13|11|2021

Bolsonaro, el viudo amigable

25 de enero de 2021

25 de enero de 2021

Mientras hace el duelo por la salida de Trump, el presidente vecino gira al pragmatismo en relaciones internacionales. El factor Viana Rocha y la Argentina.

La reciente vista al país de Flávio Augusto Viana Rocha, secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de Brasil, parece la consumación del giro político de Jair Bolsonaro hacia posturas más pragmáticas en política exterior, proceso en el que la Argentina encuentra un espacio que supo tener y que había quedado desdibujado debido al fuerte sesgo ideológico de derecha que primó en la primera mitad de su gestión.

 

El viaje, durante el cual Viana Rocha se reunió con el presidente, Alberto Fernández; con su par argentino, Gustavo Beliz; con los ministros de Economía, Martín Guzmán, de Defensa, Agustín Rossi, y Relaciones Exteriores, Felipe Solá, además del embajador en Brasilia, Daniel Scioli, dejó buenas sensaciones en los dos países.

 

En el vecino, la evaluación fue "excelente, sobre todo por la disposición del presidente Fernández a recibirlo, algo que fue obra de Scioli y de Beliz, y de prestigiarlo en su función. Ahora deben cesar las provocaciones y hostilidades de ambos lados", le dijo a Letra P una fuente brasileña que conoce muy de cerca los enjuagues del Palacio del Planalto.

 

Viana Rocha informará personalmente esta semana a Bolsonaro sobre esos contactos, en especial, sobre los avances que logró con Rossi para la compra por parte de Argentina del blindado anfibio VBTP-MR Guarani. 

 

El empoderamiento del funcionario fue gradual desde su nombramiento en la Secretaría de Asuntos Estratégicos en febrero del año pasado. Su llegada supuso la jerarquización del organismo, que por decreto se independizó de la Secretaría General de la Presidencia y pasó a depender directamente del jefe de Estado. De modo similar a su homóloga de la Argentina, la cartera, que adquirió rango ministerial, tiene como rol asesorar al presidente en materia de amenazas y oportunidades en política internacional.

 

El vicealmirante Viana Rocha es miembro del ala militar del bolsonarismo, la que, al revés de lo que cierto sentido común podría suponer, es el ancla más dialoguista del gobierno de Brasil. A diferencia de la mayoría de sus pares militares del gabinete, el hombre tiene la particularidad de haber saltado a la gestión pública desde el servicio activo, tras su rol como comandante del Distrito Naval Nº 1 con sede en Río de Janeiro.

 

Conoció a Bolsonaro e intimó con él a partir de 2002, cuando el primero era diputado y él fue nombrado por la Armada como asesor parlamentario.

 

Viana Rocha es considerado en Brasil un hombre preparado y discreto. Pragmático, logró incrementar su poder a lo largo del año que lleva en la gestión, al punto de eclipsar a los dos principales referentes de la primera política exterior de Bolsonaro, los ultraderechistas Filipe Martins –asesor presidencial, inicialmente muy influyente– y Ernesto Araújo –el canciller–. Tanto es así, que el primero ya revista directamente bajo su autoridad y se comenta que podría ser eyectado hacia un exilio dorado con forma de embajada cuando el presidente decida reformar su gabinete, algo que ocurriría después de la renovación de autoridades del Congreso del mes que viene. En lo que respecta al segundo, Viana Rocha ya piensa en personajes respetados interna y externamente para relevarlo.

 

Admiradores de Donald Trump y miembros activos del movimiento internacional de la ultraderecha opuesta al "globalismo", fenómeno que definen como el aprovechamiento de la globalización por parte del marxismo cultural (sic), Martins –más duro– y Araújo –quien, diplomático al fin, sabe cuándo debe bajar el perfil para sobrevivir– solo provocaron descrédito internacional para Brasil. Advertido de eso, Viana Rocha avanzó y Bolsonaro le hizo lugar.

 

Si ese proceso fue gradual, hoy se acelera tras la salida de Trump del poder en Estados Unidos, lo que deja huérfano al sector más ultra del bolsonarismo, que responde al gurú Olavo de Carvalho, desde donde partieron los mayores ataques políticos y hasta personales a Fernández.

 

"Rocha sabe de la importancia estratégica de la relación con la Argentina; esa es una idea que siempre defendió. Ahora, trata de reconstruir, junto a Scioli, un vínculo que Brasil no debe dejar de lado", explicó la fuente brasileña. "Él ya es el principal asesor del presidente", definió.

 

"El último viaje es parte del proceso que empezó con la cena que organizó Viana Rocha en noviembre del año pasado, a la que invitó al diputado Eduardo Bolsonaro –hijo del presidente– y a Scioli. El paso siguiente fue la charla que mantuvieron los presidentes. También ha sido obra suya la reunión de Scioli con Bolsonaro para arreglar el problema de la apertura de las importaciones de trigo desde otros países, algo que podía haber desencadenado una crisis, pero que acabó resolviéndose con la garantía de que Brasil comprará todo el grano argentino disponible", añadió.

 

La idea de sumar a Eduardo Bolsonaro es elocuente de la habilidad política del militar. Aquel es el miembro del clan presidencial más activo en la articulación con la ultraderecha internacional, desde la alt right protrumpista de Steve Bannon hasta la Carta de Madrid inspirada por el partido español Vox. Así, sentar a la mesa a quien ha sido el promotor y protector de Martins y Araújo es la garantía de aceptación del giro político en curso.

 

Con Trump fuera del poder y con un impeachment pendiente que podría despojarlo de sus derechos políticos, el gran farol internacional del olavismo se apagó. Sin embargo, Viana Rocha no se engaña y sabe que desde la propia familia del presidente siempre surgirán impulsos para volver a transitar esa senda, lo que no permite descartar pasos atrás en la reconstrucción del vínculo con Argentina. La tardanza en reconocer el triunfo de Joseph Biden responde a ese patrón de influencias cruzadas que de algún modo persiste.

 

Por eso, Viana Rocha busca tejer lazos con el equipo internacional del demócrata, conciente de que obtener los resultados que no entregó el alineamiento servil de Brasil con la anterior administración estadounidense es el modo de consolidar su estrategia y seguir ganando poder paso a paso.

 

La Argentina, mientras, mira y actúa.