11|4|2021

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Rabina Silvina Chemen: “El aborto legal tiene que salir"

18 de junio de 2020

18 de junio de 2020

Quiere "que no mueran más chicas". Apoya "toda ley que amplíe derechos". Es "un caso extraño" en un ámbito "todavía" de varones. Empoderamiento y NiUnaMenos. 

A Silvina Chemen no le pesa ser una de las pocas rabinas argentinas y, aunque reconoce que el suyo puede ser un caso extraño en un rol habitado “todavía” mayormente por varones, vive con naturalidad acompañar a Daniel Goldman en el liderazgo de una comunidad judía progresista como Bet El.

 

Chemen se identifica con el movimiento #NiUnaMenos, sostiene que la ley de aborto legal tiene que salir y reclama que el tema no sea tomado como una puja entre dos equipos.

Aunque se excusa de hablar de la “grieta” en la comunidad por el atentado contra la AMIA y el memorándum con Irán, la religiosa admite que todavía permanece en su cuerpo el registro de la “desesperación” de aquel momento y también de la (desesperación) que vino después por “el silencio, la impunidad y la falta de justicia”.

 

Chemen dice no percibir que en Argentina haya “una cosa particularmente antisemita” y atribuye los gestos y frases antisemitas existentes a una historia de arrastre y de educaciones “poco revisadas, poco criticadas”.

 

La referente judía se identifica con el movimiento #NiUnaMenos, sostiene que la ley de aborto legal tiene que salir y reclama que el tema no sea tomado como una puja entre dos equipos, porque -advierte- se trata de situaciones extremas, de “desastres sociales”.

 

“No quiero que se mueran más chicas”, clama en declaraciones a Letra P y sienta postura: “Voy a apoyar todas las leyes que amplíen derechos”.

 

 

BIO. Casada con Héctor Shalom, director del Centro Ana Frank Argentina. Dos hijos. Se formó en el Seminario Rabínico Latinoamericano. Rabina de la comunidad Bet El. Licenciada en Comunicación y profesora superior de hebreo y Biblia. Reivindica derechos de la mujer y a la diversidad. Se define un ser humano empoderado. Ha participado de tedeum patrios en la catedral, donde hasta recitó el Salmo 23 en hebreo. Destaca el valor del diálogo interreligioso y manifiesta tenerle “mucho cariño” a Bergoglio, al que conoció “en estado puro” y hoy como papa admite citar en sus escritos.

 

-¿Es un orgullo o una carga ser considerada una de las pocas rabinas argentinas?

 

-Vivo la vocación con normalidad, no porque soy mujer. Entiendo que es un caso extraño porque es un rol habitado por varones, todavía, mayoritariamente. Mi compañero, Daniel Goldman, desde el minuto cero tuvo claro que no venía a aportar como mujer, sino como rabina de la comunidad. Tengo cosas para aportar por mi formación. Lo vivo con alegría, porque vivo en una sociedad donde la igualdad entre hombres y mujeres está intentando ser una realidad. Pero nunca lo hice por una reivindicación del género, sino por coherencia con mi vocación.

 

"Una chica rica se hace un aborto y no se muere porque no se infecta, nadie se entera. En cambio, una chica que no tiene para bancarse una clínica clandestina para abortar, aborta igual y se muere de septicemia. No quiero que se mueran más chicas."

-¿Fue víctima de discriminación por ser mujer, judía y religiosa?

 

-En la comunidad donde me muevo se vive la igualdad de hombres y mujeres en todo sentido, se la proclama y se trata de vivirla. Habrá otros lugares donde el rol de la mujer tiene otro espacio, otra concepción. En la sociedad también me muevo con personas que adhieren a la igualdad de género, a la absoluta accesibilidad de derechos para todos, sea cual sea la denominación, la categoría o la autopercepción, como quieras llamarlo. Por eso, que sea mujer, varón o transgénero es lo mismo. El asunto es que sea respetuosa con el rol que la sociedad y mi comunidad convalidan.

 

-En la tradición judía, el tema del aborto tiene interpretaciones diversas. ¿En qué vereda está?

 

-Ni los judíos ni ninguna tradición van a decir que el aborto es una maravilla o que es un método anticonceptivo. No hay que ponerlo como si fuera un partido de dos contrincantes, para ver quién gana. Estamos hablando de sufrimiento humano, de dolor, de fracaso, de situación extrema. No de una concepción dentro de una familia que, amorosamente, quiere alojar a un niño o una niña. Hablamos de situaciones complicadas. La tradición judía tiene leyes que son abarcadoras. Por eso, salvar una vida es una ley suprema. Pero también surgen interpretaciones sobre qué es riesgo. Si te agarra una septicemia y te morís si no te sacan el feto, eso se entiende que es riesgo. Si una persona tiene nueve hijos y no tiene más plata para comer, ¿es riesgo tener un décimo hijo? Si la que quedó embarazada lo hizo contra su voluntad, ¿está en riesgo? Si la que quedó embarazada tiene una discapacidad y no lo hizo a conciencia o fue violada, ¿hay riesgo? No es que aprueba o no aprueba, toma cada caso y define cuál es la mejor situación.

 

 

Tedeum. Chemen, en la catedral de Buenos Aires.

 

 

-¿La ley de aborto legal tiene que salir?

 

-Por supuesto que tiene que salir. Más la ley de salud sexual y reproductiva, más anticonceptivos en hospitales públicos, más educación sexual en las escuelas, más chicas que no estén durmiendo en la calle, drogadas, de taco y acostándose con quien le presta un colchón, también fuera de su conciencia. Estamos hablando del aborto, de la interrupción de embarazos. No es un método anticonceptivo de una parejita inconsciente que se acostó y por una calentura quedó embarazada, estamos hablando de desastres sociales, de desigualdades sociales. ¿Qué leyes apoyo? Las que brinden más igualdad. Una chica rica se hace un aborto y no se muere porque no se infecta, nadie se entera. En cambio, una chica que no tiene para bancarse una clínica clandestina para abortar, aborta igual y se muere de septicemia. No quiero que se mueran más chicas. Todas las leyes que voy a apoyar son para ampliar derechos. Las leyes vienen a proteger los derechos de los más vulnerables, porque el otro la tiene más fácil. No puedo desde un escritorio, con una casa calentita, determinar que esto no está bien. Ahora bien, si es un tema de conciencia religiosa, cada uno en su religión verá qué hace, y está muy bien. Es lo mismo que con el matrimonio igualitario. No tenés la obligación de casar gente del mismo sexo, si no querés. Ahora, una persona que tiene una vida de pareja con otra del mismo sexo, ¿no tiene derecho a heredar cuando es viudo o viuda? Es una locura, que no tenga una pensión.

 

Todas las manifestaciones de adquisición de nuevos derechos se extremizan para hacerse visibles y son casi molestas para despertar a una sociedad que está dormida. Después, todo se equilibra.

-¿Se identifica con el movimiento #NiunaMenos?

 

-Los movimientos #Niunamenos van a generar todos los derechos de la mujer, de punibilidad del violador, del asesino, del abusador, del acosador, del perseguidor. Pero esto no va desvinculado de una educación patriarcal, machista, de que los varones siguen cobrando más que las mujeres. No va desligado. Los cambios tienen que ser de estructura. Por supuesto que la visibilidad de estos colectivos hacen que la sociedad discuta. Bueno, discutamos, pero a veces nos vamos al otro extremo, a la exacerbación. Cuando se discutía la ley de identidad de género, le pregunté a unas chicas travestis por qué en las marchas del orgullo salen tan pintarrajeadas. Me respondieron: "Si no lo hacemos así, no nos miran, no nos escuchan, no se dan cuenta de que estamos luchando por nuestros derechos". Tenían razón: todas las manifestaciones de adquisición de nuevos derechos se extremizan para hacerse visibles y son casi molestas para despertar a una sociedad que está dormida. Después, todo se equilibra.

 

-¿Se considera una mujer empoderada?

 

-Sí, me considero una mujer que tiene todos los derechos garantizados y, si hay alguno que no lo cumple, habrá que hacerse escuchar. Me considero un ser humano empoderado, no porque soy mujer. Todo el tiempo se tracciona a mi ser mujer, por lo que trato de salir de ahí, para verlo no como una conquista por el género sino como una defensa de lo humano. Por supuesto que hoy el género femenino está peleando, porque miles de chicas siguen siendo quemadas, violadas, matadas. El femicidio es aberrante y por lo menos ahora hay una ley, hay una figura legal.

 

 

 

-¿Cómo percibe el antisemitismo en Argentina?

 

-Hablar del antisemitismo en Argentina me excede. Habitamos un país con secretarías y direcciones de Culto tanto en la Ciudad como en la Nación que le dan a cada confesión religiosa, credo y cosmovisión un lugar de visibilidad, de respeto, de igualdad. Si hay un gesto o una frase antisemita, vienen de historia de arrastre, de educaciones poco revisadas y poco criticadas. No siento que haya una cosa particularmente antisemita, no lo percibo así. Tampoco desde los lugares de poder.

 

-¿Cómo vivió los atentados a la embajada de Israel y la AMIA?

 

-Con el mismo horror, con el mismo susto y la misma indefensión que cualquier persona. Estuve allí, llegué unos minutos después. Lo que más registro en mi cuerpo es la desesperación. También la desesperación a posteriori por el silencio, la impunidad y la falta de justicia. Me desespera como a cualquier ciudadano argentino que tiene la democracia como norte y la justicia como reaseguro de que estamos en el buen camino.