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La guerra de los pícaros

Mientras Fernández las reta por especular, las alimenticias presionan con aumentos y amenazan con no entregar productos esenciales sin subas. Kulfas y una disputa de riesgo en tierra de gigantes.

Por 07/03/2020 10:19

Hay una batalla subterránea con represalias, presiones y debates que es casi tan central para el gobierno de Alberto Fernández como la resolución de la deuda externa. Y se está librando con hechos concretos de ambos lados, mientras el Presidente expone el tema públicamente y sin eufemismos.

No es natural que un conflicto por alzas en los precios escale hasta el sillón del primer mandatario, pero los avatares de la contienda lo hicieron posible: los cinco renglones más sensibles de la canasta básica (harina, aceite, leche, carne y yerba) volvieron a presionar con subas de precios y, en paralelo, encendieron la alarma del desabastecimiento entregando producto en raciones. El Gobierno, en su rol de articular, tomó la decisión de recibir a los sectores en el Ministerio de Desarrollo Productivo, escuchar los pedidos y rechazar las subas.

 

Kulfas y Español, los funcionarios que pulsean con las alimenticias. 

 

El lunes, Molinos Río de la Plata comunicó a la Bolsa una pérdida de $1.000 millones en 2019, luego de tres años de negocios con números en rojo. Dos días después, envió a los supermercados de todo el país una lista con subas del 10% en 50 productos. Por ahora, mantiene los niveles de entrega, pero avisa que, si en el futuro no hay precios, no podrá abastecer. Días atrás, este portal contó un caso similar pero con el otro proveedor grande, Molino Cañuelas

El caso del azúcar, el que inició hace un mes el conflicto que llegó a oídos de Fernández, es uno de los más problemáticos. Las empresas Ledesma y Tabacal no fueron autorizadas a aumentar y aseguran que el valor de su producto está muy atrasado. Según los comerciantes, el sector no está entregando producto a precio sin aumento y los súper no están comprando.

Para el Gobierno, el tema es sensible porque el stock alcanza para unas dos semanas. Fernández los tiene en la mira desde que se negaron a ingresar a Precios Cuidados. Y, según relató un artículo del diario La Nación, el propio ministro Matías Kulfas le dijo que el Presidente se refería a ese sector cuando criticó a las alimenticias. Fue en una de las mesas que el funcionario compartió con Eduardo Nougues, el referente de Ledesma, en el marco del almuerzo del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (Cicyp).

 

 

En el caso de las lácteos, los líderes del sector, entre ellos La Serenísima, avisaron que quieren aumentar y que, por ahora, hay producto. “No sabemos hasta cuándo”, cuentan en las cámaras de supermercados nacionales, del interior y orientales. Ese sector es el que está nutriendo de información de precios al Gobierno en base a los listados nuevos que le llegan con subas y respecto a la evolución diaria de los precios, que se hace cada mañana a través del sistema Precios Claros.

Por ahora, el sector de los aceites, que también pidió subir, es el único que garantizó que habrá producto. De todas las industrias de alimentos, es la que mejor diálogo político tiene con el Gobierno.

 

Azúcar, el producto que hace un mes disparó el conflicto. 

 

Por el lado del Gobierno, la posición es compleja por varias razones. Kulfas está pulseando con rubros básicos que tienen sólo entre tres y cinco fabricantes por producto, lo que supone un nivel de presión en la negociación que no es igual. Algún extremo que fue llamado a la calma pidió en los últimos días, ante la virulencia del conflicto, que se aplique la Ley de Abastecimiento. Pero el Gobierno no parece querer esa línea para resolver conflictos. Sí mirará las cadenas de valor desde la semana que viene, con un anuncio inminente.

Un dato que preocupa al Gobierno es no entender por qué hay subas, cuando hay costos (tarifas, naftas y dólar) virtualmente congelados. Una fuente al tanto de las negociaciones contó a Letra P la sospecha difundida de que hay un intento de recomponer rentabilidad cuando el consumo empezó a despegar artificialmente con el empuje de las ventas récord por la tarjeta Alimentar.