26|2|2021

Florencio Aldrey Iglesias, el inmunizado Sr. Mar del Plata

20 de febrero de 2021

20 de febrero de 2021

Pope de un pulpo empresarial con matriz en el multimedio La Capital, marca el pulso del poder marplatense. ADN y polémicas del labrador que cultivó un imperio.

Labrador. Con esa profesión se registró Florencio Aldrey Iglesias el 22 de noviembre de 1949 al arribar a la Argentina en el barco Corrientes, que había zarpado semanas antes del puerto de Vigo, España. Pero las ásperas tareas del peón rural no serían precisamente las que signaran el futuro de ese coruñés de 16 años, que sí encontró en estas latitudes tierra fértil para cultivar un imperio y marcar el pulso del poder político y económico en la principal ciudad balnearia del país, Mar del Plata. Con esas cucardas, su nombre y el de miembros de su linaje figuran en la nómina de personalidades que recibieron de forma irregular la inmunización contra el covid 19, caso que derivó en la salida de Ginés González García del Ministerio de Salud.

 

Pope de un pulpo empresarial de tentáculos variopintos, “El Gallego” -como lo definen sin más quienes identifican su omnipresencia en los engranajes del poder marplatense- radicó el núcleo de su creciente influencia sobre estas arenas en el diario tradicional de la ciudad, La Capital, en el cual asumió como director propietario en enero de 1983. De movida, ese mismo año, previo a la salida de la dictadura del poder, mudó la redacción hacia una moderna planta editora emplazada sobre las calles Champagnat y Alberti, una manzana ocupada exclusivamente por las distintas secciones del diario.

 

En poco tiempo, el diario expandió su radio de influencia a todo el sudeste bonaerense. Ya hacia finales de los 80, no había figura política de esta zona que no supiera la visibilidad que significaba estar en esas páginas. El Gallego también lo sabía.

 

Con la conciencia del “puesto mayor” que ya en 2005 ostentaba como cabeza del principal multimedio de la región, Aldrey Iglesias marcó su mensaje hacia el campo político, social y económico de la ciudad balnearia en ocasión de cumplirse el centenario del diario: “Pasarán los hombres, pero La Capital seguirá siendo una parte importante de Mar del Plata”.

 

En los pasillos de la política marplatense se repite como un mantra que para acceder o para mantenerse en el sillón del palacio municipal de calle Yrigoyen es necesario caer en gracia (o, al menos, no en desgracia) a quien en esa ciudad también es dueño del Hotel Hermitage -entre otros-, concesionario de céntricos sectores costeros, propietario de las principales radios, del matutino porteño La Prensa y cabeza del paseo comercial que –modestia aparte– bautizó con su apellido.

 

En ese sentido, hay quienes recuerdan que, desde el regreso de la democracia, solo dos intendentes de General Pueyrredón no fueron reelectos a pesar de jugar electoralmente para serlo: el menemista Mario Russak (Ucedé) y Carlos Fernando Arroyo (Agrupación Atlántica). El primero (que fue comisionado del distrito durante la dictadura) fue jefe comunal entre 1991 y 1995.

 

Voces con trayectoria en el ámbito político marplatense recordaron a Letra P que la enemistad de Russak con Aldrey fue un aspecto central del acelerado desgaste de su figura. De esta manera, el duhaldismo (ya por entonces construyendo una interna silenciosa al menemismo) levantó como candidato oficialista a Eduardo Julio Pettigiani, posterior juez de la Suprema Corte bonaerense. Russak jugó con sello vecinal, pero solo obtuvo 7 puntos, los suficientes para impedir que Pettigiani fuera su sucesor y se erigiese intendente el radical Elio Aprile.

 

El caso de Arroyo es historia reciente y está más fresca en el recuerdo. Su intentona reelectoral cayó en un saco más roto que el de Russak: fuera de Juntos por el Cambio y con su boleta vecinal cosechó el 3,8%. Su pelea con El Gallego fue más deliberada que la que tuvo el menemista.

 

Cerca de Arroyo deslizaron que los “palos en la rueda” provenientes desde el multimedio local empezaron en la campaña, cuando –consideran– ya jugaba para el pultismo en el ámbito local y para Scioli en el nacional. Habiendo sorteado ese escollo y alcanzado la intendencia en 2015 con la lista ganadora de Cambiemos, Arroyo fue al hueso contra el magnate local: le anuló la exención de tasas para el histórico Hotel Provincial y le clausuró cuatro locales en la rambla.

 

Además, le dio de baja un oneroso alquiler de un inmueble que el empresario tenía en la Ciudad de Buenos Aires -allí funcionaba la Casa de Mar del Plata- y también le generó problemas con las máquinas tragamonedas que funcionaban en su hotel. Dirigentes de diversas extracciones no dudaron en indicar que se trató de una “guerra sin cuartel” que La Capital retrucaba con una línea editorial sin concesiones para el por entonces jefe comunal.

 

Quienes recuerdan la contracara de los casos de Russak y Arroyo, mencionan a Gustavo Pulti. Grafican la sintonía entre el fundador de Acción Marplatense (AM) y el El Gallego con una anécdota. En junio de 2014, durante una de las por entonces tradicionales teleconferencias protagonizadas por Cristina Fernández de Kirchner, se hizo contacto con Mar del Plata para que los miembros de la flamante cooperativa Nuevo Amanecer contaran su experiencia autogestiva luego de administraciones privadas que dejaron a la firma láctea marplatense al borde del abismo.

 

Allí, la Presidenta pidió hablar con el entonces intendente Pulti y le preguntó: “Gustavo, recuerdo que allá por 2003, cuando íbamos a Mar del Plata, ¿esta empresa no pertenecía a Florencio Aldrey Iglesias?”. Cuando CFK mencionó ese nombre, una silbatina insoslayable se filtró en la transmisión. Eran los trabajadores que, lejos de recordar con gracia el paso de El Gallego como dueño de esa empresa, lo asociaban a la palabra vaciamiento. “Cuando la compró Florencio Aldrey funcionó. Mientras estuvo en manos locales funcionó muy bien”, buscó remendar un incómodo Pulti para disparar una nueva silbatina al mencionar el nombre del magnate.

 

No solo en Nuevo Amanecer no tienen un buen recuerdo de Aldrey como patrón. En El Atlántico hay quienes subrayan la adquisición de ese diario por parte de empresarios cercanos al magnate coruñés con fines de “vaciar” y neutralizar a la vieja competencia de La Capital. Aunque en el matutino ícono tampoco las cosas son sencillas para sus trabajadores. En abril de 2020, al inicio de la pandemia, Letra P visibilizó el intento de fuerte recorte salarial del 50% a 231 trabajadores del Multimedios La Capital, algo que cosechó el rechazo de la CGT local.

 

Con el poder bonaerense, la mayor sintonía de El Gallego fue con su amigo Daniel Scioli, relación que el entonces gobernador ponderaba y ubicaba desde los tiempos previos a la política. A finales de octubre de 2015, Scioli asistió a la inauguración del Paseo Aldrey sobre un céntrico predio de dos manzanas que ocupaba la antigua Terminal de Ómnibus.

 

Vidal también estrechó lazos en veranos donde tuvo a Mar del Plata como base y su sintonía con El Gallego también fue una puerta que se abrió para el hoy intendente vidalista Guillermo Montenegro. Otros –conocedores de la rosca marplatense– hablan de cómo una botella de champagne nacional o importada podía indicar hacia dónde se emplazaban las simpatías del magnate en encuentros con diversas figuras del ambiente político y empresarial.

 

Sea como fuere, ese coruñés que arribó al país con 16 años y solo con un boleto de la Compañía Argentina de Navegación Dodero en mano, 72 años después volvió a ser registrado, pero esta vez en un listado de vacunación irregular al que solo accedió con el boleto del poder.