12|4|2021

Correa prueba su segundo muleto con expectativa peronista

07 de febrero de 2021

07 de febrero de 2021

Ecuador elige presidente. El correísmo intenta volver al poder tras la traición de Lenín Moreno. La Casa Rosada, a la espera de un nuevo aliado.

Este domingo se inicia el calendario electoral regional con los comicios presidenciales de Ecuador. Casi 13 millones de personas estarán habilitadas para elegir al binomio presidencial, las 137 bancas de la Asamblea Nacional y los cinco curules del Parlamento Andino. Con un récord histórico de 16 postulantes -solo una mujer-, un contexto marcado por la crisis social, económica y sanitaria y denuncias de irregularidades por parte de algunos sectores opositores, el país andino se acerca a una jornada trascendental de final incierto.

 

A pesar de todos los nombres, son tres los candidatos capaces de ganar o pasar a una segunda vuelta, el 11 de abril, si ninguna fórmula supera el 50% o el 40% con una diferencia mayor a los diez puntos. Quien encabeza las encuestas es el delfín político del expresidente Rafael Correa, Andrés Arauz, por la alianza Unión por la Esperanza (UNES); el segundo es el banquero y representante de la derecha tradicional Guillermo Lasso y el último es el líder indígena y gobernador de Azuay Yaku (agua en quechua) Pérez. A pesar de que los sondeos pronostican un ballotage entre Arauz y Lasso, los números previos carecen de una fuerte fidelidad porque existe una importante cuota del electorado que todavía no decidió por quién votar. Según un estudio de Market, alcanza al 30,9% del total y según Cedatos, trepa hasta el 47,9%. Es decir, el domingo puede haber sorpresas.  

 

La particularidad nacional hará que el progresismo correísta, comandado desde el exilio en Bélgica por el propio Correa, intente volver al Palacio de Carondelet a pesar de haber ganado las elecciones de 2017 de la mano del actual mandatario, Lenín Moreno. Para derrotar al gobierno que traicionó el legado de la autodenominada Revolución Ciudadana, presenta la fórmula compuesta por el joven economista Arauz y el ingeniero Carlos Rabascall; una dupla que busca refrescar sus diez años de gobierno al no haber sido dirigentes de la primera línea, que permite rememorar sus tiempos de bonanza y crecimiento económico mientras promete atender las deficiencias y resolver los problemas del pasado. Luego de ser imposibilitado de ser candidato a vicepresidente -intentó emular a Cristina Kirchner- por una condena de corrupción, Correa apuesta por una segunda ola para llegar a la orilla del gobierno.

 

La particularidad también hará que en este punto el escenario sea similar al de 2017. Nuevamente el máximo retador será Lasso, un banquero conservador derrotado por Correa en 2013 y por el propio Moreno que aspira a que la tercera sea su vencida en base a un plan de gobierno repetido de corte neoliberal con achicamiento del Estado y promoción de las inversiones extranjeras en contra del “castrochavismo”. Por su parte, Pérez, quien basó su campaña en la defensa de los recursos naturales y la Pachamama con una importante participación de la juventud, aparece en tercer lugar. El correísmo aspira a ganar en primera vuelta y evitar un ballotage que permitiera la unidad de su oposición, hoy fragmentada. Todavía resuena el llamado de Pérez a votar por Lasso hace cuatro años, ya que “es preferible un banquero a un dictador”, dijo.

 

 

En diálogo con Letra P, el profesor del departamento de estudios políticos de Flacso-Ecuador, Franklin Ramírez, aseguró que este domingo estará en juego “la continuidad o el fin de la coalición del neoliberalismo autoritario que ha gobernado estos cuatro años”. Aunque aclaró que el alto número de indecisos “suele ser recurrente”, en estas elecciones expresa “una apatía, una distancia, una antipolítica y una rabia con el correísmo y la desconfianza que ha generado esta constelación gobernante”. “Lo relevante será saber si se expresa a través del ausentismo o del voto nulo”, agregó.

 

Las principales candidaturas expresan sectores claramente distintos. Arauz hizo campaña en base al legado de Correa, aunque la justicia prohibió que el exmandatario apareciera en los spots por su condena judicial, con la promesa de recuperar el rol del Estado y acabar con un gobierno que traicionó el voto popular y firmó un acuerdo por 6.500 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

Por su parte, Lasso llega por primera vez con los sectores de la derecha nacional alineados alrededor de su figura luego de una alianza entre el Partido Social Cristiano y su sigla, Creo.

 

Por último, Pérez levanta las banderas indigenistas y comunitarias que han sido pisoteadas, asegura, por los otros candidatos. Es una polarización política a tres voces, otra particularidad nacional. De todas maneras, las diferencias quedan de lado en cuanto a la dolarización de la economía nacional que el país vive desde principios de siglo. Los tres hombres coinciden en la necesidad de mantenerla y fortalecerla ante la crisis generada por la pandemia de covid-19.

 

 

“Una derrota del proyecto neoliberal, en el marco de la victoria de Luis Arce en Bolivia, equilibraría la correlación de fuerzas en los países andinos y volvería a ampliar la constelación geopolítica neodesarrollista”, afirmó Ramírez. Por esto, Alberto Fernández estará atento a la jornada. Con Arauz integra el Grupo de Puebla, ya mantuvo una serie de encuentros personales y le prometió ayuda para que su país acceda a la vacuna contra el covid-19. Además, en una reciente carta le envío un "cálido saludo" y sus "mejores deseos". Una vuelta del progresismo al gobierno ecuatoriano revitalizaría el modelo a nivel regional e impactaría en la balanza continental a la espera de las elecciones en Perú, fijadas para el 11 de abril, y en Chile, establecidas para el 21 de noviembre.

 

Este domingo, Ecuador dará el primer paso de un proceso incierto. No se sabe quién ganará, pero se sabe que no será el final del recorrido sino, por el contrario, el inicio de un trayecto que deberá sortear las profundas crisis económica, social, sanitaria y política que sufre el país. El primer paso de una ruta larga y tortuosa.