista (PRO), Marco Enríquez-Ominami, aseguró que tiene “un mal pronóstico” sobre el futuro y advirtió: “Si no hay una inyección de dinero a los bolsillos pronto podemos enfrentar una nueva revuelta”.

 

Político y cineasta de 47 años, que de niño vivió exiliado en Francia por la dictadura de Augusto Pinochet. Enríquez-Ominami fue diputado y candidato a presidente en 2009, 2013 y 2017. En 2010 fundó el Partido Progresista (PRO) y en 2019, el Grupo de Puebla.

 

El armador progresista no descartó volver a competir porque se calificó como “un animal político” y aseguró que Alberto Fernández es “el interlocutor más sólido y preparado que tiene América Latina con las grandes potencias”. En este sentido, pidió unidad regional porque el actual “es el peor momento de América Latina en 40 años”.

 

–¿Está de acuerdo con la postergación de las elecciones constituyentes que estaban previstas para el 11 de abril?

 

–Es una medida sensata, correcta y racional, pero mal planteada porque generó más incertidumbre ya que la nueva fecha (15 de mayo) es muy cercana. Ya postergamos la elección del plebiscito seis meses la vez pasada y teníamos 2.000 casos diarios. Hoy tenemos 7.000 y las postergamos cuatro semanas. La solución es ir más lejos. Aunque (Sebastián Piñera) tomó una buena decisión, se quedó a medias.

 

–¿Cómo califica el manejo de Piñera de la pandemia?

 

–Lo hizo mal. Durante meses fuimos top five mundial en muertes por millón de habitantes. Apostó por la inmunidad de rebaño y fue un desastre, contaron mal los muertos y tuvieron que confesar que los escondieron. Lo que sí resolvió bien fue la vacunación. Es un buen gobierno el que logra traer millones de vacunas.

 

–¿Qué importancia tiene la Asamblea Constituyente?

 

–A diferencia de Argentina, no tenemos federalismo ni vicepresidente y tenemos un bicameralismo absurdo porque los diputados y los senadores tienen el mismo origen territorial. Ese es el capítulo del poder que está mal planteado. Tenemos solamente una visión representativa y liberal de la democracia y no participativa. Es la primera vez que vamos a tener una Asamblea donde vamos a poder revisar nuestras instituciones.

 

–¿El Estado entre ellas?

 

Es la oportunidad de romper con 40 años de esclavitud del Estado al servicio del mercado. La constitución habla del Estado subsidiario, que solo puede entrar si el mercado no quiere o no puede. No garantiza que Chile sea un país feliz a la salida de la Constituyente, pero se crean las condiciones para que un próximo gobierno, en un sistema más progresista, sí lo haga.

 

–¿La postergación electoral y las consecuencias de la pandemia pueden revivir el conflicto?

 

–Si no hay una inyección de dinero a los bolsillos pronto, podemos enfrentar una nueva revuelta. Chile es un país infinitamente más pobre que en 2019 y ahora es todo peor. Tengo un mal pronóstico. Si eso no se resuelve con protección social, nos vamos a enfrentar a una revuelta social en dos meses.

 

–¿Qué está en juego en las presidenciales?

 

–En la oposición estamos muy divididos, aunque somos más y tenemos más razones que ellos. La derecha es más inteligente y va unida. Será un enigma si nosotros, las fuerzas tranquilas de cambio, somos suficientes para ofrecer un gobierno de paz social, reencuentro y prosperidad.

 

–¿Volverá a competir?

 

–Me lo piden todos los días. No me siento llamado a responder hasta después de la Constituyente. Ahora no tengo ninguna vocación de volver a hacerlo. Estoy más cerca de ser un soldado de la unidad de la oposición, pero a un animal político nunca hay que aceptarle sus respuestas porque pueden salir con cualquier cosa, y yo soy un animal político.

 


 

–¿Cómo observa a Alberto Fernández en el gobierno de Argentina?

 

–Es el interlocutor más sólido y preparado que tienen América Latina y el Caribe con las grandes potencias. Ha entendido que se requiere integración y no aislamiento. Ha logrado recomponer un diálogo con Bolivia, ha ayudado a la unidad opositora en varios países, ha construido un eje con México, ha significado para Alemania y Francia un interlocutor en la crisis venezolana y para (Donald) Trump y (Joseph) Biden, que en la región hay un interlocutor. Teníamos unos bárbaros a cargo de la diplomacia: Jair Bolsonaro, Iván Duque, Mario Abdo Benítez, Lenín Moreno, Piñera y Mauricio Macri. Estaba difícil. Representa lo mejor de una fuerza tranquila de cambio porque es un dialogante. 

 

–¿Y a la región?

 

–Estamos en manos de gobiernos de derecha, pero ganamos en Argentina, México y Bolivia, y en Chile y en Ecuador es inminente. Queda pendiente que tengamos gobiernos integracionistas. La derecha destruyó Unasur y creó Prosur, que es un fracaso con respecto a sus metas: sanitaria y económica. Nunca ha estado peor el continente en salud y en economía. Necesitamos más política y menos ideología. Eso era Unasur. Piñera, Macri, Abdo, Duque, Moreno y Bolsonaro están muy mal. Es fundamental reponer el diálogo, pero no hay un interlocutor de derecha que entienda la necesidad de construir más allá de los gobiernos de turno.

 

–¿Cómo tomó la pelea entre Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou en la última cumbre del Mercosur?

 

–Fernández expresó algo del todo lúcido: si una familia decide reunirse y alguien empieza a instalar la idea de que sobra, no es el lenguaje apropiado. No es momento de divisionismo, es momento de mucha sinceridad y unidad. Argentina es un país que está en problemas, como Chile y el continente. Es el peor momento de América Latina y el Caribe en 40 años, nunca habíamos estado tan mal en materia económica. La integración es una urgencia. Fernández expresó con fuerza un reclamo: es el momento de caminar juntos y no de recriminarse.