14|1|2022

El progresismo gana en Honduras y vuelve al poder tras el golpe de 2009

29 de noviembre de 2021

29 de noviembre de 2021

Con el 53,6%, Xiomara Castro de Zelaya derrotaba al oficialismo. La lucha contra la corrupción, el aborto y el "poder popular", de regreso después de 12 años.

Con el 51,45% de los votos escrutados, la candidata progresista del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), Xiomara Castro de Zelaya, ganaba las elecciones presidenciales de Honduras con el 53,61% y derrotaba al candidato oficialista, Nasry Asfura, quien llegaba al 33,87%. De esta manera, luego del golpe de estado de 2009 contra el esposo de la postulante, Manuel Zelaya, el progresismo volverá al poder con un discurso contra la corrupción y los lazos con el narcotráfico que azotan al país, diversificar sus relaciones internacionales y ampliar los derechos de los sectores más postergados, las mujeres y las diversidades sexuales.

 

De todas maneras, el antecedente del fraude de los comicios de 2017, las declaraciones del gobierno del Partido Nacional y la importancia de estas elecciones para el futuro obligan a esperar el conteo final. Hace cuatro años el actual mandatario, Juan Orlando Hernández (JOH), ganó una polémica reelección luego de una misteriosa caída del recuento de votos y este domingo distintos líderes oficialistas se adjudicaron la victoria. El diputado nacional Jorge Zelaya -sin relación con el exmandatario- aseguró: “Cuando las actas entren a la capital se va a demostrar que el Partido Nacional ha ganado una vez más”. Por esto, la alegría de la izquierda contiene cuotas de mesura.

 

A pesar de esto, la virtual primera mujer presidenta en la historia nacional consiguió una diferencia de casi 20 puntos con el segundo, por lo que una posible jugada oficialista para desoír -nuevamente- el voto popular se vuelve más difícil. “Vamos a construir una nueva era, una nueva historia”, aseguró Castro Zelaya en su primer discurso como ganadora. Su victoria implicaría un cambio rotundo en el modelo nacional y una vuelta al progresismo de su esposo, que durante su presidencia entre 2006 y 2009 participó con fuerzas de la ola progresista que recorrió la región.  “Fuera la guerra, el odio, los escuadrones de la muerte, la corrupción y el crimen organizado. No más pobreza y miseria en Honduras”, agregó.

 

Xiomara. La candidata del progresismo devuelve al zelayismo al poder en Honduras.

La llegada al poder de LIBRE podría generar importantes cambios para el país, especialmente a partir de la ruptura del modelo neoliberal extractivista impuesto a través de la violencia (tanto estatal como paraestatal) desde el golpe de Estado de 2009. Los gobiernos de Roberto Micheletti (2009-2010), Porfirio Lobo Sosa (2010-2014); y JOH (2014-actualidad) abandonaron el camino que comenzaba a realizar Zelaya bajo las antiguas banderas del Partido Liberal y encolumnaron a Tegucigalpa detrás de las directrices de Estados Unidos a partir de privatizaciones y la apertura indiscriminada del país a empresas trasnacionales que recibieron el visto bueno para avanzar sobre el ecosistema y las resistencias sociales, como evidenció el asesinato de la dirigente indígena y feminista Berta Cáceres en 2016.

 

Si bien este domingo Castro Zelaya anunció que llamará al “diálogo con todos los sectores” para “formar un gobierno de reconciliación, de paz y de justicia”, su programa encontrará fuertes resistencias porque plantea convocar a una Asamblea Nacional Constituyente y sentar las bases de un “socialismo democrático”. “Vamos a entregar alma, vida y corazón para poder garantizar una patria diferente, justa, equitativa, una Honduras libre, independiente”, dijo en su discurso. Si las recientes presidencias del Partido Nacional desoyeron a importantes sectores de la sociedad, LIBRE llega con un discurso antagónico que promete profundizar la “democracia participativa” y el “poder popular”. Ante la oposición conservadora y de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, tendrá poco margen para fallar en su relación con las bases porque serán ellas su puntal más importante para lograr avanzar con su agenda.

 

 

Uno de sus puntos más importantes y, a la vez, de los más resistido es su agenda de género. Según su equipo de campaña, en Honduras se realizan 20 mil denuncias por violencia doméstica por año, cada tres horas se registra una agresión sexual y cada 21 horas se comete un femicidio. Además, en proporción con su población, tiene la tasa de homicidios de personas LGBTQI más alta del mundo.

 

El programa feminista de Xiomara Castro propone brindar una perspectiva de género al sistema educativo y garantizar derechos para que las mujeres dejen de ser "ciudadanas de segunda”. Además, propone legalizar el aborto (hoy, completamente prohibido) en tres causales: cuando la vida de la madre corra riesgo, en caso de violación y cuando se registren “malformaciones fetales que impidan una vida digna”.  En los sectores conservadores, esta agenda genera el mismo rechazo que su plan económico y social.

 

En materia de política exterior, su presidencia también promete generar cambios. A pesar de los comprobados lazos de JOH con el narcotráfico (su hermano Juan Antonio está preso en Estados Unidos por este delito) y del carácter autoritario de su gobierno, Washington no lo abandonó porque tiene un motivo para mantener ese vínculo: China. Honduras no mantiene relaciones formales con Beijing porque reconoce a Taiwán como un país independiente. La primera propuesta de Castro de Zelaya en esta materia es revertir esta relación, por lo cual se podría generar un avance del gigante asiático cerca de la frontera sur de Estados Unidos y en su histórico “patio trasero”. Además, se espera que su administración se encolumne no solo con los gobiernos progresistas de la región, como los de Argentina y Perú, sino con Venezuela. Su presidente, Nicolás Maduro, fue uno de los primeros mandatarios del mundo en felicitarla. Por lo tanto, también será un gobierno que generará resistencias en la potencia del norte.

 

Luego de 12 años, la izquierda hondureña volverá al poder y lo hará, a diferencia de sus detractores, a través de los votos. La actualidad nacional es apremiante y las crisis exigen atención urgente. Las lecciones del pasado deberán servir, para los distintos sectores políticos, para no cometer los mismos errores y no profundizar un contexto ya de por sí complejo.