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A diferencia de Macri, dio libertad de acción en la Legislatura. Sin embargo, avanza con un paquete de medidas para que el aborto no sea “la única” opción.

Por 04/08/2020 9:59

A pesar de la presión creciente de la Iglesia y de la mismísima primera dama, Bárbara Diez, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, promulgará la ley mediante la cual la Ciudad de Buenos Aires adhiere al protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) que dispuso el Ministerio de Salud de la Nación a fines de 2019.  Sin embargo, para bajar la tensión con los referentes de los credos, que también lo cruzaron por mantener los lugares de culto cerrados por la pandemia por coronavirus, presentó una agenda con foco en la mujer pero direccionado para que el aborto no sea la única opción.

Rodríguez Larreta recibió el proyecto en su oficina a fines de febrero, tiempo después de la presentación del protocolo ILE en la Legislatura por parte de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. La oficialización del texto no fue la típica presentación de un proyecto que se limita a entregarse en la Mesa de Entradas: hubo un acto que unió a diputados y diputadas de distintos bloques políticos, una marea verde a escala legislativa y una declaración de posturas. Esto último evidenció una división en el bloque oficialista Vamos Juntos y una mayoría verde. Con esa foto, el jefe de Gobierno habilitó la iniciativa y no bajó línea a su bancada para evitar cortocircuitos.

 

 

La iniciativa se aprobó con 50 votos positivos, siete negativos y tres abstenciones el 16 de junio. Una abrumadora mayoría que fortaleció la decisión del jefe de Gobierno de no vetar el texto. La foto de la sanción de la ley mezcló a opositores y oficialistas. Entre los aliados sobresalió el bloque de Martín Lousteau, que empuja esta agenda. En 2019, el senador aceptó la alianza con Rodríguez Larreta al establecer como condición que su compañera de fórmula para la Cámara alta sea alguien que se haya expresado abiertamente a favor de la legalización del aborto. Fruto de esa negociación, la exministra Guadalupe Tagliaferri, referente del larretismo y del sector verde dentro del PRO, integró el binomio de Juntos por el Cambio para el Senado.

El jefe de Gobierno tiene una buena relación con la Iglesia católica, particularmente. Pese a los tironeos, lo une años de convivencia con el cardenal Mario Poli y con el propio papa Francisco, a quien trata de visitar al menos una vez por año. En 2018, en plena discusión del aborto en el Congreso, Rodríguez Larreta encomendó su gestión y la Ciudad “al cuidado del Sagrado Corazón de Jesús”. Fue un mensaje de paz en el marco del acto del 9 de Julio de ese año y el estado de beligerancia que había entonces entre la gestión nacional de Mauricio Macri y la Iglesia.

 

 

Rodríguez Larreta no apoya la legalización del aborto y considera que hay vida desde el momento de la concepción. Ese pronunciamiento, que lo reafirmó mediante una publicación en sus redes sociales, lo lleva a reconocer la problemática y, si bien no es un militante del protocolo ILE, generar las condiciones para que el Estado porteño lo pueda garantizar.

Mezcla de pragmatismo y de una decisión de ensanchar la grieta entre verdes y celestes, Rodríguez Larreta pone en práctica un paquete de medidas para que el aborto no sea la única ni la última opción. En esa línea va el plan que comunicó el lunes por la noche y que consiste en mayor presencia estatal para abordar esta problemática. El paquete de medidas contempla un plan integral para la prevención de embarazos no deseados y cambios en la vetusta burocracia que ralentiza las adopciones, una agenda que será abordada y coordinada por el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, que conduce María Migliore, y el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que lidera Karina Leguizamón.

Rodríguez Larreta, aunque evita hablar públicamente del tema, realiza un desmarque en torno a esa postura de Macri. Al dejar libertad de acción en su bloque de legisladores y confirmar la promulgación de la ley, el jefe de Gobierno exhibe una diferencia con la experiencia de 2012. Ese año, a pedido de Macri, el PRO en bloque votó de manera negativa. El texto prosperó con el apoyo de los diputados del kirchnerismo, Proyecto Sur, la izquierda y la Coalición Cívica, pero el entonces jefe de Gobierno firmó el veto.