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Relaciones peligrosas: Macri, Cartes y una amistad de republicanismo dudoso

Denuncias profusas pero nunca probadas contra el paraguayo: lavado, contrabando, narcotráfico y golpe blando. ¿Relato hacia adentro, real politik hacia afuera?

Por 15/07/2020 17:28

La razón de la fugaz visita del lunes de Mauricio Macri a Horacio Cartes en Paraguay, que le hizo cambiar una breve charla cara a cara por un confinamiento sanitario de dos semanas a su regreso, sigue siendo un misterio que en el gobierno del actual presidente, Mario Abdo Benítez, adjudican a negocios privados. El off the record abunda. En ese caldo, el viaje sigue generando controversia en el país vecino y reflota el perfil controvertido de Cartes, asociado desde hace décadas a supuestas actividades oscuras, muchas veces judicializadas pero nunca definitivamente probadas: malversación de divisas y lavado de dinero, contrabando de cigarrillos y hasta narcotráfico, más allá de conspiraciones políticas que mantienen a Abdo a tiro de un golpe blando.

El viaje “obedeció a una invitación de mi amigo el (ex) presidente Cartés (sic) para repasar una agenda de futuro, de cómo hay que salir de este momento de preocupación que ha significado esta pandemia”, señaló Macri, pronunciando mal el apellido de alguien a quien, curiosamente, describe como cercano a sus afectos.

Mientras la política, los medios y las redes sociales ardían en Paraguay por su llegada en el avión privado de Cartes, lo que flexibilizó de manera molesta para muchos la cuarentena vigente y que la violó directamente a la hora de los abrazos y las fotos sin barbijo en un cómodo sofá, resultó interesante que esa declaración la haya formulado a GEN TV, el canal perteneciente, justamente, al expresidente de Paraguay.

 

 

En su operativo de reinstalación política, Macri ha enfatizado su conocido discurso republicano al acusar al gobierno de Alberto Fernández de haber avanzado sobre los demás poderes del Estado y sobre las libertades individuales en la crisis sanitaria. El problema es que el capítulo paraguayo del mismo lo encuentre asociado a un hombre que no aprueba precisamente en materia de virtudes republicanas.

 

 

Horacio Cartes, de 64 años, presidió Paraguay de 2013 a 2018. Es el hombre más rico de su país, con una fortuna estimada en 200 millones de dólares, y, como Macri, inició su carrera política en el fútbol, en su caso, como titular del club Libertad. Líder de Honor Colorado, el ala liberal de la Asociación Nacional Republicana (ANC, Partido Colorado), controla buena parte de de las bancadas del diputados y senadores, algo crucial para el juicio político que Abdo estuvo por sufrir en agosto del año pasado y que presiente de nuevo.

“Horacio Cartes controla a un grupo grande de diputados y senadores, entre quienes distribuye cada quincena unos 5.000 dólares”, le dijo a Letra P desde Asunción Efraín Alegre, presidente del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA)  y candidato derrotado en las elecciones de 2018 por Abdo por apenas tres puntos y medio.

Abdo y Cartes llegaron a esa contienda como enemigos íntimos. Las heridas seguían frescas después de que Abdo hubo vencido al heredero del entonces mandatario saliente, el exministro de Hacienda Santiago Peña, en las primarias de diciembre de 2017. Con el movimiento Colorado Añeteté (“auténtico”), Abdo, hijo del exsecretario privado de Alfredo Stroessner, logró el regreso al poder del sector tradicionalista del partido, enfrentado al liberal de Cartes.

 

 

Tras la tregua electoral, la rivalidad entre ambos resurgió el año pasado, cuando la bancada cartista de Diputados se sumó a la oposición liberal y de izquierda para impulsar un juicio político contra el flamante jefe de Estado por la firma secreta de un acuerdo con Brasil que imponía a Paraguay pagos extra valuados en 250 millones de dólares anuales por la energía que el país compraba a la represa binacional Itaipú. Donald Trump, Jair Bolsonaro y el propio Macri intervinieron y, literalmente, en una noche Cartes cambió de parecer.

Abdo Benítez quedó a salvo, pero sabe que su supervivencia depende de que mantenga la popularidad superior al 60% que le dio el haber manejado de modo temprano y eficaz la pandemia del nuevo coronavirus. Por lo demás, espera una nueva andanada en el Congreso.

En 2003, una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) de la Cámara de Diputados de Brasil consideró a Cartes responsable del “41,9% del mercado total de contrabando en Brasil y 7,9% del mercado total de cigarrillos” en ese país.

También la espera su vice, Hugo Velázquez. Según el artículo 234 de la Constitución, en caso de acefalía, el número dos del Ejecutivo debe completar el mandato. Pero, si también este es removido, debe convocarse a nuevas elecciones en caso de que su falta se produzca antes de que se cumplan los primeros tres años del mismo. Si eso pasa en los dos finales, “el Congreso, por mayoría absoluta de sus miembros, designará a quien debe desempeñar el cargo por el resto del período”. La fecha clave es el 15 de agosto de 2021.

Sea a través de los métodos que denuncia Alegre o no, Cartes controla entre propios y aliados una mayoría, por lo menos relativa, de cada una de las cámaras del Congreso. Esa es su fortaleza.

Sin embargo, ese juego tan poco republicano que no espanta a Macri pero que sí lo asombraría, si se dieran por enterados, a algunos de sus aliados de Juntos por el Cambio, no agota el perfil de Horacio Cartes. Desde hace décadas, su nombre aparece vinculado a denuncias, nunca probadas, de maniobras fraudulentas con divisas, contrabando de cigarrillos, narcotráfico y hasta de participación en una de las extensiones de operación brasileña Lava Jato contra la corrupción.

Cartes estuvo preso dos meses durante el régimen de Stroessner bajo cargos de haberse hecho de dólares oficiales a cotización preferencial sin haberlos destinado a la inversión declarada. Fue condenado, pero años después resultó absuelto por la Corte Suprema.

 

 

A través de su Tabacalera del Este SA (Tabesa), ha sido acusado reiteradamente de contrabando de cigarrillos a Brasil y a la Argentina. En abril, un camión con unos 50 mil atados de Eight, marca de Tabesa, fue capturado del lado brasileño de la frontera, en el estado de Paraná. Fue el último episodio de una saga de denuncias que se remonta a 2003, cuando una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) de la Cámara de Diputados de Brasil lo consideró responsable del “41,9% del mercado total de contrabando en Brasil y 7,9% del mercado total de cigarrillos” en ese país.

En marzo de 2000, efectivos de seguridad incautaron un avión brasileño que llevaba 343 kilos de marihuana y 20 kilos de cocaína que aterrizó en la estancia Nueva Esperanza, de Cartes.

Hubo también asuntos más densos. En marzo de 2000, efectivos de seguridad incautaron un avión brasileño que llevaba 343 kilos de marihuana y 20 kilos de cocaína que aterrizó en su estancia Nueva Esperanza, ubicada en Capitán Bado (Amambay).

Eso no quedó en nada, lo mismo que la investigación de la Drug Enforcement Administration (DEA) y de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) de Estados Unidos en el marco de la operación “Corazón de Piedra”. La misma, según quedó registrado en cables del Departamento de Estado norteamericano revelados por WikiLeaks, infiltró una organización de contrabando, narcotráfico y lavado de dinero enclavada en la Triple Frontera y que esos organismos adjudicaban a Cartes. Este era, decía el cable diplomático, “cabeza de una organización de lavado de dinero” en la zona.

Más recientemente, quedó enredado en la operación Lava Jato, cuando el juez de Río de Janeiro Marcelo Da Costa Bretas pidió su captura por sus vínculos con el cambista Darío Messer, acusado de lavado de dinero en el marco de esa megacausa y definido en una ocasión por Cartes como su “hermano del alma”. Sus abogados pidieron un habeas corpus que fue concedido por un magistrado del Superior Tribunal de Justicia (STJ), máxima instancia penal de Brasil, lo que le permite al exmandatario enfrentar el proceso en libertad.

¿Sabrá Macri de todos estos antecedentes? ¿Confiará, finalmente, en la inocencia de su amigo? ¿O simplemente los ignora, tanto como el modo correcto de pronunciar su apellido?