10|4|2021

Fernández y Bolsonaro rompieron el hielo tras más de un año de tensión

30 de noviembre de 2020

30 de noviembre de 2020

Primer contacto (virtual). ¿Por qué ahora? La insistencia de Scioli y Solá, el atractivo de un Alberto descristinizado y la salida de Trump. Agenda pendiente.

Después de más de un año de desencuentros y declaraciones cruzadas que fueron más allá de lo político y llegaron a tomar tintes personales, los presidentes de Argentina y Brasil, Alberto Fernández y Jair Bolsonaro, por fin se vieron las caras este lunes. Dadas las restricciones impuestas por la pandemia, quedó de lado la idea de un viaje del argentino y la charla se producía a través de una videoconferencia que tuvo como excusa el 35 aniversario de la histórica reunión de Raúl Alfonsín y José Sarney en Foz do Iguaçu, pilar de la construcción del Mercosur y que dio pie a la declaración del Día de la Amistad Argentino-brasileña. Más allá de la efemérides, la necesidad de que los dos socios retomaran el vínculo con la seriedad que merece ya era perentoria.

 

“La videoconferencia fue muy buena. Los dos estuvieron muy cordiales y hubo armonía en los mensajes. Quedaron en trabajar a futuro y en superar los desencuentros. La presencia de Sarney le dio al encuentro un gran marco”, dijeron a Letra P testigos del encuentro.

 

 

José Sarney y Raúl Alfonsín en 1985, con las cataratas del Iguazú de fondo.

 

 

Frustrado un posible encuentro por la decisión del peronista de no viajar a Montevideo en marzo para la asunción del uruguayo Luis Lacalle Pou, Daniel Scioli, el embajador en Brasilia, y el canciller, Felipe Solá, trabajaron durante meses para que el encuentro se concretara, una tarea que se dificultó por la desconfianza ideológica entre ambos mandatarios, críticas mutuas a las respectivas políticas y, de parte del brasileño y sus hijos, incluso ataques de tipo personal y familiar.

 

El encuentro, finalmente, tuvo lugar a las 11.30 de este lunes. Fernández realizó la comunicación desde la quinta presidencial de Olivos.

 

“Se trató de una charla introductoria, general. Este fue el primer contacto. Más adelante se va a ir destrabando una serie de reuniones temáticas”, le dijo una fuente conocedora del contacto privado a Letra P.

 

Las gestiones de Scioli en pos del encuentro se remontan al inicio de sus tareas, pero ya el 30 de septiembre había dicho públicamente que apuntaba a concretarlo en el Día de la Amistad.

 

Una fuente cercana a la Presidencia brasileña le dijo a Letra P que “la reunión fue resultado de la insistencia de Solá y de Scioli y, para que se confirmara, fue necesario mantenerla en absoluto secreto”.

 

“Scioli participó el 18 de noviembre de una reunión con el secretario de Asuntos Estratégicos (SAE), almirante Flávio Viana Rocha; con uno de los hijos del presidente, el diputado Eduardo Bolsonaro; con el canciller Ernesto Araújo y con los embajadores de Chile y Paraguay. Allí se lograron avances”, añadió.

 

 

 

De acuerdo con la fuente, la reunión virtual “ayudará a preparar el terreno para el futuro cercano, ya que el año próximo Argentina y Brasil se alternarán en la presidencia pro tempore del Mercosur”.

 

En la Cancillería argentina señalan que, más allá de la frialdad que ha existido hasta ahora entre los jefes de Estado, la agenda bilateral es intensa -Letra P dio cuenta de esa dinámica de bajo perfil-. Aunque lejos de los montos involucrados en los viejos buenos tiempos, Brasil acaba de desplazar a China como principal socio comercial del país, mientras que la Argentina sigue siendo el principal mercado del vecino en Sudamérica. Destacan, asimismo, la continuidad de la cooperación en defensa, algo que no debe sorprender pues el ala militar del bolsonarismo nunca respaldó la política de hostilidad. También recuerdan que Brasil ayudó en la baja reciente del río Paraná abriendo Itaipú y, hacia adelante, señalan como temas a abordar el permanente reclamo brasileño contra las licencias no automáticas de importación de nuestro país y el reclamo argentino de que del otro lado de la frontera aumenten las compras de productos nacionales.

 

 

 

El comienzo de los dardos de Bolsonaro hacia Fernández se remonta a los días posteriores a las primarias abiertas de agosto del año pasado, cuando apoyó la reelección de Mauricio Macri y definió al Frente de Todos como “bandidos de izquierda”. Desde entonces, sumó comparaciones de la política económica nacional con la de Venezuela y hasta ataques de tipo personal y familiar, a los que se sumó Eduardo Bolsonaro. Fernández le respondió inicialmente con dureza –algo de lo que dijo haberse arrepentido por consideraciones de Estado– y, a comienzos de la pandemia, habló críticamente de la inacción del gobierno brasileño.

 

El círculo se cierra: en Brasilia dicen que el deshielo coincide con un momento en el que Bolsonaro advierte una toma de distancia de Fernández con respecto a Cristina Kirchner, el foco principal de su antipatía.

 

Por otro lado, aunque no se vincula con la decisión de, por fin, poner en marcha la relación entre los presidentes, el momento político de Bolsonaro no es ajeno al acercamiento.

 

La derrota de Donald Trump y la llegada de Joseph Biden a la Casa Blanca el próximo 20 de enero supone un desafío mayúsculo para su gobierno. Por un lado, porque pierde un aliado ideológico de valía; además, porque el demócrata llega con una agenda ambientalista agresiva, que podría incluir, según ha dicho él mismo, sanciones contra Brasil por la deforestación de la Amazonia. Bolsonaro, más solitario que nunca, se ha sumado a las denuncias de fraude del republicano, no reconoce aún el resultado de los comicios del 3 de noviembre y acusa al electo de “injerencista”, a la vez que ha llegado a amenazarlo con el uso de la fuerza militar. Así las cosas, necesita entonces reconstruir puentes rotos en la región.

 

 

 

Además, en lo interno viene de cosechar una sonora derrota en las elecciones municipales, cuya segunda vuelta se realizó el domingo último. Los candidatos que respaldó fueron invariablemente derrotados, pero lo que más le dolió fue el triunfo del liberal Eduardo Paes en el que fuera su bastión –Río de Janeiro– con casi dos tercios de los votos sobre su protegido, el hasta ahora alcalde y pastor evangélico Marcelo Crivella. El problema no fue solo el traspié: Paes logró una amplia coalición que abarcó a izquierda y derecha tradicionales, acaso un peligroso anticipo para la presidencial de octubre de 2022.