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La vicegobernadora impuso su agenda feminista y la Cámara alta aprobó la paridad. Diputadas afinan el lápiz. Lobby de varones y tres artículos bajo la lupa.

Por 19/09/2020 10:45

Hace tres meses, con muchísima sorpresa, las mujeres santafesinas celebraban la aprobación del proyecto de Ley de Paridad por parte del Senado provincial. Durante años, había sido una norma resistida por la Cámara alta, que dos veces dejó caer los avances logrados en Diputados. Pero el 18 de junio pasado, sin mucha previa, fue votada a favor por unanimidad. Desde entonces, el proyecto está en una nebulosa que las diputadas intentan disipar: la especulación de radicales de cara a 2023, el intento de peronistas por ganar territorio y la preocupación de minorías.

 

 

El trabajo es a destajo para poder salvar algunos artículos centrales de la redacción que, por ejemplo, no prevé la paridad en la fórmula de conducción de la Casa Gris, gobernador (o gobernadora) y vice. El apuro es para aprobar la iniciativa en las pocas semanas que quedan de período ordinario y que las modificaciones estén preacordadas con los senadores para evitar un ping pong que tumbe otra vez el proyecto. La tarea no es fácil. La Ley de Paridad es un juego de suma cero para los varones: las mujeres van a ganar todas las bancas que ellos van a perder y eso implica, necesariamente, que también se van a desarmar las superestructuras del poder territorial y el manejo de recursos que tienen los caciques.
 

El Senado de la provincia de Santa Fe tiene 18 de las 19 bancas ocupadas por varones. El contraste es alto con la Cámara de Diputados, donde en 2019 por primera vez se alcanzó casi la paridad: el 46% de las bancas están ocupadas por mujeres.


Para lograrlo, desde la Cámara de Diputados, un cuerpo con mayoría Frente Progresista, saben que tienen que potenciar el compromiso con la agenda feminista, identificada con el color violeta que la vicegobernadora peronista Alejandra Rodenas le imprimió al Senado y que, en las últimas semanas, también se vio con el proyecto de Educación Sexual Integral que presentó el jefe de ese bloque, Armando Traferri.  A Rodenas el reconocimiento le llega de las mujeres de todo el arco político. La composición de la Cámara Alta cambió muy poco tras las últimas elecciones y es claro que en un año no se modifica la perspectiva de género de 18 varones. Lo que sí cambió fue la conducción. En este contexto, ella logró armar una win - win situation: además de saldar deudas históricas con la sociedad, le permite al gobernador Omar Perotti capitalizar las leyes que salen de ese cuerpo legislativo.

 

 

Ya en la cancha, y con la necesidad de mostrar una política más cercana a la gente, los senadores adelantaron casilleros y se guardaron la última carta: ser la cámara de origen les permite insistir con la redacción original del proyecto en caso de que Diputados, como cámara revisora, introduzca modificaciones. Con esa estrategia, fue que el mismo 18 de junio, dos asesores varones del senador Rubén Pirola actualizaron un proyecto anterior, que ya había perdido estado parlamentario, al que le agregaron algunas notas que habían sido enviadas por la Mesa de Paridad (un colectivo que ya nuclea a más de 60 mujeres de todo el espectro político de la provincia). Tan discreta fue esa redacción que horas antes de la aprobación en el Senado Rodenas recibió en su despacho a diputadas e integrantes de la Mesa, quienes se fueron del encuentro sin saber que el tema iba a estar en el recinto ese día.

 

 

Probablemente, lo que escondía ese sigilo eran los tres puntos del proyecto que hoy están cuestionados y que obligaron a las diputadas a sacar el bisturí y negociar con los senadores de sus partidos las suturas. De los artículos que se cuestionan, dos son puramente políticos y el otro sí se funda en cuestiones técnicas. Entre los primeros, está el inciso que deja afuera de la exigencia de paridad a la fórmula de gobernador (o gobernadora) y vice.

Ese párrafo, que pone un techo de cristal, sólo tiene una razón de ser: la aspiración de algún legislador a integrar una fórmula de dos varones. Aunque todavía falte mucho y no se sepa cómo va a coagular el Frente Progresista, sotto voce se dice que el senador de la UCR Felipe Michlig se está probando el traje de candidato a vicegobernador del socialista Miguel Lifschitz dentro de tres años, y que ese punto fue justamente un pedido de su bloque. Y como al Senado le gusta aprobar las leyes por unanimidad, sus pares se lo concedieron.

 

 

Otro punto en cuestión es el artículo que prevé la operatividad de la ley recién a partir de 2023. Los senadores están interesados en retrasar la aplicación de la ley para ganar tiempo. El año próximo, se disputan las elecciones intermedias que son fundamentales para lograr mayorías, máxime con un cambio de gobierno reciente. El peronismo conduce el gobierno provincial, pero en Santa Fe hay una mayoría de gobiernos locales frentistas y los senadores del PJ, encabezados por Traferri, quieren disputar esa representatividad territorial que tiene el progresismo.

El tercer punto que está en discusión es el artículo 5, porque modifica el sistema electoral: plantea una elección por duplas y elimina el sistema D’Hondt en los cuerpos colegiados. Si este cambio se aplicara, sería positivo para la participación de mujeres, pero se vería afectada la representación electoral de los partidos y coaliciones más pequeñas y en lugares donde los órganos colegiados son más reducidos podría dejar sin oposición o con una representación muy grande de las mayorías.

 

 

Las legisladoras apuran los tiempos de la discusión porque quieren que el proyecto salga a mediados de octubre, antes de que termine el periodo ordinario de sesiones. Saben que no va a ser por unanimidad porque el bloque Somos Vida avisó que no lo va a aprobar, pero esa posición no mueve el amperímetro. Lo que sí consideran clave es lograr que las modificaciones introducidas estén negociadas con los senadores y así tener la garantía de que habrá ley. Para eso, están trabajando a nivel de interbloque y con la colaboración activa de algunos varones aliados. Hasta ahora, el acuerdo parece estar más avanzado con los peronistas, mientras que los radicales parecen ser huesos más duros de roer.