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La economista de CEPA considera que la Argentina tiene que resolver la negociación "cuanto antes" y advierte sobre los riesgos de caer "en territorio buitre".

Por 23/05/2020 11:45

Luego de extender la fecha hasta el 2 de junio para reestructurar la deuda, el Gobierno se prepara para presentar "en los próximos días" una nueva oferta a los acreedores privados. Así lo confirmó el ministro de Economía, Martín Guzmán, y remarcó que las negociaciones avanzan por "un sendero positivo". 

Sin embargo, el Grupo Ad Hoc Bondholder, que está formado por administradores de activos internacionales que poseen aproximadamente 16.700 millones de dólares en bonos internacionales de Argentina, emitió un duro comunicado reclamando "más acciones y menos palabras". "Durante el último mes, Argentina prácticamente no ha tenido un compromiso sustancial con sus acreedores", presionó.

Eva Sacco, economista integrante del Centro de Economía Política (CEPA), analizó con Letra P el avance de las negociaciones y advirtió sobre los riesgos de una cesación de pago. "El default puede generar el incremento del riesgo país y los bonos de nuestro país bajarían mucho su cotización", señaló.

 

 

-¿Qué posibilidades hay de que el Gobierno alcance un acuerdo con los bonistas?

-Hay muchas esperanzas de que el Gobierno alcance un acuerdo sustentable para el país y que la oferta sea atractiva para los inversores, evitando así la cesación de pagos. Siempre que no se corte el diálogo y no se inicien acciones legales, no es complejo extender el plazo de las negociaciones. 

-¿Cuán lejos están las partes de llegar a un acuerdo?

-Hay varios elementos a evaluar. En primer lugar, la oferta que se presentó es buena y generosa desde el punto de vista del acreedor. Por otro lado, si se propone no pagar por tres años con una quita promedio del 30%, entre capital e intereses, y los fondos especulan que pueden judicializar y cobrar en cinco  años el 100% en un horizonte de posible cambio político, los acreedores tienen muchos incentivos para abandonar la negociación. El quid de la cuestión es revisar este punto, pero sin afectar el perfil de vencimientos y que la deuda siga siendo sostenible. Desde el punto de vista político, Argentina es casi el primer país que necesita reestructurar su deuda. Esto le puede jugar tanto a favor como en contra, porque si los bonistas acceden a la oferta argentina puede sentar un mal precedente en el resto de los países. Entonces, hay una posibilidad de que se castigue a la Argentina para enviar un mensaje. Pero también el mundo está en los albores de una crisis económica sin precedentes y, en el contexto de la situación internacional por la pandemia del COVID-19, tiene una mejor posición por comparación con el resto. 

-¿Por qué es importante, en el contexto actual, evitar un default?

-La economía argentina se encuentra en una situación de vulnerabilidad, a lo que se suma la crisis mundial, de la cual aún desconocemos su profundidad. Esta es una de las principales razones para intentar evitar un default y no sumar aún mayor inestabilidad. Además, el default puede generar el incremento del riesgo país y los bonos de nuestro país bajarían mucho su cotización. Si Argentina cae en default, puede ingresar en territorio buitre, fondos que invierten en economías muy complicadas con la finalidad de obtener una ganancia a largo plazo judicializando con una muy pequeña inversión. Sin embargo, en una disyuntiva entre evitar un default a cualquier costo o atender las necesidades de los sectores más vulnerables y las pymes, es preferible atender la segunda cuestión. Las empresas exportadoras son las únicas que se verían afectadas por un eventual default en términos de acceso al crédito.

"La postura de Guzmán de defensa de los intereses nacionales debe ser sumamente valorada, pero los resultados económicos definirán si su gestión fue buena o mala."

-¿Cómo evalúa la estrategia de la negociación del ministro Martín Guzmán?

-Hay que evaluarla a la luz de los resultados finales. En principio, su postura de defensa de los intereses nacionales debe ser sumamente valorada, pero lo que definirá si su gestión fue buena o mala son los resultados económicos. Es importante resolver la situación de la negociación cuanto antes y que las fechas no se sigan extendiendo por demasiado tiempo. La economía real venía muy parada, antes de la crisis del COVID-19, y eso en parte estaba relacionado fuertemente a la incertidumbre por la renegociación de la deuda. Es importante, aun en el marco de incertidumbre actual, que no se extienda indefinidamente. 

-¿La postura Argentina va efectivamente en camino de hacer sustentable la deuda a futuro?

-Hay que entender que la deuda actual es una pequeña parte de la negociación. A eso hay que sumarle especialmente la deuda con organismos internacionales y otra deuda con legislación en dólares. También, un punto no menor es la deuda cuasifiscal del Banco Central, que genera grandes sumas de intereses pagados a los bancos y es difícil de desarmar aún más en este contexto. Con el colapso del comercio global, las condiciones cambiaron. El problema de la deuda y las renegociaciones nos seguirá por mucho tiempo, pero esto es un primer paso para obtener un poco de aire en el perfil de vencimientos en el mediano y corto plazo. Además, la negociación con los acreedores privados sienta un buen precedente para las futuras negociaciones si se resuelve favorablemente.